La realidad actual argentina y algunas consideraciones históricas
por: Hugo M. Zingerling
Cuadro de situación I
"La
sociedad nacional ya ha hecho demasiados esfuerzos como para que le sigan pidiendo
lo mismo. Hace cuatro años que padece una economía en recesión;
los salarios privados fueron ajustados antes de la devaluación y vueltos
a ajustar por la acción natural de ésta: la desocupación
se encamina hacia el 30 por ciento, y la caída del PBI está rondando
el 15 por ciento. El sector público que absorbió casi toda la
inversión financiera de los últimos años, resiste si embargo.
La Argentina es un enfermo que consumió todos los remedios mientras estaba
sano: el crédito privado interno y externo, la ayuda del Fondo Monetario,
el apoyo del poderoso grupo de los siete países más industrializados
y el esfuerzo de su propia sociedad, que triplicó la pobreza en apenas
un lustro. José María Aznar consoló a un Duhalde atribulado
con una frase que pinta la percepción extranjera de la Argentina: Tu
trabajo no es simple: te cayó encima la historia de un país."
Joaquín Morales Solá, " Cuando nada es tan malo ni tan bueno",
La Nación del
Domingo 24 de marzo de 2002, Sección Notas, col. 6, p. 23
Cuadro
de situación II
Diario
El País de Madrid - Martes, 18 de junio de 2002- Edición digital
http: //www.elpais.es
Repsol se
dispara en Bolsa al lograr carta blanca para exportar petróleo argentino
Duhalde también
permite a la petrolera disponer de los ingresos por las ventas externas
FERNANDO
GUALDONI | Madrid
Las
acciones de la petrolera Repsol YPF registraron ayer su mayor revalorización
diaria en dos años.
El valor bursátil de la compañía se incrementó un
11,9%, unos 1.563 millones de euros,
como consecuencia de los acuerdos cerrados entre el Gobierno argentino y las
petroleras que operan en aquel país. El Gobierno del presidente Eduardo
Duhalde decidió no limitar las exportaciones de crudo y permitir a las
empresas disponer del 70% de los ingresos por esas ventas. A cambio, las petroleras
se comprometieron a que no haya desabastecimiento y a mantener los precios.
(N. Del A.: Al respecto puede leerse el artículo La privatización
del petróleo. Azaroso destino de YPF, Le Monde Diplomatique Número
25, julio de 2001 Artículo de Alfredo Eric Calcagno y Eric Calcagno.
Véase: http://www.eldiplo.org/sumario.php3?numero=35&sumario=25)
El pacto
entre el Gobierno argentino y las petroleras, sellado durante el fin de semana,
supone un importante alivio para Repsol YPF. En primer lugar es un alivio porque,
como primera exportadora de crudo argentino, el Ejecutivo le ha dado carta blanca
para vender el crudo que quiera fuera del territorio argentino siempre y cuando
el mercado interior esté abastecido. En segundo, y más importante
para la compañía, es que el presidente Duhalde mantiene la disposición
que permite a las compañías disponer libremente del 70% de las
divisas obtenidas en las ventas externas.
Repsol YPF
carga con una deuda que está muy por encima de la que tienen las empresas
de su sector y, si no hubiera podido echar mano de esos ingresos, difícil
lo hubiese tenido para cumplir con los pagos de sus obligaciones. La petrolera
comenzó el año con una deuda de 16.670 millones de euros y la
crisis argentina la forzó a vender una parte de sus activos en Gas Natural
y en la filial de esta última, Enagas. Con esta operación, la
petrolera ha reducido su nivel de endeudamiento a 11.500 millones. La cifra,
no obstante, sigue siendo alta para los analistas.
Factor clave
Por ello,
fue el mantenimiento de la libre disponibilidad de divisas por exportaciones
de crudo argentino lo que impulsó a los inversores ayer a comprar acciones
de Repsol YPF. En la jornada, los títulos se revalorizaron un 11,9%,
hasta los 12,03 euros. Al cierre del viernes pasado, la compañía
valía en Bolsa 13.123,6 millones de euros y ayer terminó en 14.686,9
millones, es decir, que un solo día se revalorizó 1.563,3 millones.
A pesar del fuerte avance de ayer de los títulos de Repsol YPF, éstos
aún acumulan una pérdida del 26,56% en lo que va de año.
El
Ejecutivo de Duhalde tenía previsto limitar las exportaciones de crudo
al 36% del total de la producción nacional. En principio, esto no le
afectaba directamente a Repsol YPF, puesto que vende fuera del territorio un
27% de lo que se produce. No obstante, el límite máximo a las
exportaciones desestimula, según los expertos del sector, las inversiones
en la actividad de exploración y producción. Aun cuando ahora
la compañía no llegaba a ese límite, no le hubiese interesado
aumentar la producción sabiendo que no podía venderla fuera. Después
de todo, el negocio de la producción de crudo es el que impulsó
a Repsol a pagar 16.000 millones de euros por la petrolera argentina YPF en
1999.
(N. Del Autor: Como y con qué los españoles pagaron esta compra,
véase: http://www.pagina12.com.ar/2001/01-05/01-05-07/bue07.htm)
El Gobierno argentino, no obstante, no cedió al reclamo del sector petrolero a cambio de nada. Las compañías petroleras se comprometieron a garantizar el normal abastecimiento del gasóleo en Argentina. También a que los precios internos del gasóleo y de las gasolinas no superarán los precios que están en vigor en el Mercosur (área de libre comercio que integra a Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay). Para el transporte de cargas y pasajeros está vigente un convenio que asegura un precio diferencial para el sector.
En el acuerdo también se recoge el compromiso de las empresas a no aumentar las tarifas de gas natural para los usuarios y la promesa de que durante el próximo invierno los productores tampoco incrementarán el precio del gas licuado. Añadido a esto, las compañías se comprometen a mantener el suministro para el mercado interno. (N. del Autor: Al momento de encontrame corrigiendo y actualizando esta página, Agosto de 2002, hay una feroz embestida de todas las empresas privatizadas, para obtener reajustes en las tarifas, que van desde un 27 % hasta un 150%, el precio de los combustibles sube todas las semanas y no hay un control efectivo sobre la razonabilidad o no de estos aumentos por parte de los supuestos controles que según los pliegos de las privatizaciones, deberían efectuar los entes creados para esos menesteres).
(*) Nota del Autor: Hoy, en julio de 2002, cuando en medio del invierno en el hemisferio sur, asisto por ejemplo a una reunión de padres en la escuela pública a la que concurren mis hijos, puedo observar lo siguiente:
En todas las aulas como único sistema de calefacción hay colgada al costado del pizarrón una simple estufa eléctrica a cuarzo, de dos varillas o velas, a veces funciona una sola. Primero, esto no calefacciona como es debido, y segundo esa fuente de energía para el estado, para el país es totalmente onerosa, ya que son estufas que gastan 1200 watts por hora de electricidad. Véase esta tabla de consumos que adjunta la E.P.E. (Empresa Provincial de la Energía) de la provincia de Santa Fe, con indicaciones para el uso racional de la energía sin alterar su calidad de vida, y el detalle de los precios por Kwh. Estos valores están tomados de una factura que vencía en agosto. Probablemente en la próxima liquidación estos valores ya sufran aumentos debido a que todas las prestatarias de servicios están solicitando ajustes.
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El ahorro de energía beneficia a todos |
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Lámpara incandescente de 40 watt de potencia Consumo por hora 0,040 KWh
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Tipo de Artefacto |
Consumo por hora en KWh |
Equivalente en cantidad de lámparas de 40 WATT |
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Estufa mediana de cuarzo – Dos Velas |
1,200 KWh ó 1200 Watt hora |
30 lámparas |
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Nótese que el precio por KWh es de 0,06781$, este precio es el mínimo, tarifa social para hasta 120 KWH de consumo, luego el precio se incrementa en los siguientes 120 KWH a (0,09503 $) y luego el excedente pasa ya a costar: 0,19415 $ por KWH. Piénsese que en una escuela jamás se consumirá el mínimo, por lo tanto pagará un promedio del KWH a 0,19415 $ KWH), y a esto hay que agregarle el I.V.A. (Impuesto al valor agregado), que es un porcentaje bastante irritante para cualquier bolsillo, ya que es del 21 %.
Nótese
lo regresivo de este sistema de cobro de energía en donde (contra todas
las leyes de la economía clásica) a mayor consumo mayor precio.
Otras de las incongruencias de la Argentina que dice ser capitalista, pero que
aplica criterios como cobrar el precio más alto por unidad, a mayor cantidad
de consumo.
Si YPF (Yacimientos
Petrolíferos Fiscales) aún sería del Estado Argentino (por
supuesto que adaptada a los tiempos que corren, no una cueva de personal nombrado
por sindicalistas o políticos de turno) podríamos brindar el gas
natural gratuito a todas las escuelas, hospitales, universidades, bibliotecas
y comedores escolares de la república y le daríamos una mejor
calidad de vida a todos sus habitantes. Hoy, para las clases más populares
uno de los gastos que más repercuten en sus bolsillos es la compra del
gas licuado, por lo elevado de su precio, que podría estar subvencionado
si YPF, continuara en manos estatales, ya que el recurso es del subsuelo de
todos los argentinos, malvendido en el pseudo proceso de privatización.
Mientras el verdadero negocio hoy manejado por los españoles es la venta
internacional de crudo, gas, y otros derivados del petróleo, ajenos a
la producción de su tierra y que están siendo extraídos
a un ritmo tal que quizás, quede en la Argentina, para 10 ó 12
años de extracción..
Un cilindro de 10 kg. de gas licuado valía en 1991, cuando comenzó la convertibilidad 3,50 $, luego Cavallo autorizó un reajuste que lo llevó a 7 $, y ahora está en alrededor de 18 $ y se prevén nuevos ajustes a partir de Agosto de 2002. Pregunten a cualquier habitante de las provincias productoras de petróleo y le contaran por experiencia propia, como se "venteaba" el gas durante muchos años, hasta que se hicieron los gasoductos. También hay que tener en cuenta que el gas es un producto asociado que interviene en los costos de extracción de petróleo, ya que si se extrae petróleo, también hay gas, así que los costos de producción son los mismos, no es que hay que hacer perforaciones adicionales con mayores costos.
Fuentes de la petrolera consideraron ayer que el acuerdo es 'una buena noticia' porque, sobre todo, 'quita incertidumbres al sector petrolero'. Duhalde también lo celebró, pero con mucho menos entusiasmo. 'Espero que se cumpla', advirtió el presidente en referencia al convenio con las petroleras. 'En otras oportunidades se hicieron compromisos y no fueron cumplidos cabalmente. Pero en este caso creo que sí va a ser, porque el compromiso se ha hecho con las empresas más importantes de Argentina', destacó Duhalde. 'Teníamos un problema muy grave con el gasóleo, sobre todo en el campo, que se paraliza cuando no hay gasóleo, y es el motor productivo del país. Necesitamos una muy buena siembra para que la próxima cosecha supere el récord de ésta', concluyó.
En
la decisión del Gobierno argentino de sellar el acuerdo también
influyeron los distintos informes que se publicaron desde mayo hasta ahora.
Uno de ellos, el de Standard & Poor's, advertía que una mayor restricción
a la libre disposición de las divisas por parte de las petroleras iba
a tener un efecto muy negativo en la industria petrolera argentina. La limitación
al uso de las divisas no sólo hubiese supuesto para las empresas un grave
riesgo de incumplimiento de sus obligaciones externas, sino también un
gran obstáculo para obtener créditos fuera del país. Como
consecuencia de esto, hubiesen caído la inversión, la producción
y el empleo en el sector. Mientras, el Gobierno hubiese obtenido menores ingresos
fiscales. (N. Del Autor: puede consultarse este artículo: http://nuevasbases.org/calcagno
)
Constraste
I
Frente al mismo problema que hacen otros países ¿cómo actúan,
cuales son sus respuestas?
Caso Mexicano:
Visión de PEMEX al 2006
PEMEX orgullo de México y de los petroleros, se ha convertido en la mejor empresa petrolera del mundo, que propiedad del estado, y gracias a la entrega y compromiso de sus empleados, opera en forma oportuna, moderna, transparente, eficiente y eficaz con estándares de excelencia y honradez. La economía nacional ha dado un giro gracias a que PEMEX, a través de sus alianzas con la industria, se ha posicionado como palanca del desarrollo nacional generando altos índices de empleo. Su tecnología de vanguardia le ha permitido aumentar sus reservas y reconfigurar su plataforma de exportación, vendiendo al exterior crudo de mayor calidad y valor, además de ser autosuficiente en gas natural. Abastece materias primas, productos y servicios de altísima calidad a precios competitivos y cuenta con una industria petroquímica moderna y en crecimiento. PEMEX es una empresa limpia y segura, comprometida con el medio ambiente, su alta rentabilidad y moderno régimen fiscal le ha permitido seguir siendo un importante contribuyente al erario público, cuyos recursos se utilizan en beneficio del país.
http://www.pemex.com/mision.html
Publicación del lunes 19 de marzo de 2001
http://www.yucatan.com.mx/especiales/expropiacion/default.asp
Las diferencias entre las compañías extranjeras y el gobierno fueron creciendo hasta llegar a un conflicto. Las compañías extranjeras se esforzaban por no pagar los impuestos que señalaba la ley, y no querían mejorar salarios de sus trabajadores mexicanos...
Los obreros mexicanos finalmente se fueron a huelga el 28 de mayo de 1937, la Suprema Corte de Justicia decidió que el aumento que pedían era justo..., las compañías petroleras no obedecieron a la Corte, y entonces el presidente Lázaro Cárdenas del Río decidió expropiarlas..."
La industria petrolera mexicana cumple 63 años de haberse nacionalizado. Pemex es hoy el quinto productor de petróleo más importante del mundo y base fundamental en la economía de México.
Publicación del lunes 19 de marzo de 2001
http://www.yucatan.com.mx/especiales/expropiacion/19030102.asp
CIUDAD DEL CARMEN, Cam., 18 de marzo (El Universal).— La Secretaría de Energía y Petróleos Mexicanos confirma ron hoy al presidente Vicente Fox Quesada el descubrimiento de un macroyacimiento petro lero, bautizado como Sihil, del que se espera extraer unos 1,400 millones de barriles de petróleo crudo.
El yacimiento sería uno de los más grandes del mundo y el segundo en importancia del complejo Cantarell, superado sólo por el yacimiento Akal, que tiene una reserva de 10,737 millones de barriles del crudo.
La última semana de febrero, la Secretaría de Energía confirmó el descubrimiento de un macroyacimiento petrolero que fue bautizado como Sihil, superior en un 40% al recién descubierto en Estados Unidos, cerca de Luisiana.
Sihil representa un 10.8 por ciento de las reservas probadas y probables del complejo Cantarell, con una potencialidad de mil 400 millones de barriles de petróleo crudo, lo que lo convierte en el segundo más grande del complejo, sólo por debajo del yacimiento Akal, cuya plataforma visitó hoy el mandatario.
El nuevo yacimiento se encuentra a una profundidad de 3,600 metros, por debajo de Cantarell, y las pruebas realizadas hasta ahora mostraron que el yacimiento contiene petróleo, aceite y gas natural, además de que en el fondo del campo existen cuatro formaciones subyacentes que pudieran tener más hidrocarburos.
El complejo Cantarell, ubicado en la Sonda de Campeche, es uno de los seis yacimientos más grandes del mundo.
Hasta el pasado 1 enero, del complejo se obtuvieron 11,277 millones de barriles de petróleo crudo en los yacimientos Akal, Chac, Kutz y Nohoch.
http://www.yucatan.com.mx/especiales/expropiacion/19030101.asp
Publicación del lunes 19 de marzo de 2001
CIUDAD DEL CARMEN, Cam., 18 de marzo (El Universal).— Petróleos Mexicanos (Pemex) no es del gobierno ni menos de partido político alguno, sino un patrimonio de la nación que no será privatizado, sostuvo hoy el presidente Vicente Fox Quesada.
Además, durante el 63o. aniversario de la Expropiación Petrolera, advirtió que esta empresa estará protegida de los malos manejos, licitaciones ilegales y corrupción.
El mandatario indicó que una de las tareas de su gobierno es liberar a Pemex de regulaciones que propician la rigidez financiera e incluso la corrupción y afectan su eficiencia, así como el nivel de estructura y el destino de sus inversiones.
—Debemos, en el marco de una reforma fiscal integral, otorgarle la capacidad que Pemex requiere financieramente y de operación, pero simultáneamente sujetarla a mecanismos ágiles de evaluación y rendición de cuentas a sus legítimos y únicos dueños: los mexicanos —señaló Fox, quien hizo hincapié en la importancia de que Pemex funcione bajo una visión empresarial.
El director de la empresa estatal, Raúl Muñoz Leos, enfatizó: "Lo que todos tenemos claro es que si la paraestatal se convierte en una mejor empresa podrá cumplir mejor con todos los fines que la sociedad le ha fijado".
"Por el contrario, si sigue inmersa en los objetivos contrapuestos que ha asumido a lo largo del tiempo y no adopta una clara orientación empresarial, no logrará satisfacer tampoco sus fines sociales", apuntó Muñoz Leos.
Sin hacer referencia directa al nuevo Consejo de Administración integrado por empresarios, dijo que a Pemex se le dotó de una directiva profesional y eficaz.
"La soberanía que el estado y la nación ejercen sobre nuestros recursos petroleros no está reñida con la eficacia...", abundó.
El jefe del Ejecutivo despejó las dudas: "Vamos a continuar promoviendo la asociación, la participación de Pemex y de capitales privados en el desarrollo de la industria petroquímica, siempre dentro de las modalidades que permite la ley".
En su opinión, Pemex debe proveer los recursos necesarios para impulsar el desarrollo nacional, pero admitió la excesiva carga fiscal de la empresa, lo que ha limitado su capacidad de inversión y la ha dejado exhausta.
"Ahora necesitamos pensar diferente sobre el futuro de Pemex. Es hora de asumir nuevos compromisos y de tomar decisiones. En este empeño hemos de encontrar, sin complejos, ante la modernidad que se impone, mejores caminos para Pemex", dijo el presidente Fox en la capital carmelita.
Además el día 2 de julio de 2002, en un programa de Televisa, donde el Presidente Fox Quesada, haciendo un resumen de sus dos años de gobierno, habla de PeMex, dice que los excedentes en divisa que obtienen de la explotación de la empresa, sirven de sustento, para la creación e inversión en otros sectores de empleo a través de la construcción de caminos, puentes, viviendas, salud, educación, etc.
N. del Autor: Durante
años se dijo, para justificar la privatización de YPF, que era
una empresa que daba pérdidas, que el estado no tenía porque ser
empresario, que dejada a la actividad privada este rubro iba a cobrar impulso,
que se iban a explorar nuevas áreas, etc, etc. . En la Argentina, verso,
ya no tiene el significado poético que tiene en el castellano que se
habla en todos los países hispanohablantes. Aquí quiere decir,
engaño, cuento sigilosamente armado y contado por alguien con aviezos
intereses, generalmente lanzados por un político y luego instalado en
la opinión pública hasta convencerla de que esto es así,
por algún "comunicador social" o periodista afín a ese
interés.
Creo que lograron vender bien el verso: Véase estas consideraciones en los titulares de una revista argentina de alcance nacional: "Desnacionalización: Perez Companc vendió la última de las grandes petroleras nacionales. La gran entrega. La Argentina es uno de los pocos países del mundo que se desprendió de sus recursos petroleros, una de las cuencas más importantes del continente. El 97,5 por ciento de la producción está en manos extranjeras. La venta de la petrolera Pérez Companc cierra la triste historia de la cesión de una de las riquezas naturales más importantes." Revista Veintitres, del jueves 25 de julio de 2002, Año 5, Nº 211, Bs. As., Ed. pp. 16-17
¿Quién compró a Perez Companc? Petrobrás, la empresa estatal brasileña de petróleos. No era que las empresas estatales de petróleo no servían para hacer negocios...Esto es lo que llamamos verso en Argentina y en el lunfardo, el seudo idioma que se habla por estas pampas y que todos entendemos.
Aunque en Petrobrás, el estado solo controla el 34 % del capital, pero no es lo mismo que no controlar nada. Según quien gane las elecciones brasileñas de octubre, hay intenciones de privatizarla totalmente. Amigos brasileños: les regalo estos datos de la revista Veintitres, citada recién en su página 17, para que no cometan ni dejen cometer tremendo "error", "desatino" o simplemente "negociado": "Los efectos perniciosos de la privatización y extanjerización del petróleo nacional no son sólo económicos; la secuela social fue desvastadora. Basta recordar las manifestaciones masivas en la localidad salteña de General Mosconi, que terminaron con la muerte de piqueteros, y en Plaza Huincul, Neuquén. Regiones pujantes convertidas en pueblos fantasmas, con una desocupación del 50 por ciento. Hablando en plata, la ecuación es simple. La producción de petróleo en la Argentina tiene un costo, incluida la exploración, de o c h o dólares el barril. Fuera de Medio Oriente y Venezuela, uno de los más bajos del mundo. El precio internacional, al que las compañías venden en el mercado interno y externo, es de 28 dólares. La diferencia, 20 dólares, hay que multiplicarla por un promedio de 310 millones de barriles anuales, que se producen en el país. Más de 6.000 millones de dólares de renta anual, que no solo no ingresan al fisco, sino que, por estar integramente en manos extranjeras, ni siquiera se reinvierten en la Argentina. Historia y consecuencias de la mayor entrega nacional." op. cit. p17, 3er. columna.
Cualquier ciudadano argentino, habitante, o un turista nacional o extranjero, que visita Mendoza puede ver en la zona de El Sosneado, cercano a Malargüe, como desde los campos petrolíferos cientos de bombas extractoras, día y noche, bombean el petróleo hacia la destilería de Luján de Cuyo, cercana a la capital mendocina, construída por el estado argentino y antes de YPF (Yacimientos Petrolíferos Fiscales) y hoy propiedad de la próspera Repsol, (Refinerías españolas de petróleo). Saquen ustedes las conclusiones que quieran, pero por más leve comentario, recuerden una figura legal "contrato leonino". Por supuesto que las víctima fue la Argentina y la parte del león, se la llevaron varios beneficiarios....
Cuadro
de situación III
Zonas Latinoamérica
Argentina
Misión FMI llegará a Argentina jueves o viernes: ministro
Fecha: 3/7/2002 Fuente : Reuters
BUENOS AIRES, jul 3 (Reuters) - El ministro de Economía de Argentina, Roberto Lavagna, dijo el miércoles que una misión del FMI llegará al país "entre mañana (jueves) y el viernes" para avanzar en un acuerdo que permita a la colapsada nación sudamericana recuperar la perdida confianza de los mercados.
Lavagna explicó a periodistas que "el acuerdo, como dijo ayer (martes) el vocero del FMI, sin fijar una fecha estricta, en el curso del mes de julio se puede hacer".
Argentina, que enfrenta la peor crisis económica de su historia, busca desesperadamente un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) para comenzar a normalizar sus rotas relaciones con el mundo financiero.
El país sudamericano declaró en diciembre la cesación de pagos sobre parte de su deuda de 133.000 millones de dólares, para luego devaluar su moneda, que desde enero perdió más del 70% de su valor frente al dólar.
Lavagna
viajó la semana pasada a Washington, donde logró que el FMI pospusiera
un vencimiento de 1.000 millones de dólares para evitar que el país
extendiera a las entidades multilaterales la colosal cesación de pagos
que anunció en diciembre.
(Nota del autor: Confróntese esta situación donde ya ni siquiera
se va a pedir dinero, solo promesas de seguir negociando, cuando REPSOL-YPF,
gana en un solo día de la bolsa de Madrid, 1563 millones de euros. Piensen,
que si YPF sería nuestra aún, podríamos obtener de allí
ese dinero, mientras que el ministro de economía se pasó varios
días para obtener solamente esta bella construcción semántica
que connotan estas palabras reproducidas a continuación:)
"El portavoz FMI, Tom Dawson, dijo el martes que las conversaciones con Argentina sobre una potencial ayuda financiera están disfrutando de un nuevo impulso y que varias misiones viajarán a Buenos Aires para tratar de apuntalar un acuerdo, aunque no había precisado la fecha. "
((Jorge
Iorio/Guido Nejamkis, Redacción Buenos Aires, + 54 11 4318-0657, buenosaires.newsroom@reuters.com))
Cuadro
de situación IV
Diario
Hoy de La Plata, Buenos Aires, Argentina
Wednesday
03 de July de 2002 - Miércoles 3 de julio de 2002
EL MUNDO
El presidente de Cuba, Fidel Castro, afirmó ayer que la Argentina tiene recursos para poder alimentar a 100 millones de habitantes, y acusó al Gobierno de "estar lamiendo las sobras, las ruinas" que deja el Fondo Monetario Internacional (FMI). "Cuando yo hablé de lamebotas, me querían sacar los ojos, cortar la lengua, ¿y qué?", dijo Castro, de 75 años, al recordar la tensión bilateral creada cuando calificó a la dirigencia argentina "de lamebotas" de Estados Unidos. Castro ahora fue más allá, y dijo que la Argentina está todavía por debajo de la categoría de "lamebotas", en un extenso discurso en la clausura de una sesión extraordinaria del Parlamento, que duró tres días y en la que el socialismo fue declarado "irrevocable" en la isla. "Están por debajo ya, están lamiendo las sobras, las ruinas, un país que pudiera alimentar a 100 millones de habitantes", dijo Castro. El presidente cubano habló de la riqueza de la Argentina. "Si Cuba tuviera 50 millones de cabezas de ganado, dos per cápita, unas pampas que no necesitan ni fertilizantes, 60 millones de toneladas de maíz, trigo, cereales, autoabastecimiento de combustible... Imagínense que nuestra revolución dispusiera de eso", advirtió el mandatario. Tras calificar de "grave" la crisis argentina, Castro aseguró que el problema "no es de conocimientos, es de sistema, el problema es social. Ustedes pueden buscar el mejor médico del mundo, pero sin sistemas vitales están destruidos, no pueden hacer nada". En opinión del presidente cubano, "los países del Cono Sur habían llegado a un nivel de integración (el Mercosur) y ahora se lo han desbaratado, le quieren poner un ALCA (Area de Libre Comercio de las Américas), andan apurados, desesperados porque quieren poner el ALCA. No arreglan nada, ponen peor la situación",
Podemos disentir con Castro en muchos aspectos, pero ¿que pasó? para que, sí, efectivamente ese país potencial que podría alimentar tranquilamente a 100 millones de habitantes, hoy recibe ayuda alimentaria de otros países, como sucedió con la ayuda humanitaria enviada por España en Marzo de 2002. ¿Qué pasó para que ese país potencial que podría alimentar equitativamente a 100 millones de habitantes, hoy se debata en la mayor inequidad con sólo 37 millones para alimentar? Pero: ¿Cómo es realmente la Pampa? ¿Qué es la Pampa? Y como fue erigiéndose la Argentina en torno de ella.
Citaremos a Roman Gaignard en su muy buen trabajo: La Pampa Argentina -Ocupación-Poblamiento-Explotación- De la conquista a la crisis mundial (1550-1930). En su excelente obra, hace un resumen muy interesante sobre el proceso inmigratorio y ocupación de tierras en la Argentina y sus consecuencias:
LA
PAMPA
Visón
de conjunto
Pampa obsesionante… Pampa espacio…Espacio horizontal que se diluye en un horizonte indeciso y fugitivo; espacio dilatado donde las distancias se miden en leguas; espacio vacío o espacio engañoso que disimula y esparce en su inmensidad a los hombres, los animales, los vehículos, los edificios; espacio vegetal donde la pradera sólo se interrumpe para dar lugar a campos vertiginosos de cereales o de oleaginosas, que descubren la tierra negra u ocre después de la cosecha. Espacios telúricos también: resplandor de las largas puestas de sol reflejadas en las aguas pesadas de las lagunas, intempestivos torbellinos de arena, tormentas eléctricas secas y tempestades desvastadoras, yacarés extraviados en un muelle cerca de Santa Fe y, en las proximidades de Bahía Blanca, maras brincando entre los matorrales de pastos duros; garzas y flamencos en los bañados del este, mulitas y pumas en los médanos y espinales del oeste.
La Pampa-espacio es también tierra de contrastes y de oposiciones, tierra de aventuras y tierra de labor, tierra de opulencia y tierra de miseria… ¿No se encuentran en ella italianos y españoles, judíos y valdenses, alemanes del Volga y aveironneses, pastores vascos y lecheros daneses, transformados en opulentos estancieros? Toda Europa hizo la Pampa, pero enmarcado en un esquema predeterminado, inscrito en la llanura aún antes de su ocupación. La necesidad tuvo más peso que el azar en ese espacio valorizado por la potencia creadora del capital británico, después de haber sido sometido a la potencia legiferante de la España colonizadora y a la sed de tierras y de poder sobre los hombres de sus herederos criollos.
Una llanura infinita, angustiante y herbácea: tal es la primera impresión que produce la Pampa. Se puede también abordar de una manera más sistemática: una llanura agrícola, vasta como todo el territorio francés metropolitano, diez veces menos poblada, que este, con un volumen de producción semejante y una exportación en general superior...En síntesis una Beauce de 500.000 km2. Cuya producción no llegara a igualar el conjunto de la producción francesa actual...La comparación es arriesgada pero permite plantear el problema central de la escasa productividad pampeana. Aún hoy, la Pampa sigue identificándose en gran medida con la Argentina; para muchos el país evoca ante todo la Pampa, el gaucho, la carne, el trigo y el puerto - capital en contacto con el mundo atlántico, Buenos Aires. Buenos aires, la metrópoli gigante expandida en el borde de la llanura, que abarca a nueve de los 25 millones de argentinos, dejando sólo cinco millones para la totalidad del espacio pampeano, rural y urbano.
En realidad la Argentina, que se extiende por 3.500 km. desde el Trópico hasta las latitudes subpolares, cubre casi 2.800.000 km2 de superficie continental americana y reúne regiones con personalidades tan fuertes como disímiles. Bien es verdad que se las denomina "periféricas", ¿acaso no viven o subsisten al compás de las pulsaciones de la economía pampeana y de las decisiones que se adoptan en Buenos aires? Desde hace un siglo la construcción de la Argentina moderna, la de los tiempos presentes, se basa en la explotación de esa llanura inmensa que la ha convertido en uno de los grandes países agrícolas del mundo, antes de posibilitar el surgimiento de la industria y un espectacular crecimiento urbano. Es la paradoja de la Argentina de hoy, que vive de la agricultura, pero en la ciudad, que busca un desarrollo equilibrado basado en la industrialización y tolera una asombrosa subexplotación de las excepcionales potencialidades productivas del suelo pampeano.
Con su espacio y sus paisajes, con su historia y sus estructuras, con sus productos y sus mentalidades, la Pampa sigue marcando no obstante la economía, la sociedad, la política, la cultura, la vida toda de la Argentina. Cuando evocamos esas llanuras del Plata, reserva de cereales, de oleaginosass y de ganado para el mundo futuro, se agolpa ante nuestros ojos todo un conjunto de imágenes: caminos rectos bordeados por alambrados cuyas líneas fugitivas se pierden en una lejanía polvorienta; praderas tan vastas que no permiten distinguir los rebaños que las recorren; dilatados campos de trigo, de girasol o de maíz; aspas de molino que emergen de un montecito de eucaliptos o en el borde de los potreros; muy de tanto en tanto los edificios de una estancia, escondida en medio de su parque; en el horizonte la silueta de los silos que anuncian la estación y el pueblo, una nube de arena sus pendida sobre el rastro de una camioneta o, más discreto, un jinete vigilando el ganado o la próxima cosecha...
Visiones exactas, sin duda, pero que conviene matizar para dar aquí lugar, también, al asfalto, al tractor, incluso el avión, al semillero de chacras de las zonas chacareras, a los edificios de esas pequeñas ciudades activas, donde los talleres lindan con los comercios de lujo, bancos y colegios, y en las que, en elegantes casas, se repliegan los productores que acuden al campo en potentes vehículos...Imágenes que no alcanzan a dar cuenta de la complejidad y de la diversidad del espacio pampeano. Diversidad física primero, bajo la aparente uniformidad de la llanura y de los pastizales, pero también complejidad de una historia de la ocupación del suelo y de su valorización, que está lejos de aparecer lineal." (1) Roman Gaignard, La Pampa Argentina -Ocupación-Poblamiento-Explotación- De la conquista a la crisis mundial (1550-1930) Bs. As. 1989, Ediciones Solar)
La mayor parte de esta investigación excelente de este historiador francés, fue realizada y escrita en 1979, si bien la publicación final del libro fue en 1989.
Nótese que aún, en 1979, a 3 años del inicio de la política económica de Martinez de Hoz, todavía el francés podía percibir lo que había llegado a ser la Argentina, con todos los errores económicos y políticos, de una serie de gobiernos que habían privilegiado los intereses generales nacionales.
Luego
la etapa que comenzó en 1976 y siguió hasta nuestros días,
con leves intentos por cambiarla, ya podemos hacer otro diagnóstico y
hoy la Argentina es una gran tapera, como una gran cáscara vacía
que alguna vez contuvo a un gran país.
CUADRO DE SITUACION V
Esta es la visión de la Argentina de hoy por el historiador y periodista Rosendo Fraga
Reconstruir la economía
En los inicios del siglo XX, la Argentina representaba el 50 por ciento del PBI de América latina. Hoy, apenas alcanza el 10 por ciento. En una entrevista con la Revista, el historiador y periodista Rosendo Fraga, de Nueva Mayoría, sostiene que "a las crisis hay que ponerlas siempre en términos históricos, porque eso nos da la verdadera dimensión del problema"
Rosendo Fraga: "Lo que la Argentina construyó en su primer siglo de vida, lo volteó en el segundo"
Fiel a su condición de historiador y al manejo de la síntesis que le impone su desempeño como periodista, Rosendo Fraga dice: "En 1910, la Argentina era el 50 por ciento del PBI de América latina, era la décima economía del mundo y el séptimo país exportador ya que representaba el 7 por ciento del comercio mundial. Hoy, la Argentina es el 10 por ciento del PBI de América latina y sólo el 0,4 por ciento del comercio mundial".
Casi a la par del saludo de cortesía con este cronista y del "qué momentos nos toca vivir, ¿verdad?", el director de la consultora Nueva Mayoría ventila una frase que, para él, tiene la solidez de un mandamiento: "A las crisis hay que ponerlas siempre en términos históricos, porque eso te da la verdadera dimensión de la crisis". Entonces, rápidamente, agrega: "En 1810, la Argentina era el país más pequeño de América latina: representaba sólo el 2% de la economía latinoamericana. Tenía 400.000 habitantes. Chile y Bolivia tenían un millón cada una; Paraguay, 500.000; el Perú era 7 veces más grande. América Central era cuatro veces más grande que la Argentina; México 40 veces mas grande, y Brasil, 10. En los últimos tres años, de 1999 al 2001, la Argentina creció 4 puntos menos que el promedio de América latina, y este año crecerá 10 puntos menos. Con lo cual, si esto sigue así durante los próximos ocho años, se daría la paradoja de que el año 2010 nos encontrará como en 1810. En resumidas cuentas: lo que la Argentina construyó en su primer siglo de vida, lo volteó en el segundo. ¿Por qué hago esta reseña? Porque uno tiene que asumir que todavía en los años 30 el PBI duplicaba al de México y era un 30 por ciento más que el de Brasil. Hoy, México y Brasil, cada uno, son casi tres veces la Argentina".
–Pudimos haber tenido un desarrollo semejante al de Australia, Canadá o Nueva Zelanda.
–Con toda seguridad. Pudimos haber sido esos países, y aún mucho más. En 1910, los econometristas calculaban que para 1950 el PBI argentino superaría al de Estados Unidos porque la tasa de crecimiento de 1880 a 1910 había sido superior a la de aquel país. Exactamente como hoy calculan para China para el año 2050. Entonces, uno toma dimensión de la decadencia cuando relaciona lo que éramos y lo que somos, ahora, en el contexto de América latina. Estamos en una crisis terminal, producto de un largo proceso de decadencia.
En el campo de la economía, sufrimos la recesión más prolongada de nuestra historia: 44 meses seguidos. Comparando, en los años 30 la recesión duró 36 meses. Padecemos un desempleo del 23 por ciento, con proyecciones que llegan a un 30 por ciento para mayo próximo. En 1914, cuando el país tuvo una fenomenal crisis por el cierre del comercio exterior, la desocupación llegó al 16 por ciento y la recesión duró 2 años. Y en 1930 llegó al 14 por ciento y la recesión se prolongó durante 3 años.
En el campo de la política, las elecciones del 14 de octubre dieron el mínimo voto positivo de la historia desde 1912, cuando se formalizó el sufragio obligatorio. Sólo el 55 por ciento del padrón votó por partidos y por candidatos. Nunca, desde el año 12, hubo un voto positivo tan bajo. Si analizamos el último medio siglo, nos encontramos con que en 1955 estuvimos al borde de la guerra civil, cuando cae Perón, pero no hubo crisis económica. En 1976 fue la guerrilla, el caos, Isabel, un gravísimo desorden político, pero el desempleo era apenas de un 3,5 por ciento. Finalmente, 1989: hiperinflación, pero sólo con un 8,5 de desocupación. Por eso digo que la Argentina jamás tuvo una crisis social, política y económica tan grave, profunda y terminal como la que estamos atravesando.
–¿Por culpa de quién, de quiénes o de qué designios estamos como estamos?
–En rigor, por nuestra propia incapacidad. Ortega y Gasset decía sobre nosotros que éramos buena gente, mucha cultura, gran capacidad, gente amable, preparada y honesta, pero esa brillantez en el discurso y en la discusión fracasa cuando hay que pasar a la acción. De ahí, aquella frase memorable: "Argentinos, a las cosas".
Hay, en nosotros, una brecha muy profunda entre la cultura del pensar y la cultura del hacer.
–¿Por eso es que vivimos de crisis en crisis?
–Diría que somos un conjunto de individualidades brillantes, pero con una bajísima capacidad de hacer, de encarar la acción colectiva. En última instancia, ¿cuál es el rol de la política en una sociedad? La articulación del hacer colectivo. La otra pregunta es cómo individualidades tan brillantes pueden terminar generando un pésimo resultado de conjunto.
–¿Estamos condenados a eso?
–No, creo que no. La Argentina dio muestras de grandeza e inteligencia en otras épocas. Desde 1853 hasta los años veinte era el país.
–Hay un punto de partida, entonces.
–Puede que sí o puede que no. Nada es inexorable. Ni el fracaso ni el éxito son inexorables. Las crisis son oportunidades. Esto que nos está pasando es muy serio y profundo. Acá no hay que echarle toda la culpa a Menem ni a Cavallo ni a De la Rúa. Acá lo que está en crisis es un siglo y medio de proyecto argentino. A partir de mediados del siglo XIX, la Argentina tuvo un proyecto muy claro: construir en esta parte de América un pedazo de Europa. Y ese proyecto fue, en los inicios, exitosamente construido, pero mi impresión es que lo que hoy está en crisis es ese proyecto de un siglo y medio. Tenemos que asumir que aquel proyecto ha fracasado y por mucho tiempo será inviable. Esto implica que nuestro país, que aspiraba vivir como en Italia y España, va a tener que asumir que aquel ingreso per cápita de 8000 dólares del año 2001 –que era la mitad de España, pero el doble de América latina–, ahora está a menos de 4000, que es, justamente, el promedio de América latina.
–Pero la pobreza en la Argentina no supera la media de América latina.
–Sí, pero eso era hasta esta crisis. Ahora vamos hacia el promedio de América latina. Esto implica para la Argentina un fenómeno sociocultural de consideración. Tenemos que preguntarnos cómo hace Chile, con un ingreso de 5000 dólares por habitante, para funcionar bastante mejor que la Argentina y con mayor equilibrio social; cómo hace Uruguay, con un ingreso de 4000 dólares por habitante para tener, aun con sus dificultades, niveles de equilibrio más razonables que la Argentina y cómo hace un país de Europa central, como la República Checa, con un ingreso per cápita de 5000 dólares, para tener niveles de bienestar y de equilibrio social muy superiores a nosotros. Este es nuestro desafío. Tenemos que cambiar nuestras aspiraciones. Aspirar a cosas mucho más sencillas y modestas, y asumirlas. Este es el shock cultural del siglo porque la cultura de la dirigencia argentina aún está embebida por lo que éramos en 1910, y ya no lo somos. Cuanto antes lo asumamos y rediseñemos un modelo de acuerdo con nuestras posibilidades, mejor nos irá. La generación que nació en 1856 y murió en 1928 –mi abuelo, por caso– pudo ver la construcción del país. Ahora, ¿cuál es nuestra función como generación? Es cómo reorganizamos con un poco más de equilibrio y bienestar asumiendo que por mucho tiempo va a tener un ingreso mucho menor que en el pasado.
–Duhalde habla de una segunda república.
–Yo no sé si éste es el momento de iniciar un debate institucional, de hablar de reformar la Constitución. Primero hay que renovar la política. Si es esta clase política cuestionada por la gente la que va a acometer la tarea de las reformas, me temo que las reformas no gocen de credibilidad.
–¿Hay algún dato que indique una mínima confianza en el futuro?
–No lo sé. Creo que la fuerza de este gobierno es la crisis. Este es un gobierno que no ha sido votado por la gente y que fue sostenido por un Congreso impopular. Su fuerza, aunque parezca paradójico, está en la crisis. Sin embargo, no soy pesimista respecto al mediano y largo plazo en la medida en que nosotros nos organicemos sobre bases más austeras. La Argentina va a salir, pero difícilmente volvamos al país que alguna vez tuvimos. Al menos, por un largo tiempo.
–¿El argentino común dimensiona realmente los perjuicios del default?
–Absolutamente, no. Si yo fuera Duhalde, mi modelo histórico sería Carlos Pellegrini, que tomó el default de los años 90, en el siglo XIX, era vicepresidente accidentalmente a cargo del poder, sacó al país de la crisis y nunca fue votado por la gente.
–¿No ve crecimiento político?
–No
tiene futuro político. Duhalde no tiene que pensar ni en elecciones ni
en las encuestas, porque su rol es histórico. Si Duhalde piensa en la
historia, creo que puede llegar a ser un presidente exitoso; si piensa en la
coyuntura y en la política, es difícil que llegue al éxito.
Su éxito está en ubicarse en el campo de la historia: aunque no
me reconozcan hoy, que me reconozca la historia. Tendrá historia si se
aleja de la coyuntura.
"Creo que
la fuerza de este gobierno es la crisis. Este es un gobierno que no ha sido
votado por la gente y que fue sostenido por un Congreso impopular. Su fuerza,
aunque parezca paradójico, está en la crisis"
Artículo de Jorge Palomar, en Revista La Nación (Nº 1706) del día 17 de marzo de 2002, pp. 31-35
Ante estas declaraciones y lo leido hasta el
momento, surge inmediatamente la gran pregunta del millón :¿Pero,
porque llegamos esta crisis, con la cantidad de riquezas que tiene la Argentina.?
Continuamos citando a Romain Gaignard, ya que su visión sobre este
proceso histórico, es muy certera y precisa, hace un análisis
excelente y nos dará una visión de cómo fue la lenta ocupación
del suelo y de las consecuencias que tendrá para la Argentina el estar
ubicada en un sitio casi marginal para el comercio y el poder político
mundial, en los primeros tiempos de la conquista española:
La lentitud
en la ocupación del suelo y su valorización
La Pampa aterraba. Al llegar a las altas praderas del Paraná los españoles se sentían desamparados frente a ese nuevo océano, temible por su extensión y su aparente uniformidad, por la ausencia de puntos de referencia y de cursos de agua organizados mas allá del Salado. Temían que, en alguna parte entre las altísimas hierbas y en las hondonadas de los médanos, aparecieran los indígenas, sin duda poco numerosos, pero peligrosos por lo rápido y escurridizos. Con todo, las vacas y los caballos abandonados por las primeras expediciones prosperaban en esa hermosa pradera y constituían su única riqueza. Entre Paraná y el Salado de Buenos Aires, entre la laguna de Melincué y la desembocadura del Salado de Santa Fe, la Corona repartió la tierra en estancias en las que los colonos soltaron ganado. Más allá de esos límites no se arriesgaban nadie, salvo expediciones puntuales, temporarias, como las que a finales del siglo XVIII se dedicaron a cosechar sal en las lagunas pampeanas de las Salinas Grandes. (Véase un viaje a las Salinas Grandes de Pedro Andrés García). El "camino del Perú" cruzaba por el istmo donde entre el Paraná y la sierra de Córdoba se estrecha esa planicie peligrosa, siguiendo el curso del único río que alcanzaba el territorio ocupado, el Tercero. Más al norte, a las mismas puertas de Santa Fe, la selva del Chaco cobijaba a otras poblaciones temidas, y las comunicaciones con el Paraguay se hacían por la Mesopotamia. A comienzos del siglo XIX la Argentina de las planicies se limitaba, en consecuencia, a una franja de un centenar de kilómetros a lo largo del Río de la Plata y del Paraná, a una estrecha banda transversal entre el Paraná y Córdoba, y el pedemonte de la sierra de Córdoba. Hacia el sur y hacia el norte era el vacío, sin ocupación europea, y un verdadero imperio indígena se constituía en la planicie del sur y del oeste con la implantación de poderosas tribus araucanas. Más allá del foco cordobés se alcanzaban las provincias del Noroeste y el altiplano, así como los oasis del pedemonte andino de Cuyo. En cambio, las planicies y las colinas de la Mesopotamia, entre el Paraná y el Uruguay, constituían territorios de poblamientos y de actividad pastoril que, al buscar salida por el estuario, se topaban con el monopolio comercial de Buenos Aires. La historia del siglo XIX está dominada más por ese conflicto entre las provincias situadas aguas arriba y la ciudad-puerto de aguas abajo, que por las luchas que enfrentaban a los señores de la tierra y de la guerra de los oasis preandinos con la burguesía comercial y los nuevos propietarios de la Pampa bonaerense, sostenidos por las potencias marítimas europeas.
En esa época se forman los dos grandes tipos de sociedad agraria y de valorización del espacio que configuran el destino de la Pampa argentina. Las provincias de Entre Ríos y de Santa Fe recurren a chacareros --"colonos"—para ocupar el campo, defenderlo de los indios y de las incursiones de la gente de Buenos aires y, a la vez, cultivarlo. La intención de esos gobernantes, que atraen a los suizos, alemanes , piamonteses, judíos y germanos del imperio zarista con la ayuda de las sociedades de colonización, consistía en poblar y equipar sus territorios para desarrollar en ellos la producción y el comercio. Buscaban también sanear su tesorería vendiendo tierras fiscales a empresarios que se encargaran de su "colonización". De ese modo, a partir de 1850, se fundaron las primeras colonias en las cercanías de Santa Fe y Paraná. El movimiento se extendió progresivamente hacia el sur hasta los bordes de la frontera indígena y de la provincia de Buenos Aires y representa una forma relativamente densa y nuclear de ocupación productiva del suelo, por hombres decididos a aguantar, primero, y luego a triunfar económicamente.
Este estilo agrario del chacarero-colono, limitado al principio a la zona más favorecida por la naturaleza, se inscribe en una trama que proviene de la Conquista y que se puede caracterizar por la gran propiedad de vocación exclusivamente pastoril. La cría de bovinos aparece como una actividad rentable y, en consecuencia, la producción se organiza cuando se hace posible la preparación industrial de la carne salada y se abre el mercado de las grandes plantaciones azucareras del Brasil y del Caribe, las que pueden alimentar así a bajo precio su mano de obra de esclavos negros.
La salazón permite aprovechar la totalidad del animal y no solamente su piel, que sigue exportándose a Europa. La estancia, ya no es solo una forma de propiedad del suelo y de los animales que allí se hallan sino también un tipo de explotación de ese ganado. La estancia se estructura y la cría reemplaza a la "caza" de los vacunos (las vaquerías de los siglos XVII y XVIII). Para cuidar y conducir los rodeos se emplea a hombres que hasta entonces recorrían libremente el suelo pampeano, los gauchos, mestizos de a caballo que vivían del ganado que encontraban en su deambular errante. Esa población flotante se ve obligada a tornarse sedentaria y dependiente: el gaucho se transforma en peón de estancia. Se persigue a los irreductibles y se los enrola para luchar contra los indios en la "frontera" o en las guerras civiles.
De este modo el propietario del campo de Buenos Aires posee el suelo, los animales y los hombres. Su poder tiene vigencia en la ciudad en la medida que, después de la Independencia, el desarrollo del puerto depende directamente de las exportaciones de cueros, de carne salada y de sebo. Después de 1860, cuando las hilanderías del norte de Europa descubran las posibilidades de abastecimiento que ofrecen las praderas pampeanas, dependerá también de la lana. El ovino se transforma entonces en el negocio dominante, que permite una tasa de capitalización superior en unidades de producción más pequeñas. Exige mayores cuidados, más mano de obra y personal calificado y vigilante. Estos especialistas provienen de Europa: los pastores irlandeses, escoceses o vascos arriendan majadas a los estancieros y poco a poco adquieren las tierras cercanas a la ciudad-puerto. Lo hacen con mayor comodidad en la medida en que la gran propiedad proyecta su dominio cada vez más lejos, hacia el sur y el oeste, en tanto se amplía el espacio que los hombres venidos de Europa, los "cristianos", arrebatan a los indios de la Pampa.
De la Pampa indígena a la Pampa Argentina:
Conquista del Desierto y gran dominio pastoril
A diferencia de los que sucede con la "frontera" del Lejano Oeste norteamericano, en el siglo XIX la "frontera" argentina no es una frontera de ocupación sino de apropiación. No se trata de una avanzada pionera sino de una barrera de contención más o menos sólida Parecería que los argentinos, hubieran sentido vértigo ante la inmensidad del espacio que se abría ante ellos, tan pocos, tan desprovistos de todo, tan dependientes de Europa en cuanto a bienes de equipamiento y de consumo, técnica y capitales y, finalmente, hombres. La única moneda de cambio de la clase dirigente, su única riqueza, es el espacio. El suelo parece indefinidamente disponible y, como se ha partido de la región más favorecida, las riberas del Paraná, se cree o se simula creer que la fertilidad de los espacios alejados es comparable con la de los conocidos. Así, se abusa de esa riqueza individual y colectivamente. Individualmente porque los gobiernos provinciales y luego federales distribuyen generosamente esa tierra a sus protegidos y a sus protectores, por ejemplo los oficiales de las guerras civiles y de las expediciones contra los indígenas. Cualquier servicio se paga en leguas cuadradas. Colectivamente, porque el déficit del tesoro provincial o nacional solo se equilibra con la venta de miles de kilómetros cuadrados. Pronto no alcanza y el suelo potencialmente argentino --el espacio que ocupan, recorren y controlan los indígenas-- constituye la prenda de los empréstitos otorgados por los banqueros de Londres. La unidad de cuenta es siempre la legua cuadrada, que cubría entre 2.800 y 2.500 ha, según el momento, siendo el lote habitual de 10.000 hectáreas...
De ese modo, a lo largo del siglo XIX se desarrolla una clase nueva que va a construir una Argentina nueva, la de la Pampa dominada y valorizada. Una clase homogénea de propietarios del suelo, comerciantes del puerto, hombres de gobierno; un grupo de unos pocos centenares de hombres que concentra en Buenos Aires la totalidad del poder económico y político. También orienta el flujo de capitales británicos en busca de ingresos financieros, pero a la vez de operaciones de desarrollo tendientes a favorecer la explotación futura del suelo. En primerísimo lugar figura el equipamiento en medios de transportes en gran escala: los ferrocarriles, que prolongan las líneas transatlánticas en tierra. Pero antes era necesario eliminar la presencia indígena, amenazante a mediados de siglo, cuando los araucanos recorrían libremente las praderas y los pasos de la cordillera de los Andes, desde los alrededores de Valdivia hasta las cercanías de Bahía Blanca, Pergamino o Río Cuarto, y vendían a Chile el ganado sacado de la Pampa.
Antes de la independencia, la Argentina aparecía como andina y dejaba a la Pampa de lado; después, se fue volviendo cada vez más platense y pampeana, pero el deslizamiento del centro de gravedad político y económico, provocado fundamentalmente desde el exterior y sobre todo de Inglaterra, se produce lentamente a lo largo de los primeros tercios del siglo XIX. De ese modo la valorización de la Pampa se efectúa con retraso, un retraso que habrá de pesar en el futuro.
Hasta fines de la década de 1860 los indígenas dominan el espacio pampeano, ya guerreando y saqueando, ya comerciando y pactando. Será preciso esperar a que se reúnan las condiciones técnicas de una valorización del espacio rentable para la nueva Europa industrial y urbanizada del noroeste (la máquina de vapor, que permite el transporte de grandes volúmenes de granos y de lanas, así como el frío industrial, que resuelve el problema de la conservación de las carnes) y que afluyan los aventureros y financistas europeos dispuestos a emprenderla o a patrocinarla, para que la Argentina se adueñe bruscamente de la totalidad de ese espacio pampeano, se lo apropie y abra así a la valorización una de las más hermosas praderas agropecuarias del mundo. En pocos meses de 1879 se realiza la Conquista del Desierto, la eliminación de varias decenas de miles de indios de los 375.000 km2 que se extienden desde la "frontera" hasta el Río Negro y los Andes. Bastaron dos o tres años para que se repartiera todo el espacio utilizable entre unos pocos cientos de propietarios: suscriptores extranjeros y argentinos del empréstito de guerra, compradores en los remates y oficiales superiores de la Conquista del Desierto, convenientemente recompensados. La unidad de cuenta de esa distribución fue entonces el cuadrado de 10 km. de lado. Antes de ser ocupado y explotado, el espacio pampeano resultó así totalmente acaparado en grandes propiedades. Para los inmigrantes que en el futuro lleguen de Europa, la Argentina no será ya un "país nuevo": en él no encontraran ninguna tierra disponible, salvo como arrendatarios de lotes de las companías de colonización o como aparceros temporarios en las estancias.
La historia de esta apropiación es también la de la división política del espacio pampeano, pues se estableció una verdadera puja por saber quién se quedaría con el producto de las ventas de las tierras nuevas: el Estado federal --que se acababa de establecer en 1869 y que transferiría la capital de la provincia de Buenos Aires a una ciudad nueva trazada a 60 kilómetros del puerto, La Plata-- o las provincias, necesitadas de reconstituir los fondos de su tesorería y de sacar ventajas sobre la de Buenos aires. El Estado federal, que a partir de 1878 había lanzado un empréstito de guerra garantizado por las tierras a conquistar conservó la parte del león, mientras que las provincias de Buenos Aires, que en los tiempos de Rosas había extendido sus fronteras hasta las sierras del sur y el fortín de Bahía Blanca. Se encontraba en posición ventajosa.
El Estado federal creó un Territorio Nacional (cuyo suelo podía vender) más allá del meridiano quinto al oeste de Buenos Aires y al sur del paralelo de 35 º ó 36º. Al oeste del décimo meridiano le fueron adjudicadas tierras a Mendoza mientras que las provincias de San Luis, Córdoba y Santa Fe podían extenderse hacia el sur hasta los 35 y 36 grados. De esta forma, entre 1882 y 1884 se constituyó el actual mapa político de la Argentina pampeana, aunque el Territorio Nacional sólo se transformó en la provincia de La Pampa en 1951.
En la división internacional del trabajo y en la repartición de zonas de influencia y de explotación que se instauran a fines del siglo XIX, la Pampa representa a la vez una base de aprovisionamiento de granos y carnes a bajo precio para las nuevas concentraciones urbanas de Europa occidental, una salida para los excedentes migratorios creados por la Revolución Industrial, un mercado para los proveedores de bienes de equipamiento y de consumo y un fructífero dominio de intervención para el capital financiero. Es cierto que la Pampa no constituye más que una de las grandes planicies simultáneamente abiertas a la valorización por los europeos en la década de 1880 en las Américas, en Europa oriental, en Australia o en Africa del sur, pero en el marco de ese fenómeno mundial representa el molesto más perfecto y exitoso. Ocupa rápidamente uno de los primeros lugares, tanto por la excelencia de las condiciones bioclimáticas de la región más cercana al río y al océano (fácilmente equipable con una infraestructura de transportes y para la exportación), como por la flexibilidad del sistema de explotación organizado en ella, que combinaba el dominio de la tierra en amplias propiedades con su explotación en escala familiar, colocando al campesino chacarero al servicio de la ganadería y del estanciero.
En dos décadas la Pampa se vió cubierta por una densa red de vías férreas que convergían en Buenos Aires y, posteriormente, sobre los puertos de Rosario, Bahía Blanca y Quequén.
Solo faltaba que el campo fuera explotado para que el ferrocarril transportara equipos y cosechas, y que se instalaran hombres para asegurar la producción. Fue así como las propias compañías ferroviarias británicas se ocuparon del poblamiento de esos espacios, conquistados pero vacíos. Su actuación fue en general, indirecta, a través de empresarios de colonización, excepto en un caso excepcional por su amplitud y fecha: una concesión de tierras de 350.000 ha otorgada en 1863 a lo largo de 400 km. de vía férrea de Rosario a Córdoba, repartida progresivamente en lotes de colonización por la compañía británica después de 1880, dio origen a una zona de chacareros y de pequeñas ciudades activas. En el último cuarto del siglo XIX el foco original de Santa Fe se desarrolla rápidamente, atrayendo numerosos inmigrantes italianos que explotan las buenas tierras ofrecidas en arrendamiento por las sociedades de colonización. En la periferia del espacio pampeano las "colonias" permiten fijar el poblamiento sobre márgenes ya secos: el pedemonte meridional de la sierra de Córdoba, la franja cultivable del este del Territorio de La Pampa, el suroeste de la provincia de Buenos Aires.
Esas regiones de "colonias" se dedican con exclusividad a los cultivos cerealeros: trigo-maíz en la Pampa húmeda de Santa Fe y al este de Córdoba, solo trigo en el oeste y el suroeste, donde no prospera el maíz. Los chacareros sufren apremios, tanto por sus contratos, puesto que son arrendatarios, como por su endeudamiento con los comerciantes locales, que son a la vez proveedores, prestamistas y acopiadores de las cosechas en beneficio de las compañías exportadoras. De ese modo, antes de 1900 se instala un campesinado agrícola en el marco de la pequeña explotación familiar, de la gran propiedad que recauda su renta territorial y de una economía agrícola especulativa regida por las cuatro sociedades que tienen el monopolio de la exportación y de la producción cerealera argentina. Hoy en día ese campesinado está asentado en zonas rurales de pequeña y mediana propiedad dedicadas a la producción agrícola, las que reproducen los antiguos sectores de colonización. Se lo encuentra en el centro de Santa Fe, en el este de Córdoba, a lo largo del eje Rosario Córdoba, en el pedemonte serrano, al este de La Pampa y al suroeste de Buenos Aires (figura 3) . Por el contrario, la mayor parte del espacio pampeano --un gran sector de la llanura cordobesa, al sur de la provincia de Buenos Aires, y la mitad de las tierras del sector oriental de la de La Pampa-- sigue siendo el dominio privilegiado de la estancia pastoril, un espacio casi sin hombres.
Espacio vacío, reservado a la pradera y a los animales, pero no totalmente improductivo, pues la Pampa tuvo la suerte de haber realizado, desde principios de siglo, una verdadera revolución agrícola en provecho de la producción animal, mientras que los ganaderos de las praderas vecinas del Uruguay y Río Grande do Sul permanecían prisioneros de prácticas puramente extensivas. El sistema de contrato temporario (4 ó 5 años) permitía que un estanciero hiciera roturar una parte de sus tierras, en las que se introducían cultivos de cereales, en general de trigo, y recuperarlas cubiertas de alfalfa, mientras el aparcero, eterno nómade, se mudaba a otro sector de la estancia a otra propiedad para recomenzar el mismo proceso.
Este sistema consolidó la fortuna de la aristocracia pastoril: permitió mejorar las tierras vírgenes, introduciendo pastos tiernos y preservar la fertilidad del suelo alternando cereales y leguminosas, todo ello sin intervención privada y sin esfuerzo de organización del trabajo por parte de los dueños de la tierra, que se limitaban a recaudar su renta sobre la producción agrícola.
Los estancieros conservaron, en cambio, el control directo de la cría en la medida en que, una vez realizada la pesada inversión del alambrado, el manejo del rodeo exige una mano de obra escasa y, por otra parte, tradicionalmente dócil de hombres de a caballo atraídos por la ilusión de libertad que les confiere la nobleza de su tarea. La extensión de la propiedad y la cantidad de ganado otorgan al estanciero tal pesos social que no le resulta conveniente desligarse del control directo de la explotación, aunque en el campo esté representado por un "mayordomo". Interviene directamente, además en el proceso especulativo de compraventa de los animales, sea para las operaciones de transferencia entre las zonas de cría y de engorde, sea para la venta de la producción destinada a los frigoríficos y a los mataderos.
De este modo, a principios de nuestro siglo se afirmó la oposición entre la chacra, cultivada por un colono, explotación de entre 50 y 200 ha, según las condiciones ecológicas originales, y dedicada exclusivamente a la agricultura, y a la estancia, explotación pastoril cuyas dimensiones oscilaban entre 1.000 y 20.000 ó 30.000 ha y que, si bien podían incluir un sector de chacras transitorias, como unidad de producción, estaba orientada exclusivamente a la ganadería de la carne.
La crisis de 1930: reorganización y modernización del sistema de explotación pampeana.
Esta estructura de explotación simple y diferenciada dio buenos resultados en la Argentina mientras el país exportó trigo, maíz y lino en grano, carnes congeladas y lanas, y recibió, en cambio, todo lo que requería para su vida y su equipamiento. El sistema se desploma a partir de la crisis de 1930, aunque el estrato social de los dueños de la tierra y el de los intermediarios comerciales resista con éxito las tormentas económicas. Son bien sabidos los efectos de la serie de crisis bioclimáticas, comerciales y financieras que se escalonaron y en parte se superpusieron entre 1931 y 1936: derrumbe de la producción agrícola y acumulación de la producción animal, ruina de los aparceros y de los arrendatarios, imposibilitados alternativamente para vender o para producir, expulsiones y migración de masas rurales a las ciudades, en especial a Buenos Aires, donde se desarrollan varias industrias amparadas por el proteccionismo.
A pesar de esos conflictos y de la desorganización del mercado internacional, la agricultura pampeana resiste y se reconstituye a partir de 1937 siguiendo dos grandes direcciones. En primer lugar la de la especulación pastoril representada por el abandono del cultivo y retorno al pastizal, principalmente, a la pradera natural. Recuperado el control directo de la casi totalidad de sus tierras, después de haberse deshecho de quienes las explotaban por contrato, la mayor parte de los estancieros consagran en lo sucesivo sus explotaciones a la ganadería extensiva, que sigue el ritmo vegetativo de la pradera y de alfalfares que duran de siete a diez años. No aumenta con ello el volumen de la hacienda: se esteriliza el suelo o, al menos, se lo explota con gasto mínimos. Los altos precios que pagan tanto las naciones beligerantes durante la guerra como los vencedores hambrientos en el período de reconstrucción no contribuyen a que se ponga en duda la validez de un sistema que genera altas ganancias con poco riesgo. Lo mismo sucede en el sector comercial, donde cuatro grandes sociedades ( inglesas, estadounidenses y argentinas) controlan los mataderos y la exportación de carnes congeladas y refrigeradas: su equipamiento industrial (los frigoríficos) no se renueva ni moderniza. Este enorme proceso de desinversión en el sector pastoril consecutivo a la ruptura del sistema clásico de la explotación agrícola temporaria "mejoradora" conduce a la ganadería argentina a una crisis estructural grave, especialmente a partir de la década de 1950, cuando toca a su fin el período eufórico de los mercados cautivos y hambrientos.
El volumen de la hacienda vacuna aumenta muy lentamente a partir de la década del cuarenta, mientras que el consumo interior de carne vacuna, que jamás descendió por debajo de la tasa de 80 kg. per capita, casi se ha duplicado como consecuencia del crecimiento demográfico y de mejores condiciones de vida. De pronto, la capacidad exportadora quedó brutalmente disminuida, mientras que en la década del setenta se desplomaba el sector comercial e industrial llamado de los "frigoríficos", controlado por los anglosajones. El carácter obsoleto de sus equipos y la reducción de sus márgenes de beneficios no les permitía ya intervenir en un mercado altamente competitivo. Con el impulso de empresas nacionales cobra forma una nueva geografía industrial y financiera del matadero, basada en múltiples instalaciones medianas implantadas en las cercanías de las zonas productivas y no ya exclusivamente en el Gran Buenos Aires. Asimismo se busca exportar menos reses congeladas y más trozos refrigerados, preparados para el consumo. No obstante, la ganadería pampeana no deja de estar signada por su extensividad, que subraya el retorno regular de los ciclos de sobreproducción, acompañados por una caída de precios, y de penuria, que provocan alzas excesivas. Esa sucesión de crisis y de períodos de euforia resulta tanto de la estrecha dependencia del pastizal natural, lo que impide el aumento continuo de la hacienda, como de la facilidad con que los grandes propietarios pueden reorientarse de la ganadería hacia los cultivos cerealeros o retener sus animales, según como se presente el año desde el punto de vista climático o comercial.
Pero la gran propiedad pastoril comienza a transformarse, al menos en las regiones del centro y del oeste, donde el engorde es posible. En efecto, la modernización de la ganadería de cría en las praderas regularmente inundadas del sudeste o en la estepa arbustiva y el monte seco del oeste sólo se debe a estancieros aislados; el pastoreo extensivo controlado por un puñado de hombres, sobre diez, veinte o treinta mil hectáreas sigue siendo la regla. Un hecho notorio es el desarrollo de la agricultura para la ganadería desde la década del sesenta. Esta segunda "revolución agrícola" se basa en cultivos forrajeros que asocian los cereales de invierno (especialmente centeno) y de verano (maíz, sorgo) --pastoreados a campo-- con praderas compuestas tanto por gramíneas y leguminosas de ciclos alternados, como por especies perennes. Algunos practican incluso el ensilado para alimentar a sus animales en épocas de seguía. Este movimiento de modernización es reciente y viene a continuación de un pronunciado reflujo de la ganadería debido a la prolongada ausencia de inversiones en el sector. Todavía parece afectar sólo a una minoría de grandes propietarios y sus efectos comienzan apenas a percibirse en la producción animal.
Es preciso reconocer que tal política de inversiones y de modernización debió adaptarse a una estrategia económica general que no favorece a las explotaciones más dinámicas. Desde los años cincuenta consiste en hacer pagar globalmente al sector agropecuario el costo del esfuerzo de industrialización y de equipamiento del país. Intervienen por lo menos tres mecanismos: el Estado cobra impuestos sobre las exportaciones de los productos agropecuarios; introduce tasas de cambio diferenciales, e impone precios de referencia para el mercado interior todavía más bajos que los precios internacionales. Se trata de mantener muy bajos los precios de la producción de mercaderías alimenticias básicas (carnes, cereales, oleaginosas) de modo que los sectores de la industria y los servicios puedan permitirse tasas de remuneración a los asalariados sensiblemente inferiores a las aplicadas en los grandes países industrializados. Por el contrario, los bienes de origen industrial destinados a los productores --en su mayor parte fabricados en la Argentina- se ofrecen a precios elevados y desde hace treinta años no hace sino crecer la brecha entre los precios agrícolas y los precios industriales, salvo cuando se producen raras pausas o alteraciones circunstanciales de tendencia vinculadas con coyunturas políticas. Esa estrategia afecta, sin lugar a dudas, al conjunto de la producción y de las explotaciones pampeanas, pero se traduce de distinta manera para los grandes propietarios, y para los pequeños y medianos productores. Aquellos disponen de vastas superficies para sacar beneficios a pesar de los bajos precios unitarios que se ofrecen a la producción; se contentan con limitar sus inversiones a las deducibles impositivamente, variables según la coyuntura.
Los pequeños productores, al no sacar provecho de la extensión que, en términos de ingreso global, multiplica los menguados márgenes unitarios, se ven obligados a buscar una productividad mayor por hectárea a través de una política de inversiones que pronto encuentra sus límites en el costo excesivo del equipamiento.
UN EXTRAÑO RETRASO (1520-1880)
Esta Pampa que acabamos de describir y analizar desde la perspectiva de su producción, esa llanura uniforme e insondable, hoy tierra agrícola, fue ámbito de peligro y fuente de angustias para el conquistador que la abordaba. Ese rostro uniforme y velludo de la Argentina, más allá de la vista no ofrecía más que soledad, peligro, salvajes, muerte, según lo percibía Sarmiento en pleno siglo XIX. Todavía más temible se presentaba a los ojos de los españoles. Capaces de franquear los mares y de remontar los ríos, seguros incluso en los valles y en los desfiladeros montañosos que desembocaban en vegas pobladas, cultivadas o aprovechables, los españoles experimentaban, sin embargo inquietud y confusión frente a ese océano de pastos altos. Se ha hablado de vértigo horizontal: la mirada no encontraba ninguna marca, la sed acechaba al viajero, la planicie se hallaba desesperadamente vacía de hombres hasta el momento en que surgía una horda de indios, reunidos furtivamente para la rapiña o el parlamento.
Buenos Aires sólo es una cabeza de puente del imperio hispánico implantada en el Atlántico sur. A lo largo de dos siglos un estrecho cordón umbilical, una huella precaria que cortaba las ondas de la pradera, la vinculaba con los centros activos de la Colonia, con las mesetas andinas del Potosí a través de los valles y pedemontes del Tucumán.
Buenos Aires es una ciudad puerto marginal y tolerada. Excluida del circuito imperial del Pacífico y de las Indias occidentales, no cuenta con un hinterlad pampeano antes de finales del siglo XVII. La historia cambia entonces su rumbo y la Pampa entra por primera vez en los circuitos económicos mundiales: el boom del cuero le ofrece una existencia autónoma y la Pampa se transforma entonces en territorio de caza: de caza de bovinos que se han multiplicado a partir de las primeras introducciones de mediados del siglo XVI. La reserva de animales cimarrones se agota en pocos decenios y la depredación cede su lugar a una explotación del ganado sobreviviente: hay apropiación del mismo, se lo cría…Ha nacido la estancia y con ella el problema de la tierra, el de su control, el de la competencia con el indígena por los animales y por el dominio del espacio. El proceso de conquista del suelo y de su valorización pastoril comienza a fines de siglo XVIII; desde entonces progresa lentamente, ya que la demanda exterior es débil todavía, limitada, por razones técnicas, al cuero y la carne salada. ¡Lentamente y con cuanto retraso! ¿Cómo compara, en pleno siglo XIX, esa "civilización del cuero" que pinta Sarmiento con la revolución agrícola que domina Europa y alcanza a la América Anglosajón? ¿Cómo compararla con la civilización industrial que se afirma a ambos lados del Atlántico norte?
En el último cuarto del siglo XIX, al agigantarse las necesidades de cereal y carne de la Europa industrializada y cuando los medios para responder a ellas cobran la misma amplitud, el proceso cambia radicalmente su forma y su ritmo para dar nacimiento, al cabo de dos décadas, a la Pampa de hoy. Pero es una Pampa que hasta nuestros días sigue marcada por el sello indeleble de las relaciones sociales y de las estructuras territoriales desarrolladas a lo largo de esos dos siglos de prehistoria pampeana, cuando la Argentina parecía vivir con un extraño retraso.
I. EL ESPAÑOL ANTE LA PAMPA INDIGENA (SIGLOS XVI-XVIII)
Capítulo 1
LA ERA DE LA VAQUERÍA (SIGLOS XVI-XVII)
Veintitrés años después del descubrimiento de América, Juan Díaz de Solís exploró el Río de la Plata, donde fue muerto en 1516. En 1526 Gaboto remonta el Río Paraná en busca de la ciudad de los Césares. Por primera vez el conquistador se asienta en territorio pampeano cuando, en 1527, instala el fuerte de Sancti Spíritu en la desembocadura del Carcarañá: tentativa efímera, como lo fue la primera fundación de Buenos Aires en 1536. Será desde Asunción, sobre el Paraguay, fundada en 1537, y convertida en una base sólida, desde donde los españoles retornarán a instalarse definitivamente en la futura capital de la Argentina con Juan de Garay, quien establece el asiento en 1580, después de haber fundado Santa Fe en 1573.
Habrá que esperar, pues hasta el último cuarto de siglo para que los españoles implanten algunos puntos de apoyo sobre la ribera pampeana del Paraná y así vinculen el río y su estuario con su imperio continental, establecido en el macizo andino a partir de las costas en el Océano Pacífico. En el ínterin España vivió muchos sinsabores tratando de encontrar una conexión terrestre directa entre el Río de la Plata y el Perú a partir de Asunción, a través de un chaco particularmente inhospitalario. Por eso se celebra que en 1673 ya se pueda reconocer una huella que une Córdoba con Santa Fe; en 1583 Córdoba queda, además, vinculada con Buenos Aires. En efecto, fue en 1573 cuando Cabrera fundó Córdoba al pie de la sierra ocupada por los Comechingones, a orillas del río Primero: la ciudad señalaba el extremo del avance de las columnas que descendían de las altas mesetas andinas. (1) Los territorios que hoy constituyen la Argentina central y del Noroeste fueron conquistados por expediciones destinadas a extender el imperio peruano y a asegurarle bases de aprovisionamiento y puntos de apoyo sobre el pedemonte oriental de los Andes. En ese marco se fundaron, entre otras, las ciudades de Santiago del Estero en 1553; Tucumán, en 1565; Salta, en 1582 y Jujuy, en 1593. A la vez, provenientes del centro de Chile, los conquistadores se instalaron en el pedemonte cuyano, (Mendoza, 1561; San Juan, 1562) así como al pie de la sierra que enmarca al este la planicie subandina (San Luis, 1594).
A fines de siglo, y bajo la autoridad de la Audiencia de Charcas, se establecen definitivamente los límites entre las intendencias del Tucumán y del Río de la Plata (con capital en Buenos Aires esta última), que dividen a ojo la planicie pampeana, a mitad de camino entre Córdoba y el Paraná.
Más al sur nadie se aventuraba; la presencia del español (aún puntual o episódica) terminaba en el extremo meridional de los macizos de San Luis y de Córdoba y a lo largo de la huella trazada entre Córdoba y Buenos Aires siguiendo el curso del Río Tercero y los bordes del Paraná (figura 4). En realidad esto ocurría porque era sabido que no se podía sacar provecho alguno de una incursión arriesgada por esos parajes desconocidos y desiertos y no por temor al indígena, que todavía no tenía importancia en la Pampa, a diferencia de lo que sucedía en los valles y cuencas andinos.
El indio antes del español
Pretender reconstruir el poblamiento indígena en la Pampa en el momento de la llegada de los españoles es todo un desafío. Los indios que hallaron los españoles fueron pocos y mal conocidos, y únicamente en la región comprendida entre el Paraná y la sierra de Córdoba. Distintas serán las cosas en los siglos siguientes, en perjuicio de los conquistadores.
Rosenblant limita el número de indios en del Litoral a unos 20.000, lo que representaría el diez por ciento de la población indígena que él atribuye a los territorios incluidos dentro de las actuales fronteras de la Argentina. Si bien existen argumentos para discutir esta última estimación, muy controvertida, no ocurre lo mismo en el espacio de la Pampa, del cual nada se sabe. De todos modos, lo importante es señalar la debilidad de la cifra, que casi equivale a "nadie" sobre un territorio tan vasto. Bien es cierto que los indígenas, vivían entonces en estrecha simbiosis con el macizo andino, sus valles y su pedemonte. La planicie herbácea, demasiado vasta, demasiado desprovista de abrigos y de recursos inmediatos les resultaba tan hostil como a los conquistadores. El indio de la Argentina, en el sentido actual de esta denominación política, es un hombre de la sierra, no de la llanura.
Este constituye un dato fundamental. Los españoles no encuentran mano de obra disponible en la Pampa, de lo que se quejan amargamente. (2) Rodríguez de Valdez y de la Banda se queja en 1599 de que en Buenos Aires todo lo debe hacer uno mismo: allí reina una gran miseria pues "los indios de esta tierra no tienen casas ni asientos".)
Aquí no se puede utilizar la encomienda, ni en Buenos aires ni en Santa Fe, y en consecuencia, la explotación del suelo resulta imposible. Los pocos indígenas que pueblan el sector son cazadores y pescadores nómades, casi inasibles en sus movimientos a lo largo del Paraná y de alguno de sus afluentes. Tal es el caso de los querandíes, que circulan entre el Carcarañá y la actual Buenos Aires a lo largo del Paraná y, recorriendo la Pradera hasta el Salado. Veloces corredores y hábiles guerreros, saben además confundirse con el paisaje y escapan al dominio español. Más al norte, después de la primera sorpresa,(3) Ulrich Schmidel, el cronista del Río de la Plata (46) nos ha dejado el testimonio de las grandes trifulcas (¿de que otro modo llamarlas?) producidas en 1536 en torno de Corpus Christi. Fueron pronto olvidadas por los protagonistas a partir del momento en que los españoles sobrevivientes se resignaron a dejar vivir en paz a los indígenas.los sedentarios y apacibles timbúes tampoco se dejan dominar. Sin embargo, todos los testimonios concuerdan en que a partir del momento en que el puñado de conquistadores, por un reflejo de superviviencia, se resignó a "ignorar" a los indígenas, estos, igualmente poco numerosos y con el espacio a su favor, dejaron a su vez en paz a los españoles, desapareciendo de su vista por un siglo."
Buenos Aires, ¿cabeza de puente o callejón sin salida?
Los difíciles comienzos de la ciudad-puerto.
Es un siglo mediocre a lo largo del cual Buenos Aires y Santa Fe vegetan. Los conquistadores son apenas un puñado: como ya lo dijimos, Konetzke estima en 3.243 el número total de españoles que participaron en el conjunto de las expediciones del siglo XVI al Río de la Plata, donde la mayor parte sucumbió y cuyos sobrevivientes se establecieron alrededor de Asunción.
A fines de ese siglo solo 260 personas refluyen por el Paraná desde esa ciudad; 60 fundan Buenos Aires en 1580: un puñado, en verdad. Muchos de ellos son ya mestizos. En torno del puerto se aglomera un pequeño núcleo de "blancos" (500 en 1602, de los cuales 82 son "hombres de armas") entre quienes los portugueses, provenientes del Brasil, poco a poco ganan lugares. Ante la carencia de indígenas se recurre a los esclavos negros, los que se emplean tanto en las tareas domésticas como en la producción de cereales en las pequeñas explotaciones que rodean el núcleo habitado. Ya en 1526 Gaboto había sembrado trigo en Corpus Christi y Mendoza había introducido la cebada y la avena en Buenos aires. Esas pocas parcelas de quintas y chacras del éjido de Buenos Aires alcanzan apenas a cubrir las necesidades de aprovisionamiento de la aldea. Para comprar esclavos al Brasil, tráfico tolerado o autorizado por la Corona. (4) La Real Cédula de 1587 autoriza el tráfico directo con el Brasil; la de 1595 lo prohíbe, pero concede un asiento negrero para 500 esclavos, base evidente para el contrabando. En 1602 Buenos Aires es autorizada a cambiar harina, carne seca y sebo por negros del Brasil, y lo mismo sucede en 1606, 1608, 1614, etcétera) -es preciso exportar mercancías que Buenos Aires no produce y debe adquirir en Córdoba. (5) Garzón Maceda (76) señala que entre 1597 y 1601 Córdoba vende trigo y harina al Brasil a cambio de negros, a la vez que aparecen numerosas sociedades comerciales que, nutridas por capitales portugueses, aseguran ese tráfico a través del puerto de Buenos Aires y revenden los esclavos en Tucumán y Chile. )
De ese modo se va DISEÑANDO EL DESTINO COLONIAL DE Buenos Aires, antepuerto de Córdoba, que constituye su verdadero hinterland. Córdoba, terminal de las rutas del Tucumán y de Chile, a través de Cuyo en este último caso, es el verdadero núcleo comercial, el centro de intercambios del flanco del Atlántico sur del imperio español. Buenos Aires no es más que el puerto de atraque y expedición. Un puerto original, tolerado en el marco de un sistema imperial cerrado, monopolista, controlado por la Casa de Contratación de Sevilla, que reservaba todo el tráfico colonial a los puertos de Portobelo, Cartagena, Veracruz y La Habana. En este sistema, bien conocido, el Tucumán y hasta el Río de la Plata representaban la extremidad meridional, sin salida del dispositivo. Pero no se podía desdeñar la inclinación al lucro y la habilidad de españoles y criollos, estimulados por la cercanía, al norte del Plata., del imperio portugués. Sobre todo teniendo en cuenta que, por esa misma razón , la Corona debía conservar el control del estuario marino, única y tentadora abertura hacia el corazón del continente al sur del Amazonas. Por lo tanto, era preciso dejar que los habitantes del puerto, los porteños, pudieran subsistir y hasta prosperaran.
De ese modo se explica que, a pesar de una reglamentación restrictiva, una parte de la plata del Potosí, que Braudel estima en un 20 por ciento, (6) Braudel (62). Conviene recordar que viajar de Potosí a Lima requería cuatro meses, contra solo dos que insumía el trayecto de Potosí a Buenos Aires. ) haya tomado el camino de Buenos aires a través de Tucumán y Córdoba. Para las regiones económicamente activas del noroeste argentino y para el mismo Potosí se trataba de adquirir vía el Palta los productos europeos a un costo mucho menor que el resultante de la interminable ruta de Lima. Esa tolerancia oficial, multiplicada por el contrabando, origina el surgimiento del capitalismo comercial en Buenos Aires. Al principio son mercaderes portugueses quienes, a cambio de dinero, introducen esclavos, y también aceite y azúcar, del Brasil, además de objetos de hierro, telas y ropas de procedencia europea. Por las buenas o por las malas esos negociantes se alían con los propietarios criollos y con los funcionarios españoles que los autorizan o los toleran., o bien se dejan sobornar. De esta forma nace la vocación mercantil de centro de importaciones y exportaciones de la ciudad en beneficio de las regiones andinas del noroeste, a la vez que surge un grupo dirigente urbano, que más tare, cuando pueda sacarle beneficios, controlará el campo.
La Pampa, una travesía peligrosa para los españoles.
Lo cierto es que durante el primer siglo de la Colonia el campo pampeano no presentaban ningún interes: no producía nada, no ofrecía nada que pudiera exportarse. Por su lentitud y su reducido volumen, la navegación atlántica sólo podía optar por mercaderías de alto valor y de un peso o tamaño mínimos, como los metales preciosos. Por esa razón, las exportaciones de trigo o de harina, a su vez limitadas y esporádicas, no pasaban del Brasil. Además, ¿de que hubieran servido en Europa? Aún en tiempos de escasez o de hambruna hubieran llegado demasiado tarde y en mal estado.
Durante los siglos XVI y XVII los conquistadores casi no penetraron la llanura salvo, ya lo señalamos, para vincular Córdoba con el Río de la Plata. La huella no es más que una amplia franja de tierra donde las lluvias y los vientos nunca llegan a borrar totalmente las profundas zanjas trazadas por el enorme par de ruedas de imponentes carretas tiradas por cuatro o seis bueyes. Bordea el río Paraná a buena distancia del mismo, fuera del alcance de sus inundaciones, hasta la altura de San Nicolás; se aleja entonces hacia el noroeste, pasando por Esquina y Melincué, hasta alcanzar Cruz Alta, en el río Tercero, al que luego abandona para dirigirse al norte, hacia Córdoba, atravesando el Río Segundo (figura 4). Otra huella remonta el río Paraná hasta Santa Fe, centro de intercambios con el Paraguay y las reducciones del Alto Paraná.
En dirección a Mendoza y Chile, la huella de Córdoba bordea el pedemonte hasta Río Cuarto, desde donde rumbea hacia el oeste, pegada a la sierra, por San José de la Esquina, El Morro y San Luis. La travesía de las 190 leguas (950 km) que separan Córdoba de Buenos aires constituye una verdadera expedición que se emprende en caravanas organizadas, cuyas fechas se anuncian con anticipación.
Los comerciantes fletan convoyes de carretas, cada una de las cuales tiene una capacidad individual de unas 200 a 228 arrobas (2.200 a 2.500 kg. de promedio) y que, a veces, "cargan" viajeros, a razón de cuatro con su equipaje por carreta. A una velocidad de unos treinta km por día, se necesita un mes para efectuar la travesía. Incluso el correo de a caballo, acompañado por animales de recambio, tarda no menos de una semana. (7) Martín de Moussy (91) describió, ya en el siglo XIX, esas lentas travesías que, en condiciones casi idénticas, seguían la misma huella trazada a lo largo de siglos. )
Vacunos y caballadas invaden la pradera.
Si
bien se eligió un intinerario que bordea el Paraná y uno de
los pocos ríos pampeanos y que atraviesa una serie de lagunas, el agua
es a veces difícil de encontrar, a diferencia de la carne, que abunda.
Y no solamente la de los venados: la Pampa del siglo XVII se vio conquistada
por rebaños salvajes de bovinos, descendientes de las primeras sueltas
de animales realizadas, sin duda entre 1573 y 1580, por Garay, además
de las introducciones que entre 1550 y 1552 recibió Santiago del Estero
provenientes de Coquimbo y de Potosí. Garay arreó desde Asunción
500 vacunos y 1.000 caballares, descendientes de un rebaño llevado
a Asunción desde la colonia portuguesa de San Vicente (Santos) y originaria
de las islas de Cabo Verde. Los animales del noroeste provenían del
perú y registraban su remoto punto de embarque español en las
Canarias. De esta manera, desde Córdoba, Santa Fe y Buenos aires se
expandieron vacas y toros por toda la Pampa o, por lo menos, por todo el espacio
pampeano donde existían arroyos o lagunas. (8) Señalemos
al pasar que el poblamiento bovino de la Mesopotamia se realizó a partir
de un plantel de 1.500 cabezas embarcado en Asunción para Corrientes
después de la fundación de esa ciudad en 1588. Cuando fueron
expulsados, los jesuitas habían reunido en sus reducciones del alto
Uruguay y del alto Paraná más de 400.000 vacunos )
Los
españoles del río de la Plata prefirieron los vacunos a los
ovinos porque estos últimos exigían abundante mano de obra para
la esquila, mano de obra que, ya los sabemos, no existía. Ovinos de
la raza española churra (la exportación de merinos se hallaba
prohibida) alcanzaron, con todo, el Noroeste hacia 1550 desde el perú.
Los trabajos vinculados con la cría de vacunos se realizan a caballo
y presentaban en esa época algunos riesgos: en consecuencia los españoles
no los consideraban deshonrosos como la labranza o la misma esquila. Por otra
parte es preciso recordar que la metrópoli se reservaba la esquila
de la lana de los merinos, factor que contribuye a explicar el rechazo de
esa actividad pastoril. El gusto por los animales mayores se encuentra también
reforzado por las costumbres alimentarias, que rechazan la carne de cordero.
En lo relativo a los caballos preciso es recordar que se expandieron muy rápidamente en la Pampa, aunque mas no sea porque los españoles, que se negaban a montar yeguas, las dejaron en total libertad. El origen del rodeo parece provenir directamente de los caballos abandonados por los conquistadores después de la primera fundación de buenos aires. Los vacunos salvajes se multiplicaron y prosperaron porque, durante muchas décadas, nadie les prestó atención, ni siquiera los indígenas, que habían adoptado el caballo a principios del siglo XVII y habían hecho de él su alimento principal.
Pretender estimar el volumen de ese rebaño es librarse a conjeturas vanas. Se ha hablado de muchos millones de cabezas, a la vez que Coni propone la cifra de 3000.000 en 1742, es decir en el momento en que se acaba la explotación "minera" de esos animales, comenzada a mediados del siglo XVII y que analizaremos más adelante. Sea como sea, el hecho de que desapareciera ese ganado, víctima de las vaquerías, que nunca deben de haber eliminado más de 100.00 cabezas los años de mayores matanzas, nos incita a restringir sensiblemente las estimaciones y a pensar que el rodeo pampeano salvaje no debía sobrepasar el millón de cabezas en el siglo XVII, especialmente teniendo en cuenta que habían un competidor de buen apetito, el caballo, y que las sequías debían provocar grandes mortandades por falta de agua y/o pastos.
Las grandes vaquerías del siglo XVII
Las primeras vaquerías, campañas de sacrificio de animales que se habían vuelto salvajes (cimarrones), parecen remontarse a 1602 en Córdoba y a 1608 en Buenos Aires.
¿Qué és una vaquería? En cierto modo se la puede describir como una cacería de vacunos realizada por un grupo de hombres de a caballo con la ayuda de una buena jauría de perros. Armados con un desjarretador, cuchilla fijada en la punta de una lanza, los cazadores cortaban los tendones de los animales, que se desplomaban así en tierra. Volvían luego a degollarlos y desollarlos. Los cueros se secaban al sol, estirados entre estacas, repetidamente barridos y golpeados con ramas para eliminar los insectos. Además del cuero se recogía el sebo de los animales. En muy contadas ocasiones se conservaba la carne, secada al sol o cubierta de grasa; en la mayor parte de los casos el cuerpo del animal era abandonado en pleno campo a las fieras, principalmente los pumas, y a los perros cimarrones. Los primeros años, a fines del siglo XVI, se trataba solamente de recuperar los animales que se suponía habían escapado del control de su propietario. Pero luego las vaquerías se transformaron en verdaderas expediciones que batían el campo con una tropa numerosa de sólidos jinetes, capaces de afrontar tanto a los toros salvajes como a los indios, en caso de encontrarlos…Individuos de este temple no se reclutaban ni entre los esclavos ni entre los indígenas sometidos ni entre los orgullosos españoles, poco inclinados a enfrentar riesgos tan poco gloriosos: de este modo se constituye una capa social nueva de hombres de a caballo, cazadores de animales, a partir de elementos marginales, generalmente mestizos. De hecho, esos hombres pudieron preservar su libertad viviendo en el campo, a lomo de caballo y participando de tanto en tanto en esas expediciones que representaban una actividad remunerada reservada a los hombres libres. Más tarde, en el siglo XVIII, la desaparición del ganado cimarrón planteará a los que pronto se llamarán gauchos el difícil problema de la conservación de su género de vida. Volveremos sobre el tema.
Por el momento, sobre el filo del siglo XVII, las vaquerías se convierten en verdaderas expediciones sometidas a las autorizaciones del Cabildo. Estas se acuerdan a los descendientes de los primeros colonizadores, beneficiarios de las tierras distribuídas por Garay, en virtud del principio que afirmaba que se trataba de ganado doméstico escapado del control de sus propietarios y, en consecuencia, dependiente de la autoridad del Cabildo, que podía disponer de él en beneficio de aquéllos.
Poco a poco cada uno recibió una "acción" de vaquería que especificaba el volumen, la zona y el período (generalmente el verano) autorizados. También poco a poco la " acción" se transmite con la propiedad de la tierra, creando un derecho hereditario sobre una cantidad determinada de animales.
Esta forma de explotación se desarrolla en Córdoba y, sobre todo, en Buenos Aires a lo largo del siglo XVII. Al principio el cuero sirve sólo como embalaje y materia prima para el artesanado local, pero, poco a poco, Europa se convierte en mercado receptor y son cada vez más numerosos los buques autorizados a cargar cueros en Buenos Aires, sin contar el contrabando, difícil de estimar. Entre 1600 y 1625 sólo se expiden unas 27.000 pieles en total, pero en la segunda mitad del siglo las exportaciones alcanzan un promedio anual de 20.000 cueros. La vaquería es ahora una verdadera empresa. Muchas veces, los beneficiarios de una "acción" y de una autorización de exportación son los mismos. De ese modo entre los primeros propietarios se constituye un grupo social de negociantes de cueros…y de otras mercaderías. Ese grupo exclusivo, vinculado con la exportación, amasa rápidamente capitales importantes, que le permiten montar verdaderas expediciones, muy costosas pues comprometen por cinco o seis meses a todo un tren de carretas y numerosos jinetes. Hasta alrededor de 1650 no se llega más allá de Luján o Magdalena, pero a medida que la matanza se incrementa, es preciso alejarse cada vez más de Buenos Aires, lo que encarece las operaciones.
Paralelamente el mismo grupo social se preocupa por apropiarse de una parte de los animales cimarrones marcándolos. A partir de 1606 el Cabildo comienza a reglamentar la explotación de los vacunos, no solo emitiendo "acciones" de vaquería sino también favoreciendo la apropiación privada al prohibir la venta o la matanza de animales sin marca. En 1609 unos cuarenta descendientes de los primeros colonizadores se ven beneficiados por ese derecho de marca. Unos años antes, en 1604, se habían instituído el registro de marcas obligatorio. De ese modo se va organizando poco a poco toda una reglamentación tendiente a privilegiar a un grupo reducido que monopoliza a la vez los rebaños , la caza de los animales cimarrones y las posteriores operaciones de exportación.
Por el momento, conviene destacarlo, nadie se interesa por la tierra: sólo tiene valor el animal, como objeto de caza o de apropiación. Cuando, a fines de siglo, la reserva de vacunos salvajes se agote, el mismo grupo se esforzará entonces por apropiarse de la tierra para controlar el ganado sobre una base territorial.
De la "caza" a la propiedad de los animales:
Génesis de la estancia
Para que se lleve adelante tal política es preciso esperar que se incrementen vertiginosamente los requerimientos del mercado europeo. Después del primer cuarto de siglo XVII, Buenos Aires muestra marcados signos de estancamiento. La marina holandesa se adueña del control del Atlántico sur e interrumpe con frecuencia las relaciones entre la península ibérica, el Brasil y el Río de la Plata; la producción de las minas del Potosí experimenta una marcada caída; la separación de las coronas portuguesa y española afecta sensiblemente a los negociantes portugueses de Buenos aires y de Córdoba, así como el comercio directo con el Brasil; por su parte, la Europa occidental, excepción hecha de las provincias Unidas y, luego, de Gran Bretaña, cae en una larga frase depresiva y no ofrece un mercado dinámico. A fines del siglo XVII la instalación de los portugueses en la Colonia del Sacramento, sobre la margen norte del río de la Plata, y las disposiciones del tratado de Utrecht (1713) modifican sensiblemente las condiciones del tráfico comercial de Buenos Aires. Entonces se produce un verdadero boom de las exportaciones de cueros que provoca profundos cambios en la explotación pampeana, resumibles en una sola frase: la creación de la estancia de cría.
En el siglo XVII las primeras estancias se habían orientado hacia la cría del caballo, al que había que domesticar y domar, y de la mula, que tenía su mercado en las empresas mineras del Potosí. En Buenos Aires, las suertes de estancia habían sido distribuidas por sorteo por Garay entre los primeros colonos: constituían rectángulos alargados de 3.000 varas (media legua, unos 2.500 metros) de frente por 9.000 varas de fondo, dispuestas con el frente sobre el curso de un río. Esas 1.875 hectáreas no representaban entonces una propiedad de grandes dimensiones: podían soportar, como máximo, unas 800 ó 900 cabezas de ganado. Es así como esas parcelas se concentraron rápidamente en las manos de los principales comerciantes, accionistas y registreros a la vez. (10) Propietarios, a la vez, de una acción de vaquería y de una licencia para exportar en un navío de registro autorizado por la Corona a abordar el puerto de Buenos Aires.)
La cría y la venta de mulas aseguraron la fortuna de los estancieros del siglo XVII. Bestias de tiro, de carga y de carne, las mulas son la providencia de las altas mesetas andinas.
Provienen de las tierras bajas húmedas o irrigadas de las cuencas subandinas, donde se las prepara para soportar el largo ascenso hacia el altiplano. La demanda es tal que la región del Noroeste no da abasto para proporcionarlas y los valles y el pedemonte de la sierra de Córdoba se transforman en una zona de cría de gran importancia. En las mulas se origina la fortuna de las estancias organizadas por los jesuitas al pie de la sierra y, más tarde, ya lo veremos, de la de Candioti en Santa Fe.
Como se trata de un híbrido, es decir de un animal que debe su existencia al hombre, la mula es necesariamente objeto de cría y exige la constitución de estancias. Se encuentra, pues, en el origen de esa forma de explotación del suelo que, sin embargo, no alcanza su pleno ejercicio y su perfil casi definitivo sino en el curso del siglo XVIII, cuando se extiende al conjunto del ganado bovino.
De hecho, en
el siglo XVIII el tráfico de mulas hacia Salta y el Potosí –que
se mantuvo hasta el filo del siglo XX-- (11) En su tesis, Pierre Denis,
después de haber recorrido los valles Calchaquíes en 1912 describe
la supervivencia de ese tráfico en Santa María (3). )
sufrió una sensible declinación en la periferia pampeana en
beneficio de la explotación en gran escala de cueros de vacas y toros.
Entonces se organizaban las estructuras territoriales y sociales que van a
marcar con su impronta todo el futuro de la Pampa argentina.
Capítulo 2
EL NACIMIENTO DE LA ESTANCIA (SIGLO XVIII)
En el siglo XVIII el Río de la Plata adquiere mayor importancia en el sistema colonial español como consecuencia del auge de la navegación en el Atlántico sur. La región del Plata constituye entonces un flanco particularmente vulnerable –en contacto directo con el dominio colonial portugués—de un imperio atacado desde todas partes. La penetración portuguesa hasta la ribera nordeste (la Banda Oriental) del río de la Plata y del río Uruguay –tras la cual se perfila Inglaterra-- obliga a España a reforzar su presencia y, por ende, su aparato administrativo y sus fuerzas armadas, en un sector que ya no es un "callejón sin salida" del Imperio sino que se ha transformado en una puerta de entrada codiciada. (1) Se puede observar un desplazamiento estratégico de la penetración portuguesa. Detenidos en su avance continental –las incursiones de los bandeirantes al Paraguay—empuja hora hacia el sur, por tierra, hasta Colonia, en la margen izquierda del Río de la Plata. Pero, ¿acaso sus lazos con Inglaterra, no le hacen prever también una estrategia marítima?)
El movimiento culmina en 1776 con la creación de un virreinato: Buenos Aires es entonces la capital de todas las tierras hispánicas de la cuenca del Plata y de las mesetas andinas meridionales. Por entonces, Buenos aires ya no es sólo un puerto sino también un "campo" extenso, en proceso de poblamiento y valorización.
Esa ampliación territorial está en relación directa con el desarrollo del comercio marítimo. En la primera mitad del siglo los requerimientos europeos de cueros crecen fuertemente, a la vez que las vaquerías adquieren tales dimensiones que agotan el ganado accesible. Es preciso encarar la ocupación del suelo para controlar y explotar los animales sobrevivientes. También es necesario defender esas tierras y esos bienes contra las incursiones de los indígenas, privados de sus fuentes de aprovisionamiento después de haberse visto atraídos a la Pampa por la densidad del ganado errante. De esta forma se constituye una sociedad rural original que dominará el espacio pampeano en el curso del siglo XIX.
EL AUGE DE LAS EXPORTACIONES DE CUEROS
Apertura y consolidación del puerto de Buenos Aires
A diferencia de lo sucedido en el siglo precedente, a lo largo del siglo XVIII Europa vivió un crecimiento económico sostenido, caracterizado por una fuerte alza de la producción, del consumo y de los precios. El tratado de Utrecht, que entreabre oficialmente una puerta a los nuevos dueños del mar, y las Ordenanzas reales de 1795 y de 1797, que amplían esa apertura, permiten al puerto de Buenos Aires integrarse a las nuevas y poderosas corrientes de intercambio que desembocan en esa Europa atlántica en plena expansión. Por su lado, el Virreinato del río de la Plata, que hacia 1800 agrupa a cerca de un millón de habitantes, comienza a representar un mercado digno de interés. Ya se ha constituído una clase de comerciantes especializados, formada por consignatarios de sociedades comerciales españolas. Ahí figuran algunos de los apellidos más representativos de la aristocracia pastoril pampeana de nuestros días, como los Anchorena, Alzaga, Ugarte, Larrea o Santa Coloma. A ellos debe sumarse un grupo ya establecido de comerciantes independientes (el censo de 1778 señala 52) que llegan a ser agentes marítimos y luego armadores, como Tomás Romero, y que ocuparán un lugar decisivo en la vida económica y política de la ciudad durante las luchas por la Independencia.
La exportación de cueros alcanza oficialmente un promedio anual de 75.000 unidades en el primer cuarto del siglo XVIII, para disminuir algo a continuación y duplicar ese volumen a mediados de siglo (150.000 unidades por año entre 1748 y 1753, según Giberti). Hay que agregar a estas exportaciones las de grasa y de sebo, pero las de carne seca siguen siendo excepcionales. Ese vigoroso impulso que reciben las exportaciones de cueros se vincula con una intensificación de las compras, especialmente de esclavos colocados en el mercado de Buenos Aires por los asientos concedidos a los ingleses y a los franceses así como de mercaderías importadas por medio de "navíos de permiso" a partir de 1713. La continuación de las actividades mineras en el siglo XVIII permitió que el Perú, con sus exportaciones de plata, continuara siendo el principal comprador de esclavos y de productos de conytrabando (que eluden en mayor o menor medida la aduana, trasladada primero a Córdoba y luego a Jujuy, a la entrada de la quebrada de Humahuaca, que da acceso al Altiplano).
A fines del siglo XVIII las exportaciones de productos derivados de la explotación animal muestran un progreso sorprendente. Al suprimir el impuesto sobre las carnes, cuernos, lanas y grasa y reducir un mínimo el correspondiente a los cueros, el reglamento de 1778 viene a legalizar plenamente un comercio que muy a menudo tomaba las vías del contrabando marítimo más o menos tolerado. Súbitamente las exportaciones oficiales de cueros crecen vertiginosamente: de 150.000 piezas anuales registradas en los años cincuenta, pasan a 800.000 a partir de 1778 y a 1.400.000 después de 1783, para estabilizarse en alrededor de 700.000 en los años noventa. (2) Las cifras se refieren al conjunto de las exportaciones de cueros provenientes de la campaña de Buenos aires, de los territorios del Litoral y de la Banda Oriental del Uruguay, todos, al menos teóricamente, sometidos a la jurisdicción de Buenos Aires)
Las primeras exportaciones de carne salada:
Las reses, por su parte, continuaban pudriéndose en la llanura, hasta que al filo del siglo cobra forma la primera transformación industrial de la carne, al principio entre colonia y Montevideo y después en Buenos Aires, con la elaboración industrial de la carne, al principio entre Colonia y Montevideo y después Buenos aires, con la elaboración masiva de la carne salada. Las primeras exportaciones conocidas son de 1785 y tuvieron como destino La Habana, ya que la carne salada se reservaba a los esclavos de las plantaciones azucareras. En 1796, sobre la margen septentrional del río de la Plata ya se pueden contar 27 unidades productivas, los saladeros, que exportan 71.178 quintales de carne salada y emplean un millar de hombres. En la década siguiente (1800-1810) las exportaciones oscila en unos 100.000 quintales por año. (3) Se trata de quintales de 45,94 kg. El testimonio esencial es de Félix de Azara, ampliamente utilizado por todos los especialistas en historia de la ganadería y especialmente por Giberti. El detalle de las exportaciones para el primer semestre de 1806 pone de manifiesto la limitación del mercado (colonias con fuerte densidad de esclavos en plantaciones) y su extensión: La Habana, 18.777 quintales; colonias extranjeras (no españolas): 13.380; Brasil 10.390; Estados Unidos: 6.150; Africa: 1.500 (avituallamiento para los barcos negreros). )
Deben aguardarse a 1810-1815 para que aparezcan en los alrededores de Buenos Aires las primeras grandes empresas que anuncian la era saladero, que fundamentará la riqueza de Buenos aires, en los dos primeros tercios del siglo XIX.
A fines del siglo XVIII el volumen de las exportaciones portuarias, considerable merced a la magnitud de la matanza de vacunos y las actividades correlativas de transformación elemental, pone de manifiesto que en la segunda mitas del siglo anterior se produjo un cambio esencial: el tráfico del puerto ya no se funda tan sólo en los lejanos flujos de intercambio con las altiplanicies mineras del imperio colonial y las cuencas subandinas, sino también en la capacidad de producción del espacio pastoril vecino. La demanda europea de cueros privilegia la pradera pampeana y proporciona finalmente a Buenos Aires su propio hinterland , un espacio organizado y explotado por la ciudad-puerto.
Las vaquerías, claro está, no alcanzaban ya para abastecer a los exportadores de cueros. En los alrededores de Buenos Aires se interrumpen a partir de 1728, pues los inmensos rebaños que antes poblaban los campos habían sido diezmados o se habían internado demasiado en el espacio pampeano. Las expediciones se concentran entonces en la Banda Oriental del Uruguay, para suspenderse también allí a mediados del siglo. (4) Los Cabildos de Buenos aires y de Santa Fe y los jesuitas de la Mesopotamia se disputaron esa nueva "mina" de ganado, repartida finalmente en 1720 de la siguiente manera: 60.000 cabezas para las misiones del Paraguay y del Río Uruguay; 30.000 cabezas para el consumo de Buenos Aires, más 50.000 animales para cuerear; por último, 6.000 cabezas para el consumo de Santa Fe. Seguramente se trata de derechos anuales de vaquería. Pero en 1743 la "mina" ya se ha agotado y Buenos Aires comienza a enviar ganado a la otra orilla para repoblar la campaña uruguaya. )
Se hace ahora necesario pasar de la caza a la cría o, al menos, retener y controlar el rodeo dentro de los límites territoriales definidos. Ya vimos apuntar desde el siglo XVII la práctica de la marca; con el aumento de la demanda de cueros, las matanzas descontroladas de animales marcados se multiplican y provocan conflictos que sólo se puede refrenar la posesión efectiva del suelo sobre el que pacen los animales.
DE LA QUERENCIA A LA ESTANCIA
Los ganaderos de Buenos aires se preocupan, en consecuencia, para marcar a los animales y organizar estancias donde retenerlos, en las cercanías de un curso de agua, donde poco a poco se los habitúa al contacto y al trabajo del hombre.
Se inicia así un lento proceso de domesticación de rodeos salvajes para obligarlos a acostumbrarse a los mismos lugares, las mismas lagunas o aguadas, los mismos pastizales, en una época en la que el animal no encontraba ningún límite físico, ninguna cerca que coartara su vagabundeo en busca de alimento. Generalmente en la primavera y durante tres o cuatro meses, un grupo de pastores de a caballo ejercía de este modo una vigilancia incesante sobre un rodeo hasta crear ese reflejo condicionado que lo devuelva a su querencia cuando se aleja. Una vez reunido el rodeo básico, se necesitaban muy pocos hombres para cuidar la nueva estancia: Félix de Azara, cuyo espíritu de observación y de comprensión de las situaciones maravilla al investigador (y es, en consecuencia, nuestra principal fuente de información) señala que diez peones a caballo al mando de un capataz bastaban para vigilar un rodeo de ocho a diez mil cabezas.
El nacimiento de la gran propiedad
La cifra de 10.000 cabezas implica una explotación de, al menos, 20.000 ha. (y una producción de unos 2.000 cueros por año). En efecto, a pesar de la reducida superficie de los lotes iniciales – las suertes de estancia, que se crean a fines del siglo XVI --, se amplían las dimensiones de la unidad de explotación.
En realidad el ganadero es muy a menudo un personaje de la ciudad, de Buenos Aires, de Córdoba o de Santa Fe, que encarga la explotación a un hombre de confianza, el capataz, responsable de vigilar el trabajo de los peones. El estanciero vive en la ciudad pues es a la vez funcionario, militar o comerciante; y son, esas funciones, con las relaciones y los medios que aportan, las que le han permitido obtener la propiedad de la tierra.
Al respecto no debe olvidarse que la propiedad eminente de la tierra pertenece al rey de España: la tierra es realenga. Sólo el soberano puede cederla por concesión o por venta, o delegar a veces esa facultad en sus representantes en alguna región. No es el caso, entonces, permitir que los hombres avancen sobre un espacio abierto y se apropien libremente de tierras para colonizar, como se vio no sólo en América del Norte sino también en el Río Grande do Sul brasileño. Por el contrario, es una constante de la colonización española que la tierra se reparta antes de ser conquistada, una tradición que retomará cuidadosamente el gobierno de Buenos Aires después de la Independencia y que dará su marco original a la historia agraria pampeana.
En los alrededores de Buenos Aires, en 1586, no se encuentran más quie 26 propietarios, los pirmeros colonos, y en 1713 su número no ha aumentado. En el censo de 1784 figuran 186 estancieros sobre los 2.000 km2 de campo, entendiendo por tales a quienes poseen ganado con sus marcas y títulos de propiedad perfectamente regulares. (5) Según los términos de un decreto de Diego de Salas de 1775, "es estanciero aquel que tiene ganado con su marca y a la vez posee un campo de por lo menos media legua de frente por una legua y media de fondo", superficie mínima que corresponde a las dimensiones de la suerte de estancia original. Cabe preguntarse sobre el origen del vocablo estancia dado que en América española se utiliza hacienda. Aunque incompetentes al respecto, podemos señalar que la etimología de estar, el lugar donde uno se queda o donde se instala voluntariamente, parece evidente. En los textos del siglo XVI se habla a menudo de "tierras de estancia" por oposición a "campamento". Donde había agua y tierra fértil "se hacía estancia". Como la única actividad era la ganadería no resulta extraño que se haya producido la identificación con la explotación destinada mas especialmente a ese fin.) Esto es cosa rara todavía porque, como ya vimos, hasta entonces no se había puesto mayor cuidado en la apropiación de la pradera pampeana, aparentemente desprovista de interés. La tierra era muy barata, pero el tan extraordinariamente complejo procedimiento que permitía obtener de las autoridades reales un título de propiedad válido, costaba diez veces más caro y requería, además, mucho apoyo. Así se explica la limitación del espectro social de candidatos a la propiedad territorial.
Según lo señala Ricardo Levene, la tierra no constituyó un factor de formación social de la colonia hasta mediados del siglo XVIII. Pero a partir del momento en que la tierra se convierte en un capital por el solo hecho de que en ella se asienta el rodeo, fuente de riqueza, dicha tierra cobra una significación social. A la era de la propiedad colectiva de los animales cimarrones concedida por el Cabildo en forma de autorizaciones de vaquerías sucede entonces la de la propiedad individual de la tierra y del ganado. Al tomar posesión del suelo para controlar este ganado, los hombres de la Colonia entran, consecuentemente, en conflicto con los indígenas, un enfrentamiento por la tierra que, poco a poco, en el siglo siguiente, llegará a ser una guerra a muerte.
Los indígenas, que de alguna manera se habían esfumado en la Pampa después de la primeras escaramuzas con los españoles, reaparecen impetuosamente en el curso del siglo XVIII. Al parecer, la difusión por la Pampa de un rodeo caballar y bovino cada vez más importante atrajo a nuevos pueblos a partir de fines del siglo XVII: los araucanos, provenientes de los Andes húmedos del suroeste y de las praderas del sur de Chile. Diversas tribus mapuches ingresan a partir de 1670 en la Argentina, donde se lo conoce con el nombre de pehuenches o, más globalmente, de pampas, y se instalan en el territorio de la actual provincia de Buenos Aires, en las cercanías de las lagunas del centro y de los ríos de las sierras meridionales (figura 4). Otras tribus importantes se les une luego: los voroganes hacias las Salinas Grandes y los ranqueles entre el río Quinto y el Colorado.
El indígena comerciante
A partir de mediados del siglo XVII los recién llegados hacen sentir su presión sobre la estrecha franja de territorio colonizada por los españoles: con las vaquerías se agota su fuente de abastecimiento en vacunos salvajes que, en largas columnas, arreaban hacia el alto valle del río Negro y los pasajes cordilleranos para venderlos a los colonos de Chile. El territorio araucano se transforma de este modo en una vasta zona de tránsito por donde se escurre hacia las praderas centrales de Chile. El territorio araucano se transforma de este modo en una vasta zona de tránsito por donde se escurre hacia las praderas centrales de Chile una parte del ganado que ha prosperado en la llanura pampeana. En los dos extremos del circuito los intercambios entre indígenas y colonizadores parecen intensos. Del lado pampeano se establecen progresivamente relaciones comerciales estables con los ocupantes europeos. Los comerciantes de la campaña, que poco a poco organizan pequeños fortines donde todo se compra, se vende o se cambia, las pulperías, reciben pieles, piezas de tejidos, plumas de ñandú y sal a cambio de maíz, tabaco y yerba mate del Paraguay, aguardiente de Mendoza. Pero todavía se trata de una actividad marginal, simple indicación de una cierta forma de coexistencia entre dos civilizaciones que, carentes de presión demográfica o del afán de ganancias espectaculares, todavía no pueden oponerse violentamente en aquellos espacios abiertos y casi vacíos.
El indio conquistador: las grandes razzias de ganado
Probablemente, el origen del cambio de la actitud de los indígenas se halle en el agotamiento del ganado bovino salvaje por el efecto conjugado de las grandes vaquerías y de la marca en beneficio de la cría organizada. En lo sucesivo les sería necesario buscar animales en los sitios donde se los había reagrupado, en las estancias. (6) Azara explica claramente que " a mediados de este siglo estaba exhausto este precioso mineral de cueros y no habiendo ya ganados alzados en las pampas, se vieron los bárbaros en una especie de precisión de robar al manso o de rodeo en las estancias". (31/07/1796 Colección De Angelis, t. V, g. 79).)
Por otra parte, esos rebaños, ya habituados a obedecer al hombre de a caballo, resultaban más fáciles de arrear en la lenta travesía de un millar de kilómetros que los conduce primero a la isla de Choele Choel, en el medio del Río Negro, donde se recuperan en pastizales naturales, y luego a Chile. El ganado aparece, pues, como un botín codiciado y difícil de conservar, pues los indios, convertidos en hábiles y resistentes jinetes, viven en simbiosis con el caballo que, como ellos, erra por la pradera. Los indígenas son adversarios temibles cuando atacan las estancias o cuando pretenden oponerse a un nuevo avance en la ocupación del suelo. Sus lanzas, sus boleadoras y sus cuchillos resultan casi tan eficaces como el armamento español de la época a causa de la lentitud y de la complejidad del manejo de las armas de fuego. Tenían también a su favor la movilidad, la capacidad de reagruparse para realizar un malón y de dispersarse rápidamente con perfecto conocimiento del terreno, de las aguadas, de los pantanos, de los vados y, también, de las zonas medanosas. Conviene agregar, además, que hasta 1751 no se organizó ninguna fuerza armada regular para oponerse a los indígenas que atacaban esporádicamente algún estableciemiento o realizaban razzias de ganado en campo abierto.
Ya en 1658 se había detenido un ataque de los puelches en el sur de Mendoza, pero es mas bien a fines del siglo cuando los malones llegan a la campaña de Buenos aires: en 1672 a Tandil y en 1686 hasta las cercanías del puerto. Resulta difícil dar cuenta de las incursiones indígenas y de los ataques de los ladrones de ganado destinado al contrabando de cuero a principios del siglo XVIII. Entre 1737 y 1739 incursiones masivas asuelan Areco, Arrecifes, Luján y Magdalena, es decir todas las estancias importantes de los alrededores de Buenos Aires. En 1740 se llega a concluir un verdadero tratado de paz, en el marco del cual los jesuitas instalan dos reducciones en la desembocadura del Salado (Nuestra Señora de la Concepción) y en las cercanías de la actual Mar del Palta (Nuestra Señora del Pilar).
La resistencia al empuje indígena: la frontera
En 1752 entra en servicio el primer cuerpo militar destinado a la lucha contra los indios, los Blandengues, financiado con un impuesto especial aplicado sobre la exportación de cueros y de otros productos agrícolas. Se reconoce así la existencia de un frente interior, ya que hasta entonces las tropas se empleaban en la defensa de Buenos Aires de portugueses e ingleses. Ese frente interior adopta rápidamente el nombre de "frontera", un frontera difusa, en realidad, que Pinazo, el jefe de Blandengues, habría querido apoyar sobre la defensa natural del río Salado. Pero, si bien pudo llegar hasta el Colorado por la Sierra de la Ventana, Pinazo pronto se vio obligado a reconocer la imposibilidad de montar una guardia eficaz a la altura del Salado. Se organiza entonces una línea de fortines mucho más acá de ese curso de agua: Chascomús, Monte, Navarro, Ranchos, Lobos, Carmen de Areco y Rojas, mientras los indígenas siguen desvastando Luján y Magdalena. Por último, en 1779, después de reorganizar y reforzar el cuerpo de Blandengues, el virrey Vértiz reconstruye los fortines, crea nuevas defensas y hace aprobar por el rey la "frontera" definitiva…hasta la época de rosas (figura 5). En un clima ya más pacífico el Salado se vuelve una frontera de hecho a fines delSiglo XVIII y a lo largo del primer cuarto de siglo XIX.
El área fronteriza es tierra de intercambios. Como ya lo hemos señalado. Tanto el virrey como el Cabildo de Buenos Aires se las ingenian para conservar la paz con los caciques pampas acordándoles facilidades comerciales y múltiples dádivas, tanto más cuanto que los indios controlan las grandes salinas de la Pampa central, fuente esencial de aprovisionamiento de la sal, materia prima indispensable para la conservación de la carne. En 1778, se organiza la primera gran expedición a las Salinas Grandes, caravana de carros escoltados por milicianos que logra recorrer el camino de ida y de vuelta gracias a la complicidad o la benevolencia de las diversas tribus indígenas. Esas expediciones organizadas por el gobierno de Buenos aires habrán de repetirse regularmente hasta la Conquista del Desierto. (7) En una reunión de ganaderos y comerciantes realizada en 1776 en Buenos aires se había llegado a la conclusión de que era necesario asegurar la provisión de sal regulatr, abundante y barata antes de emprender la elaboración de carne salada en gran escala. Para suplantar la sal de Cádiz, de un costo exorbitante, se organizó la expedición de 1778, que movilizó 400 soldados, 1.000 peones, 2.600 caballos, 600 carretas tiradas por 1.200 bueyes. Después del éxito de de ese primer intento, se realizaron expediciones regulares a las Salinas Grandes. Con todo, el producto bruto que se recoge en los bordes de las lagunas es de menor calidad que la sal marina. )
Poco a poco la esquelética guarnición de cada fortín construido al norte del Salado se transforma en el núcleo de una verdadera aldea que realiza también intercambio con los indígenas. Vértiz quiso hacer de ellos centros de problamiento, colonias agrícolas en las que se instalaran los campesinos gallegos que, en su momento, la Corona había creído poder implantar en la Patagonia. De hecho, esas aldeas-fortines se transforman en puntos de apoyo para los ganaderos, que compran las tierras de los alrededores. De ese modo a principios del siglo XIX se constituye una verdadera "frontera de paz", mientras la expansión territorial de los europeos se suspende durante veinte o treinta años. Con todo, conviene recordar que España se había instalado al sur de la Pampa con el fortín de Carmen de Patagones, en las cercanías de la desembocadura del Río Negro, después de la expedición marítima de 1779, destinada a extender el control del imperio sobre las costas patagónicas antes de que se instalara en ellas Inglaterra. En esa ocasión Villarino reconoció los ríos Colorado y negro y tuvo oportunidad de comprobar, en 1783, la magnitud de los arreos de ganado conducidos por los indios hacia la costa del pacífico después de un descanso reparador en los pastos de la isla de Choele Choel.
La
"frontera" de Córdoba
En el oeste
del espacio pampeano, la intendencia de Córdoba vive los mismos problemas
y los enfrenta con idéntica manera. En los siglos XVI y XVII la historia
rural de Córdoba es, como ya dijimos, la de la sierra, la de sus valles
interiores y la de sus contrafuertes. La llanura no interesa por tres razones:
no se concentran allí indígenas que se puedan dominar y utilizar
como mano de obra; ni la agricultura ni la cría de mulas hallan en
su suelo facilidades; y comienza a hacerse sentir en ella la presión
de los nuevos indios de la Pampa. A principios del siglo XVIII al sur del
dominio de los jesuitas, sobre el alto pedemonete de la sierra y a lo largo
de los ríos que lo cortan (Primero, Segundo, Tercero y Cuarto), se
instalan las primeras estancias de vacunos. El intendente sobremonete se desespera
cuando ve esas nuevas implantaciones desvastadas por frecuentes incursiones
indígenas. Organiza entonces una línea de fortines apoyada sobre
el Río Cuarto y sostenida por algunso centros de poblamiento. La huella
de las carretas de Buenos aires a Córdoba y el Perú se halla
protegida por los fuertes Las tunas, Saladillo y San Rafael; la de Chile por
el río Cuarto será defendida por el Sauce, San Carlos, Santa
Catalina y San Fernando. La Carlota, en el centro del dispositivo, es la sede
del comandante de la frontera a partir de 1788 (figura 5). Paralelamente,
el pedemonte andino de Mendoza, Sobremonte hace poblar el valle de Uco y reforzar
el fuerte de San Carlos.
La campaña de Buenos Aires
Hay que reconocer el hecho de que, dos siglos después de la Conquista, el territorio pampeano más o menos controlado por la colonización europea es muy reducido (figura 5). Por su cercanía con el centro de poder en el Río de la Plata, la situación de la campaña de Buenos aires es, en vísperas de la Independencia, algo mejor conocida que la Córdoba o Santa Fe. Representa un poco: apenas una estrecha franja territorial a lo largo del estuario y del Paraná, 28.000 km2 según el censo de Vértiz de 1778 (cifra diez veces inferior a la de la actual provincia de Buenos aires). En ella se cuentan apenas 12.995 habitnates, que subrayan el vacío. Se registran 3.047 habitantes en la costa de San Isidro, 2.644 entre Quilmes, ensenada y Magdalena, 2.563 en Merlo: en otra palabras, 8.254 habitantes (casi los de los dos tercios) en el espacio englobado hoy por la aglomeración del Gran Buenos aires. Quedan 4.403 para poblar las localidades del norte: San Nicolás y Ramallo (1.344), Baradero (2.639), San Antonio de Areco (420). (8) El censo de Vértiz (1778) arroja las siguientes cifras para el conjunto de Buenos aires (ciudad y campaña): españoles, 15.719; indios 544, mestizos 674; mulatos, 3.1153; negros, 4.115; lo que hace un total de 24.205 habitantes. En la msima época, empadrona en la ciudad y campaña Córdoba empadrona a 40.222 personas, de las cuales 6.101 son esclavos. Obsérvese la gran proporción de negros de la que ya hemos hablado: la mayor parte de esos esclavos permanecen al servicio personal de sus propietarios y sólo unos pocos intervienen activamente en la producción agrícola. Esa población negra proveerá la "carne de cañón" de la prolongada y cruenta guerra contra el Paraguay que comienza en 1865. De ese modo se explica su desaparición de Buenos aires en el siglo XX, a diferencia de lo que sucede, por ejemplo en Montevideo. Lo señalamos sin operder de vista que la campaña pampeana casi no conoció al esclavo negro. ) Treinta años antes en el campo no se hallaban más que 6.035 habitantes (5.000 de ellos blancos) según el censo de 1744. La población se había duplicado en ese lapso. Todo el final del siglo XVIII se caracteriza, efectivamente, por un vigoroso crecimiento demográfico (figura 6) reforzado por una corriente inmigratoria que la Corona estimula u organiza. (9) Según los trabajos de Ernesto Maeder (96) la población de la República Argentina dentro de sus límites actuales se elevaría hacia 1800 a unos 360.000 habitantes según se deduce del siguiente detalle:
Regiones bajo control de la Corona, Intendencia de Bs. As. 105.000, intendencia del Tucumán 166.000 y Cuyo, total 306.000 y en regiones controladas por el indio: Pampa Araucana 20.000, Chacho 30.000 y Patagonia 10.000 habitantes.)
No es menos cierto que el proceso de poblamiento se halla todavía en pañales, que el número de habitantes resulta ridículo y que el territorio ocupado en las márgenes de la inmensa llanura es minúsculo: después de dos siglos y medio de historia colonial el espacio pampeano ha sido apenas rasguñado.
La campaña de Santa Fe
Lo mismo ocurre, según parece, en torno de Santa Fe. La ciudad es una aldea de 4.000 habitantes en 1793; en 1743 era apenas un villorio de 773 miembros. Sacó algunas ventajas de su posición, como escala de paso entre el puerto de Buenos aires y la cuenca del Plata y, más aún, punto obligado de cruce del Río Paraná, ya que la circulación terrestre aguas arriba solo es posible a lo largo de la orilla izquierda del río. La expulsión de los jesuitas en 1767 y el consecuente abandono de sus reducciones habrá de alterar es función de escala comercial y desmedrar el papel de esta ciudad situada en contacto directo con las tribus indígenas del Chaco forestal . La actividad se orienta más hacia la ganadería, sea en la llanura occidental o en la orilla opuesta del Paraná. Bajo la autoridad de Candioti parece constituirse progresivamente una especie de "señorío" pampeano, que desempeñará un gran papel en el momento de la Independencia. A partir de una estancia dedicada a la cría de mulas, Candioti organiza un inmenso latifundio. Azara afirma que poseía el equivalente de 750.000 hectáreas, enviaba cada año más de 20.000 mulas al mercado de Salta, apartadas de una hacienda diez veces mayor, además de 250.000 vacunos. Resulta así el ganadero más importante del siglo XVIII, según esa fuente.
La Pampa de Santa Fe aparece todavía más despoblada que la de Buenos aires: en 1797 se cuentan en ella 5.500 personas, en los alrededores de Rosario y de Coronda. Al norte de la ciudad, en el orilla del Salado, aparece ya la "frontera" con el indio del Chaco, donde cinco "misiones" agrupan a dos o tres mil individuos. En síntesis,, la población total de Santa Fe en víspera de la Independencia no debía, en definitiva, superar los 12.000 habitantes.
En esa misma época se conquista para la ganadería el espacio entrerriano, tanto desde Santa Fe como de Buenos Aires y la Banda Oriental. Un modelado de cuchillas, numerosos cursos de agua y accesibilidad por los grandes ríos hacen de este espacio un dominio más codiciado que la Pampa interior. Familias santafesinas organizan estancias sobre la ribera izquierda del Paraná, a la vez que ganaderos bonaerenses remontan el Uruguay y ocupan tierras en su orilla derecha. El virrey, por su parte, instala colonos españoles en pequeñas explotaciones y solo el centro de Entre Ríos, zona de cerros boscosos –la selva de Montiel-- , permanece, por el momento, impenetrable.
El pedemonete de la sierra de Córdoba
En vísperas de la Independencia, Córdoba no es todavía una ciudad pampeana, pero ya no aparece exclusivamente como una ciudad de sacerdotes que explotan a los indígenas y a los pocos esclavos negros en sus propiedades de la sierra, ni tampoco una ciudad de comerciantes que monopolizan las relaciones con las regiones activas y pobladas del Noroeste y las altiplanicies andinas. La expulsión de los jesuitas asesta un golpe muy duro a la comunidad eclesiástica y, en cierta forma, la obliga a ceder terreno y permitir que un nuevo sector secular, integrado por descendientes de los primeros colonizadores o por nuevos comerciantes, se haga cardo de la explotación de los recursos agrícolas. La ganadería se torna dominante y la lana reemplaza al algodón en los innumerables artículos que los comerciantes distribuyen por la campaña. La cría de mulas, que sigue llevándose a cabo, y de ovejas, que cobra importancia, privilegia siempre los valles y cuencas del oeste y del norte. Sólo algunos se aventuran prudentemente en la llanura meridional, sin apartarse del pedemonte y al abrigo más o menos ilusorio de las defensas establecidas sobre el Río cuarto para proteger el camino de Buenos aires a Chile. Al este, el vasto espacio que separa el Paraná del pedemonte de la sierra es una verdadera tierra de nadie, atravesada por la huella de Buenos Aires, pero vacía.
Una sociedad ganadera
Como acabamos de ver, es en la región de Buenos Aires donde se concentra la mayor parte de la producción rural de la Pampa en vísperas de la Independencia. Una población abundante (varios miles) en comparación con el número ínfimo de propietarios reconocidos (menos de doscientos): la sociedad rural constrastada pero solidaria y finalmente difusa y compleja que caracterizará la Pampa del siglo XIX ya está organizada. En lo alto de la escala está el hacendado, poseedor de una estancia. Como se ha visto, está vinculado al comercio marítimo y con los intercambios con el interior, y en ese comercio es donde ha obtenido los medios para adquirir legalmente las tierras y el ganado que reúne en ellas con su marca. Conservar la tierra y el ganado exige no solamente dinero y relaciones: hay que saber luchar contra los indígenas, los vecinos poco escrupulosos, los cuatreros de vacas y de caballos; es preciso también saber participar en el contrabando que anima los bordes del estuario y del río y, en ocasiones, protegerse de la justicia. Para triunfar resulta necesario, en consecuencia, saber reclutar y organizar una partida de hombres fuertes, corajudos y leales.
Hombres de todas las condiciones: algunos esclavos pardos, los mas raros por su costo y escasez, morenos y mestizos libres, pero dependientes en lo personal del patrón que los aloja, los viste y los alimenta y, por último, también asalariado. A estos últimos se recurre para las tareas excepcionales que siguen el ritmo de las estaciones en la actividad pastoril: reunir en un rodeo los animales destinados al sacrificio o los que deben ser marcados, por ejemplo, o separar los terneros de sus madres en ocasión del destete. El sistema de producción ganadera se halla poco diversificado, pues no exige especialiazación ni división del trabajo; solamente requiere de la fuerza y la habilidad del jinete para controlar y "trabajar" el rodeo. De ese modo, a lo largo del siglo XVIII y en la primera mitad del siglo XIX se conforman esas relaciones sociales características de la estancia, hechas de solidaridad y, a la vez, de individualismo, de confianza y también de fidelidad que hoy pretende expresar con la palabra, demasiado moderna y peyorativa de "paternalismos". En realidad el "patrón" lo era todo, tanto jefe militar a cargo de las milicias para enfrentar a los indios o a los cuatreros, o para participar en alguna lucha civil, como jefe político y juez de paz, el único capaz de señalarle el camino a la pequeña colectividad local y de resolver o apaciguar los múltiples conflictos que surgían en su seno. Con esa figura lo hemos encontrado todavía en nuestros días en algunas estancias del Chaco salteño y así aparecía en el campo pampeano durante el siglo pasado.
Los orígenes del gaucho.
En torno del patrón gravita no sólo el personal de la estancia sino también toda una población errante de hombres de a caballo, entre los que toma los elementos que necesita en el momento de las grandes operaciones de reagrupamiento y de apartamiento del ganado que se repiten regularmente.
Hombres libres, que constituían la mano de obra numerosa en las vaquerías antes de contribuir a reunir los primeros rodeos de las estancias y que, vagos o desocupados, se habían desperdigado por la llanura, abierta a todos y donde la alimentación no planteaba problemas. Generalmente mestizos, a veces mulatos –y por lo tanto difícilmente admitidos en la sociedad urbana organizada--, esos hombres que no poseían tierras ni ganados, pero que tampoco eran esclavos ni criados ni empleados, hallaron una vida libre y errante en ese vasto espacio pampeano que, con el caballo y la vaca, ofrecía casi todo lo que necesitaban para su subsistencia. A mediados del siglo XVIII la apropiación del ganado primero y de la tierra después, da lugar a que los nuevos terratenientes se quejen de esos hombres numerosos e incontrolables, que no dudan en sacrificar animales marcados para comer la lengua o para cambiar el cuero por tabaco o yerba mate a algún comerciante poco escrupuloso. El Cabildo y el Virrey trataron de reducir su número, ya enrolándolos en la defensa de la "frontera", ya movilizándolos para las cosechas, cuando todavía no se los llamaba gauchos sino guaderios o changadores. (10) El último término es de uso corriente y designa, como lo hacía entonces, al que vive de changas, pequeños trabajos ocasionales, en la ciudad o en el campo )
A decir verdad , las autoridades se imponen con dificultad, en especial porque, a pesar de sus recriminaciones, el estanciero o el comerciante que recorre la campaña recurren a menudo a esa mano de obra de reserva, dotada para el caballo y la pendencia. Estos insumisos de la Pampa encuentran de ese modo ocasión de ejercer alguna tarea remunerada en las estancias, como ya se ha dicho, en la conducción de tropas, sea de ganado o de carretas –a veces al margen de la ley- y aún de colaborar en la resistencia a los ataques indígenas o en expediciones punitivas contra alguna toldería cercana.
Siempre hay que tener presente el clima de inestabilidad que en esa época creaba la presencia multiforme del indígena. Esa amenaza latente y difusa favorece el reagrupamiento de tierras y hombres alrededor de un "patrón" local, para no emplear el término anacrónico de "señor"; un patrón capaz de imponer su autoridad a unos y otros, "cristianos" y "salvajes". Esa población libre, pero vinculada con los hacendados de modo intermitente y que al someterse dará lugar al mito del gaucho, constituye ya un rasgo característico de la sociedad rural pampeana en momento de la Independencia.
Un sector agrícola periurbano y marginalizado:
El problema del pan en Buenos Aires.
Se podría concluir; una sociedad rural sin campesinos. En realidad, la Pampa no presenta campos cultivados, de trigo o de maíz, sino en las cercanías de Buenos aires y, a principios del siglo XIX, el aprovisionamiento de la capital crea problemas. Es sabido que cuando los españoles fundaban una ciudad preveían dos zonas concéntricas, una de quintas, parcelas de aproximadamente una hectárea destinada principalmente al abastecimiento familiar, y otra de chacras, verdaderas explotaciones agrícolas destinadas esencialmente a los cultivos cerealeros. Esta última zona se extendía habitualmente hasta dos leguas de la plaza central (10 km). En el siglo XVII las chacras de trigo y de maíz se alejan ya siete leguas (unos 35 km9 de la plaza de Buenos aires hacia el norte y el oeste. A fines del siglo XVIII los reducidos cultivos de cereal se hallan en San Isidro, Luján, Morón, Navarro; en una palabra, en los alrededores de la ciudad, lo que es hoy la aglomeración del Gran Buenos Aires. Allí, en 1794, se registran 2.000 explotaciones y se concentran las dos terceras partes de la población rural.
El sector agrícola es, en consecuencia, netamente periurbano y todos los testimonios coinciden en señalar que en el campo no se consumían cereales (ni pan ni galleta) ni hortalizas sino exclusivamente carne. El maíz y, cultivo principal, el trigo, se destinaban enteramente al abastecimiento de la ciudad, aunque el Cabildo con frecuencia debía preocuparse por la falta de harina. Al respecto parece que la corporación de panaderos (que eran también molineros) desempeñó un papel importante en Buenos Aires, a la vez que abrumaba a los campesinos, sometidos a condiciones de venta leoninas y perpetuamente endeudados. En 1796 Belgrano tiene palabras muy duras contra esa explotación que perturba el desarrollo de la producción. Respecto del cultivo cabe también recordar que la tradición hispánica colonial, viva en Buenos aires, acuerda cierta nobleza a la cría de ganado, que se practica de a caballo, pero sólo siente desprecio por el trabajo de labranza.
En las pocas estancias donde se producen hortalizas y cereales para el autoconsumo, la tarea se halla a cargo de esclavos. El el caso de las estancias pertenecientes a los jesuitas en Areco y Magdalena, donde se cuentan 150 esclavos. En las pequelas explotaciones que venden su producción a los comerciantes de granos, por el contrario, la fuerza de trabajo del sector agrícola es esencialmente familiar: las familias de los campesinos mestizos o mulatos, ya marginados por la sociedad criolla. Esos agricultores se encuentran indefensos frente a los comerciantes que los abruman y al Cabildo que les impone precios de ventas bajos e impuestos elevados. En la época de la cosecha la mano de obra familiar no resulta suficiente y el Cabildo se esfuerza por reclutar trabajadores temporarios en Santiago del Estero y San Luis, a la vez que realiza razzias entre los "vagos" de la ciudad para enviarlos al campo: todo contribuye a demostrar que el problema del aprovisionamiento de pan en Buenos aires no es fácil de resolver. La agricultura, prisionera de una economía cerrada de autoabastecimiento, es controlada por una corporación de comerciantes elaboradores todopoderosa y gobernada por su sistema de precios impuestos. La exportación, tolerada ocasionalmente en los orgígenes de la Colonia, no es ya autorizada, aún en el caso de que fuera posible. Como se ve, ninguna condición resulta propicia para favorecer el desarrollo de la agricultura del cereal, mientras que la ganadería, con menores gastos, se orienta al mercado mundial de la época, el del cuero.
A todo esto hay que agregar que el campesino no es propietario de la tierra. Al producirse en siglo XVIIII la expansión de la propiedad pastoril, se ocupa las tierras que los agricultores, a menudo mestizos o mulatos, habían roturado y cultivado para sus propias necesidades. En nombre del derecho de propiedad real de la tierra va a parar a las manos de los ganaderos y esos primeros agricultores quedarán como arrendatarios de los nuevos propietarios, si éstos los aceptan o bien irán a engrosar el de "vagos" y "malentretenidos" del campo. De hecho, en los alrededores de Buenos Aires la mayor parte de los agricultores son arrendatarios, que comparten con el propietario a menduo el 50 por ciento del fruto de su trabajo.
El estilo de ocupación del suelo, la estructura social de la campaña de Buenos aires, oponen, pues, claramente la gran propiedad pastoril, que produce para la exportación y se halla vinculada con los comerciantes del puerto, con la pequeña explotación agrícola periurbana, dependiente de la anterior y productora para la autosubsistencia o para el abastecimiento de la ciudad bajo control de un estrato de negociantes especializados. En esas condiciones toda la expansión territorial en la Pampa la realizan los ganaderos en beneficio propio, es decir, en el marco de la gran propiedad o, digámoslo llanamente del latifundio.
Merced a la ganadería, a principios del siglo XIX la Pampa de Buenos Aires se ha incorporado al área de los intercambios internacionales, en la que todavía sólo ocupa un lugar marginal. Suficiente para asentar la prosperidad del puerto y para comenzar a hacer de la campaña una región autónoma y activa frente al viejo dominio de colonización del Tucumán, la Pampa no tiene todavía suficiente fuerza como para atraer de manera significativa el interés de los centros dinámicos del capitalismo europeo que se "despierta". La sociedad rural pampeana que se organiza puede conservar los trazos orginales que hemos descrito: una clase restringida de grandes propietarios, ganaderos y comerciantes, patrones de reducidas tropas de fieles hombres de a caballo en la campaña del norte o del sur; en las cercanías de la ciudad y hacia el oeste, un limitado grupo de agricultores dominados por los comerciantes-panaderos y por los propietarios de las tierras; por último, un conjunto difuso de individuos libres y errantes, disponibles tanto para el trabajo como para la guerra. Esa sociedad rural se corresponde perfectamente con una etapa de la valorización del espacio que, salvo la producción de granos para la subsistencia, se limita a la explotación natural del suelo. En efecto, los productos que, dadas las condiciones de la navegación oceánica de la época, podría buscar el comercio internacional en la Pampa (cueros y , pronto, carne salada) no exigen ningún esfuerzo tecnológico, ninguna división del trabajo, ninguna organización compleja de la producción. Se trata simplemente de aprovechar una riqueza natural, el ganado, que la propia pradera renueva, y que solo requiere que se mantenga un control directo sobre el rebaño. La dimensión del territorio ocupado –unos 30.000 km2 alrededor de Buenos aires, que podían sustentar un rodeo de un millón de vacunos—si bien restringida, era suficiente para satisfacer una demanda internacional bastante limitada.
Después de la Independencia, la libertad total de comercio marítimo abre ampliamente las provincias Unidas del Río de la Plata (la Argentina) a las importaciones, especialmente británicas, a través del puerto de Buenos Aires. Por otra parte, se suscita una demanda creciente de productos de la ganadería, pues la Pampa de los años 1800 no tiene que ofrecer al mundo prácticamente nada más que el cuero y la carne de sus animales. Pero el mundo los reclama y el espacio se dilata hasta el infinito ante los ganaderos, a los que sólo inquietan las incursiones indígenas. Así es como, por la ganadería y para la ganadería, prosigue en el curso de los dos primeros tercios del siglo XIX el lento avance de los europeos, ahora de los argentina, y la expansión progresiva de los estancieros y de los gauchos en la Pampa.
CONCLUSION
Roman Gaignard en su muy buen trabajo: La Pampa Argentina -Ocupación-Poblamiento-Explotación- De la conquista a la crisis mundial (1550-1930) hace un resumen muy interesante sobre el proceso inmigratorio y ocupación de tierras en la Argentina y sus consecuencias:
"La independencia abre una etapa nueva, decisiva, en la conquista y explotación de la Pampa. En treinta años, entre 1820 y 1850, tres fenómenos marcan esa fase esencial:
Esa evolución cobra todo su significado en la provincia de Buenos Aires a la vez que -no sin choques a veces violentos hasta 1860- se afirma la supremacía del puerto sobre el conjunto de las Provincias Unidas. Los embarques hacia el exterior se hallan en su mayor parte controlados por Buenos Aires que, a la vez, es el único mercado urbano de cierta amplitud; por lo tanto las provincias que se hallan aguas arriba no experimentan un desarrollo ganadero igualmente significativo. A partir de los años, cincuenta estas provincias exploran caminos nuevos con la colonización agrícola destinada a asentar una población arraigada en la tierra y capaz de producir a breve plazo excedentes de cereales para los nuevos mercados europeos. Se diseña una así en la provincia de Santa Fe un segundo tipo de ocupación del suelo: la pequeña explotación agrícola, la chacra del campesino inclinado sobre su tierra, que se opone a la estancia, la gran propiedad de los ganaderos, aristocracia pastoril, a la vez urbana y política.
No puede haber equilibrio y solamente esa aristocracia pampeana maneja las riendas del Estado federal y de los gobiernos provinciales, sostenida por los financistas y los comerciantes europeos. Debe sostener un combate largo y a menudo difícil contra los indígenas que recorren, numerosos, la Pampa a mediados de siglo, antes de poder compartir con sus aliados extranjeros los frutos de su triunfo: cuando en los años ochenta el gobierno expulsa al indio de la Pampa y lo elimina definitivamente de la historia argentina, recorta en seguida el conjunto de las tierras conquistadas en inmensas propiedades privadas, siguiendo el modelo formalizado entre 1820 y 1850.
Queda así fijada por un siglo, hasta nuestros días, la estructura agraria pampeana. "
Capítulo 1 La formación del gran dominio pastoril en la pampa de Buenos aires (1810-1860)
A pesar del notable desarrollo de las exportaciones de cueros en el siglo XVIII, la plata de las minas andinas todavía representaba, hacia 1800, el 80 por ciento del valor de las exportaciones de Buenos aires. La Independencia entraña una verdadera balcanización del antiguo imperio colonial dependiente del extinguido Virreinato. En consecuencia, en adelante, el tráfico del puerto de Buenos aires descansará en la exp`lotación de su hinterland pampeano y de su único recurso: el ganado. La salazón de carnes permite a los ganaderos comerciar la res entera y no ya solamente el cuero. La rentabilidad de los rodeos se eleva a más del doble y el proceso de capitalización se acelera en explotaciones que prácticamente no exigen otra inversión que la dotación inicial de animales. Los criadores, que en vísperas de la Independencia no eran más que simples "patrones" del campo y se hallaban algo al margen de las estructuras del poder, se transforman en una clase poderosa de grandes terratenientes vinculados al Estado.
En este proceso se registran dos momentos decisivos: la concesión en enfiteusis de tierras fiscales en la época de Rivadavia y las distribuciones masivas realizadas por Rosas a la vuelta de su campaña de 1833 contra los indígenas, lo que duplicó de golpe el espacio incoroporado.
Simultáneamente cobra forma la estancia, que se organiza y se equipa, mientras que, a partir de 1850, la especulación con la lana tiende a desplazar a la exportación de carne salada y cueros. La ganadería marcadamente extensiva de esa primera mitas del siglo, realizada casi sin ninguna inversión, constituye una actividad altamente rentable, siempre que se disponga de amplias extensiones de tierras capaces de mantener un rodeo numeroso. Es así como el Estado, a través de su política territorial, ampara la capitalización de los ganaderos. Estos reinvierten una buena parte de sus ingresos en las actividades comerciales del puerto, al punto de que, en los años sesenta, comerciantes del puerto y propietarios rurales de la Pampa integran un único grupo, que acapara todo el poder económico y político de buenos aires. Más aún, el poder político asegura a la clase ganadera el control de la distribución del crédito público, alimentado por los empréstitos sobre el mercado de Londres, fuente de financiamiento prácticamente única para una sociedad donde la disponibilidades locales de capital aparecen sumamente reducidas a lo largo de todo el período. De ese modo la inmigración europea que afluye en el último tercio del siglo no tiene más salida que ponerse al servicio de una clase social domionante que controla a la vez la tierra, el poder político y la inversión pública.
En los años 1820-1825 termina una década de conflictos incesantes y de luchas armadas que asolaron los campos de la nueva Argentina y arruinaron el comercio de Buenos Aires. Esta debió afrontar la oposición de los ganaderos y de los comerciantes del Litoral (Entre Ríos y Santa Fe) y, además, con Artigas, de la Banda Oriental del uruguay, regiones hasta entonces sometidas a su autoridad. En esas tierras pastoriles aguas arriba para Buenos aires, las guerras fueron fatales para el ganado, que quedó literalmente diezmado. Allí la crisis ganadera se prolonga y se perfilan evoluiones diferentes. Conviene recordar que, a principios del siglo XIX, los mercados regionales organizados en torno de rutas tradicionales siguen siendo determinantes en el conjunto americano; la economía se abre muy lentamente al mundo exterior.
Al respecto, la región de Buenos Aires sufre una evolución claramente distinta. El arroyo del Medio, que todavía hoy separa las provincias de Santa Fe y Buenos Aires, se transforma entonces en una verdadera frontera. A su amparo, los ganaderos de las provincia, que controlan el puerto y, en consecuencia, la apertura hacia los mercados exteriores, reconstituyen rápidamente sus explotaciones, en una época en la que lo esencial era poseer la tierra…y tener un mercado. Por otra parte ese mercado se amplía con el desarrollo de las empresas de salazón de carnes, localizadas en las cercanías del puerto de Buenos Aires. El puerto, por su parte, goza por fin de una total libertad de comercio, lo cual significa que se ubica en el extremo de un circuito cuya cabeza ya no se halla en Cádiz sino en Londres y que encuentra una escala privilegiada en Río de Janeiro, pivote del comercio británico en el Atlántico sur. Quien controle las importaciones de Buenos Aires y, subsidiariamente, los pequeños tráficos locales, será en lo sucesivo el comerciante británico o su representante. Las perturbaciones de la Indepencia y, más aún, los efectos de la nueva organización del comercio internacional imponen una reclasificación que achata las capas urbanas hasta entonces dominantes (1) Adoptamos las conclusiones a las que llega Tulio Halperín donghi como consecuencia de sus estudios en (65) y (83) ) pero deja intacta la capacidad de respuesta de los ganaderos en el campo. Po otra parte, diez años de luchas intestinas otorgaron un peso distinto a los terratenientes, los únicos capaces de reunir tropas fieles de jinetes armados.
El saladero
Constituye un peso social que pronto encuentra su expresión económica en la era del saladero. Ese término designa un establecimiento industrial especializado, localizado en las cercanías del puerto de expedición, en el que se sacrifica al ganado, se seca el cuero y se sala la carne para la exportación.
Después de la Independencia, dos ingleses (2) Robert Staples y Jhon Mac Neile, según las investigaciones del especialista Alfredo Montoya (197) ) crean el primer saladero de Buenos aires que, en 1812, cuenta con 70 obreros, entre los que hay 14 especialistas provenientes de Europa.
Pero el establecimiento cuyo éxito financiero provoca un verdadero efecto de demostración es el que rosas crea en 1815,con Terrero y Dorrego, en las cercanías de Quilmes, al sur de la ciudad. Siguiendo el ejemplo se instalan otros quince saladeros, la mayoría a orillas del Riachuelo. El sistema es monopólico y justifica la expresión de "era del saladero" frecuentemente empleada, pues para su desarrollo requiere del control de la sal, de los obreros, de la tierra y del puerto. (3) Según la fórmula de José Ingenieros, quien analizó cuidadosamente el sistema en (4). Con todo cabe señalar que el saladero representa la primera actividad de transformación industrial que recurre a mano de obra europea inmigrada para ciertas operaciones técnicas, lo que da lugar a un apreciable aumento de productividad.)
Ya en 1815 los buques de Rosas recogen sal marina de excelente calidad en la desembocadura del Río negro. Rosas tiene además un acceso directo al puerot de Ensenada, libre de los impuestos que gravan al puerto de Buenos aires. Por otra parte, en 1815 todo habitante del campo está legalmente obligado a servir a un "patrón" si no es propietario: Rosas reúne en sus estancias de Ranchos y de Monte, al sur de Buenos aires, importantes cantidades de obreros rurales, peones a los que permite desarrollaruna verdadera vida de gauchos a cambio de fidelidad…y de un tiempo de trabajo en la empresa familiar.
El saladero modifica brutalmente los circuitos de comercialización en el campo. Ya no se puede vender los cueros en cualquier lugar al mejor postor: es preciso conducir el rodeo al matadero del establecimiento, que compra los animales vivos y exporta a la vez los cueros y carne. Se trata de un verdadero monopolio comercial al que se hallan sometidos los ganaderos que, al principio, lo aceptan con facilidad en la medida en que las empresas conquistan nuevos mercados y ofrecen precios elevados por los animales en pie que requieren en cantidades crecientes. Pero pronto se palntea un conflicto con los comerciantes tradicionalmente encargados del abastecimiento de la ciudad de Buenos Aires, la que consumía alrededor de 50.000 reses por año. (4) Según Giberti (92), pág. 97, sobre la base de un consumo anual de una cabeza por habitante.) Se trata del primer gran conflicto en la historia de la ganadería argentina entre las exigencias de la exportación y las necesidades del consumo interno. Esa larga querella se resuelve en provecho del grupo de industriales, que llega así a dominar la totalidad del mercado interno y externo, a pesar de las protestas de los porteños contra el consiguiente alza en los precios de consumo.
El monopolio de los mataderos tiene su contrapartida: al cabo de mucho días de marcha el ganado llega enflaquecido y agotado al saladero. En consecuencia es preciso dejarlo reponerse sobre buenas pasturas, bien drenadas y cerca de un curso de agua en los alrededores de Buenos aires. Los industriales firman contratos o adquieren tierras. Nace así una nueva especialización, el engorde o invernada, (5) El origen del término resulta poco claro pues desde el siglo XIX es pura y simplemente sinóminmo de engorde. Probablemente haya que ver en él reflejo del primitivo interés prestado a las paraderas que ofrecían un pastizal adecuado en todas las estaciones, incluso en invierno, para la "puesta a punto" de los animales antes del sacrificio. El término abarca un sentido más amplio cuando los poseedores de pastizales cercanos a los saladeros se transforman en intermediarios obligados para los ganaderos que debían arrear sus rodeos largas distancias, dedicándose así al engorde todo el año, a la invernada: son los invernadores. La mayor parte de ellos era, a la vez, propietarios de saladeros.) controlado, en realidad, por los propietarios de los saladeros.
Si aceptamos las descripciones que han llegado hasta nosotros el saladero ofrecía un espectáculo bastante repugnante. Los mugidos desesperados de los animales, los gritos excitados de los peones, el olor fétido de la sangre caliente y decenas de cerdos semisalvajes revolcándose en ese lodo rojo en busca de despojos y residuos, todo contribuía a provocar la repulsión del visitante no advertido. Con todo, se trataba ya de una empresa organizada, de una verdadera fábrica.
Una vagoneta transporta al animal degollado hacia los depostadores. Las pieles se estiran para que se sequen y se salan, además de tratarlas con arsénico para impedir la proliferación de insectos. La carne es cortada en tiras de cuatro centímetros de espesor que se sumergen en salmuera; inmediatamente escurrida y espolvoreada, con sal gruesa, se la amontona en pilas de cuatro metros. El proceso se salazón dura entre cinco y seis semanas, en el curso de las cuales se deshace la pila una decena de veces para exponer las lonjas de carne al sol.
Se trata de una salazón seca, cuyo resultado es un producto mediocre que se impone a los esclavos del Brasil y Cuba, mientras que las tripulaciones de los buques mercantes prefieren carne preparada con salmuera, que ofrece el mercado europeo. También se recupera lo grasa, sumergiendo en agua hirviendo los huesos y todo lo que no se utiliza para el salado.
Hacia 1830, una máquina introducida por el químico francés Cambaceres permite extraer directamente la grasa con vapor, y su uso pronto se difunde en las principales estancias.
Santa Fe: apremios y agotamiento de un espacio del Interior
Lo que interesa en este caso es la atracción que ejercen sobre Santa Fe sus poderosos y turbulentos vecinos así como la vía del río Uruguay, ya que resulta imposible eludir el control de Buenos aires en el curso inferior del parná. Desde temprano, ya lo hemos señalado, los ganaderos de Santa Fe avanzaron sobre la otra margen del río y de allí en adelante las vinculaciones de Entre Ríos con la Argentina del Interior pasan obligatoriamente por Santa Fe y Córdoba. Así Santa Fe se integra al movimiento que aninman Artigas e ingresa al prolongado conflicto con Buenos aires. En ese sentido, la de 1815 es una fecha calve: Buenos aires queda definitivamente separada de las tierras que se hallan aguas arriba, sean las que bordean el Uruguay o el Paraná, y el arroyo del Medio se trasnforma en una frontera –de hecho o de derecho, según el momento—durante medio siglo.
La única huella que une A Buenos Aires con el resto de la Argentina pasa por el fortín de Melincué, al sur del territorio de Santa Fe. La provincia de Santa Fe ocupa decididamnete una posición estratégica en el sistema de enlaces internos del país en formación, razón por la cual, hasta el advenimiento de Rosas, se transforma en un campo de batalla casi permanente. Pero Santa Fe no saca ningún provecho de su posición: contribuciones voluntarias o forzadas de hombres, de animales y de dinero, por una parte, e incursiones repetidas de las tropas de Buenos Aires, que saquean la ciudad en 1815 y multiplican los ataques desvastadores en la campaña, por la otra terminan liquidando su ganado vacuno. Solamente el mercado de mulas de Córdoba y Salta –y eso a pesar de la preecariedad de las relaciones con el Altiplano, que se había declarado independiente--, no salva de la desaparición a los ganaderos del Salado del norte. Esto explica que a principios de la décado de 1830 Santa Fe se hallara exangüe: la población provincial no debía superar entonces los 20.000 habitantes, de los cuales unos 7.000 se concentrarían en la ciudad. (1) Estimaciones según Maeder (72) pues casi no se tienen noticias de la población de Santa Fe hasta el censo de 1858. )
Por frágil que fuera, el restablecimiento de la unidad política argentina bajo la férula de rosas, permitió una cierta recuperación de la ganadería santafesina, aunque sumamente limitada si se la compara con la expansión de Buenos Aires y hasta la de Entre Ríos. Lo que sucede es que Santa Fe sufre duramente su posición interior cuando se hace evidente que la expansión de la explotación pastoril depende del acceso al mercado internacional de cueros, grasa y carne salada, acceso controlado por los propietarios de los saladeros y los comerciantes del puerto de Buenos Aires. Si bien hay un movimiento de ocupación de las tierras meridionales, cercanas al arroyo del Medio, con la creación de vastas estancias hacia 1840, los establecimientos tienen características precarias, pues se hallan directamente expuestos tanto a los malones indígenas como al pillaje de la soldadesca demasiado a menudo convocada en esos confines.
Córdoba: la retracción a la sierra
En Córdoba se produce una evolución similar, pero allí la crisis está atenuada por la conservación de una economía rural diversificada en los valles y cuencas serranos. El espacio pampeano de Córdoba, ya bastante limitado, se reduce aún más en las primeras décadas de la Independencia. La conexión entre Córdoba y Buenos Aires, a menudo interrumpida por conflictos armados, se halla cada vez mas expuesta a las incursiones indígenas, a la vez que se abandona la ruta del sur, que, de fortín en fortín, permitía llegar directamente desde Buenos aires a San Luis y Mendoza. Las carrretas cicrculan hasta Córdoba para costear luego la sierra (figura 4). Córdoba , que ya no es el eje de los intercambios entre el Atlántico y las altas mesetas mineras del perú, se vuelve hacia el oeste; hacia Cuyo y Chile, donde puede exportar sus cueros y hasta sus animales, engordados antes en los alfalfares del pedemonte del tupungato. Se produce en consecuencia una retracción de la economía sobre el área serrana en cuanto a la producción, y en dirección a las regiones andinas occidentales en cuanto al mercado, mientras Córdoba también es teatro de conflictos sangrientos hasta fines de la década del veinte, especialmente con el General Paz, que trata de imponer su autoridad en las provincias del oeste.
Aquí también hay que esperar la paz armada de Rosas para que se haga sensible la recuperación económica. Córdoba comienza a integrarse al nuevo mercado mundial a través del puerto de Buenos Aires vendiendo cueros y algunas balas de lana, comprando productos manufacturados y, especialmente, textiles ingleses que solo ahora comienzan a competir con los de los artesanos de la sierra. La población, limitada, no ha dejado de crecer tanto en la provincia como en la ciudad, pasando de 52.000 habitantes en 1801 (11.500 en la ciudad) a 102.000 en el recuento de 1839 (14.000 en la ciudad). Duplica su población en 40 años y la volverá a duplicar en los 30 años siguientes, para alcanzar los 210.000 habitantes en el Censo de 1869. El poblamiento de la llanura pampeana, en cambio, sigue siendo débil: quizá 10.000 habitantes a principios de siglo y 15.000 a 1839 (cuadro 7). Se limita, por otra parte, sólo al pedemonte y, en la planicie, a los cursos superiores de los cuatro grandes ríos que dan sus nombres a los cuatro departamentos pampeanos de la provincia.
Los quince años de relativa estabilidad y la reanudación de los vínculos con buenos aires que asegura Rosas producen, en consecuencia, los mismos efectos en Córdoba y en Santa Fe. Para 1850 los ganaderos de vacunos han recuperado su fuerza y comienzan a extender su dominio territorial sobre el espacio pampeano, aunque sufren duramente la competencia de la poderosa economía pastoril que se ha desarrollado en la Pampa de Buenos Aires y su distancia del mercado de exportación que controla vigorosamente el comercio del gran puerto del Plata.
La secesión de Buenos aires después de Caseros los favorece directamente en la medida en que permite a la Confederación preparar la localidad de Rosario para establecer allí el puerto de exportación en las provincias del Interior.
Desde entonces los ganaderos de Córdoba cuentan con una salida asegurada, pronto reforzada por el primer ferrocarril trans-pampeano: en la década de 1870 la campaña experimenta una brusca transformación.
La nueva baza de Santa Fe después de 1852: el dominio de las comunicaciones de la Confederación
El retraso de la provincia de Santa Fe con respecto a la de Buenos aires parece considerable en el momento de la caída de Rosas. El Litorial se halla prácticamente vacío de hombres y de animales: las extensiones despobladas de Santa Fe sólo aseguran una renta muy escasa o nula a los propietarios del suelo. (2) W. Parish (88) testimonia en pocas frases significativas la decadencia de la provincia de Santa Fe, que visita en 1839: "La interrupción de su tráfico con Bolivia y el Paraguay los ha reducido a un estado de miserable pobreza; y habiéndolos dejado su extrañamiento de la Capital sin medios adecuados a su defensa, los salvajes del Gran Chaco los han atacado con impunidad y, más de una vez, amenazado aniquilar a su misma capital. La población ha disminuído excesivamente: quizá hoy en toda la provincia no hay más de 15 a 20.000 almas , una gran porción de la cual es de origen guaraní, descendientes de los emigrados de las misiones jesuíticas del Paraguay, que las abandonaron después de la expulsión de sus padres, en 1748". )
En 1858 toda la Pampa de Santa Fe sólo cuentacon 25.000 habitantes (16.000 de ellos en la capital y en Rosario), frente a los 180.000 (seis veces más) que habitan la campaña de Buenos aires a la que, sin embargo, hemos descrito como casi vacía (cuadro 7). Teniendo en cuenta la dimensión de sus dominios, en Buenos Aires los propietarios de la tierra obtienen una elevada ganancia global de sus rodeos de vacunos y, también, de ovinos. Así, no se ven en la necesidad de conceder una parte de sus tierras a gricultores, colonos inmigrados de Europa que, al poblar el campo, destruirían el equilibrio social construido al cabo de tres décadas en torno de la estancia.
Se trata de una organización inexistente en Santa Fe y que Entre Ríos, por su parte, logró realizar gracias al acceso directo al mercado exterior a través del río Uruguay. Por ello la Mesopotamia no muestra más interés que Buenos Aires por la fórmula de la colonización agrícola con el concurso de agricultores inmigrados de Europa, a la que finalmente solo adherirá Santa Fe y que en adelante no dejará de alentar, extendiéndola pronto a sectores cercanos a la Pampa cordobesa.
Mientras la provincia de Buenos aires se segrega, la de Santa FE apuesta al control de los vínculos de la Argentina del Interior, y particularmente de Córdoba, con el extranjero. Los inversores europeos orientan hacia ella su interés, y a partir de la década del cincuenta proyectan reforzar la huella de carretas que bordea el Río Tercero con un ferrocarril trans-pampeano. Cerrada la frontera provincial de Buenos Aires, el excelente sitio portuario de rosario que, a diferencia del puerto de Santa Fe, obstruído por arenas, (link) brinda acceso fácil y permamente a los navíos de ultramar de la época, se transforma en una verdadera cabeza de puente para el interior del país, el punto de partida de los servicios regulares de diligencias (3) La Confederación establece en Rosario un servicio de diligencias llamado "Nacionales Iniciadoras", de frecuencia bimensual. La diligencia llevaba unos quince viajeros y todas las provisiones necesarias para un mínimo de tres días de ruta hasta Córdoba (unos 350 km) y de 10 días para Mendoza (de Córdoba a Mendoza mediaban 8 días y a Salta 14). y de convoyes de pesadas carretas. Haydée Gorostegui de torres calcula que en los años sesenta alrededor de 8.000 vehículos trasnportaban 20.000 t de carga anuales en ambos sentidos por la huella Rosario – Córdoba. (4) En (68), pág. 63. )
En esa forma Rosario, que veinte años antes era una pobre aldea de 3.000 habitantes, ve triplicar su población en poco tiempo, para sobrepasar, con 10.000 personas, la de la capital provincial en 1858. En 1855 varios financistas (entre ellos los franceses Toruvé y Chauvé) reciben conjuntamente la concesión del sistema bancario de la Confederación con la condición expresa de buscar en Europa los capitales necesarios para la construcción de la vía férrea transpampeana cuyo proyecto definitivo diseñara el ingeniero Campbell. Será finalmente la banca anglobrasileña Maúa la que se instalará en rosario en 1857 y salvará a la Confederación de la bancarrota, (5) Esas negociaciones desordenadas se hallan en detalle en (69), págs. 156-157.) pero la construcción del ferrocarril quedará para tiempos mejores.
En ese clima favorable a la empresa extranjera debe situarse, a partir de 1853, la creación, en las cercanías de Santa Fe, de la primera colonia agrícola pampeana de origen europeo, la de Esperanza.
En efecto: tanto los terratenientes como el gobierno de la provincia percibieron el interés que presentaba el poblamiento por parte de agricultores extranjeros. Sus colonias defenderían la "frontera", presionada por los indígenas, tanto del sector pampeano como del chaqueño, hasta los alrededores de la misma capital. Más aún, al explotar su territorio, esas colonias asegurarían a las grandes propiedades baldías una revalorización considerable. Pero, con todo, no son los terratenientes quienes emprenden esa política; la aceptan o la favorecen con medidas institucionales y vendiendo sus tierras, pero no toman la iniciativa. Esta pertenece a verdaderos empresarios con visión y conocimiento de Europa, de donde muy a menudo son originarios. Impresionados por el ejemplo espectacular de los Estados Unidos y por las tentativas del Brasil, se esfuerzan por derivar hacia las llanuras templadas del Plata una parte del flujo de emigrantes que comienza a abandonar Europa, y por organizar en su provecho y de modo durable la percepción de una importante renta de la tierra controlando en toda su dimensión el movimiento de colonización agrícola.
A decir verdad, los primeros balbuceos de una política de colonización agrícola con el concurso de campesinos europeos se remontan a rivadavia quien, en 1824, crea una Comisión de Inmigración integrada por doce argentinos y cinco ingleses, a los que pronto se agregan dos alemanes. En 1825 Rivadavia envía agentes a Alemania (6) Karl Heine, de Maguncia, encargado de reclutar mil campesinos y obreros, cobraba una comisión de 150 pesos por adulto. Mientras tanto arriban a Buenos Aires siete renanos, con los que rivadavia llega a un acuerdo para que implanten un viñedo a cambio de un pago mensual de 12 pesos. Resulta un fracaso, igual que lo ocurrido con los 200 inmigrantes que Heine, después de muchas peripecias, reúne en 1826. Véase (111), págs. 116-118.) y a Inglaterra con la finalidad de reclutar colonos. (7) La sociedad Hullet and co. de londres, a la que Rivadavia señala su preferencia por inmigrantes originarios de la Europa del norte. Véase (110), págs. 25-25). También en 1825 los Robertson instalan 220 escocesas en la estancia Monte Grande y Beaumont atrae otros 200 británicos a Entre Ríos: son dos fracasos, como en el caso de los 200 alemanes que trajera Heine a Buenos Aires en 1826. No se mantiene ninguna promesa de instalación y los contratos son anulados definitivamente en 1830, a la vez que Rosas disuelve la Comisión de Inmigración. Los recién inmigrados se dispersaron por la ciudad o, como los que se asentaron en Entre Ríos, son enrolados en las guerras civiles.
Paralelamente,
el Brasil había montado una política de inmigración que
recurría principalmente a alemanes, contingentes de los cuales se hallan
entre las tropas brasileñas que en esa época combaten en el Uruguay
y la Argentina. Ahí se trata de una experiencia próxima y conocida.
Por otra parte, algunos espíritus ilustrados como Rivadavia o Sarmiento
atribuyen la expansión de los Estados Unidos a las virtudes de un poblamiento
nórdico, de agricultores y artesanos resistentes para el trabajo. Esa
idealización del hombre del norte, por oposición al latino, al
que se define como hostil al trabajo de la tierra y de naturaleza indolente,
es un rasgo característico de mediados del siglo XIX. Con la caída
de Rosas y el advenimiento de la Confederación, mientras la provincia
de Buenos Aires se transforma en Estado y sigue un desarrollo autónomo,
los nuevos gobernantes de Paraná pronto se vuelven hacia la Europa atlántica
en busca no solo de modelos de organización política y económica,
de equipos técnicos y de capitales, sino también de hombres. Influidos
por las ideas de los fisiócratas del siglo XVIII y por el éxito
de las provincias del noroeste de los Estados Unidos, atribuído a los
"labradores", se despierta el interés por cultivar el suelo
pampeano, una pradera llana y fácil de roturar que parece absurdo se
abandone solamente a los animales. (8) No tendría sentido retomar
y comentar aquí los innumerables escritos destinados a difundir la colonización
agrícola europea en el Río de la Plata. A título de ejemplo
nos contentamos con citar extractos del documento redactado por Sarmiento en
1847 en ocasión de su encuentro en Göttingen con el profesor Wappäs,
que acababa de publicar un libro predicando la emigración alemana a América.
Al redactar un prólogo a una reedición de esa obra, con el título
"La emigración alemana al Río de la Plata" (publicado
en traducción española en Santiago en 1851), Sarmiento evoca la
prosperidad de una provincia de Buenos Aires poblada por dos millones de alemanes
"cuando los propietarios de las estancias se vean rodeados de una población
laborioso capaz de explotar todos los productos de la ganadería, cuando
pastores inteligentes y experimentados críen sus merinos, cuando agricultores
organicen por todas partes jardines y hermosos vergeles, cuando, se construyan
residencias dignas de albergar hombres civilizados, mientras que ahora no se
encuentra más que de ranchos miserables alrededor de la ciudad".
Agrega que
por el momento falta fuerza de trabajo y bienestar y que esa magnífica
campaña se halla en cierto modo "desaprovechada por la indiferencia,
la indolencia y la ignorancia de sus habitantes" ("durch die Gleichgültigkeit,
die Trägheit und Unwissenheit der Bewohner vergedet werden"). Hemos
traducido los extractos del original aleman publicado en (111). )
Una vez que
los hombres de negocios demuestran que los mismos propietarios de la tierra
pueden sacar provecho de la cesión a campesinos extranjeros de una parte
mínima de un patrimonio territorial que por el momento no les asegura
mas que una renta casi nula, la colonización agrícola abandona
el dominio del sueño o del mito por el muy convreto del proyecto. Con
todo, se deja que sea el gobierno provincial o el nacional quien corra los primeros
riesgos y explore los primeros pasos de una empresa radicalmente nueva, pero
cuando el éxito del sistema parece asegurado, se harán cargo de
la tarea compañías europeas privadas asociadas con los dueños
de la tierra. Las dificultades iniciales son numerosas, pues se trata a la vez
de crear una actividad productiva inexistente y de aceptar la instalación
de comunidades extranjeras, sorprendentes por sus costumbres, su lengua y hasta
su religión.
En 1850 llega al Río de la Plata un médico francés, Auguste Brougnes, con la finalidad de estudiar las posibilidades de instalación de emigrantes europeos. (9) En 1852, a su regreso, publica un opúsculo sobre "La extinción del pauperismo agrícola por la colonización de las provincias del Plata.". ) En enero de 1853 firma el primer contrato de colonización del nuevo régimen con el gobierno de la provincia de Corrientes para instalar en diez años 500 colonos franceses en el territorio de la actual Misiones. De hecho, los dos contingentes que llegan a Corrientes en 1855 y 1856 se instalan a poca distancia de la ciudad y se dispersan pronto, aislados en ese medio tropical inesperado y desprovistos de todo apoyo e incluso de toda posibilidad de intercambio. (10) En 1854, se habían embarcado en Burdeos 257 personas, en buena parte vascos, y 160 llegaron a Corrientes el 25 de enero de 1855, después de sufrir una fuerte mortalidad infantil durante la travesía y numerosas deserciones en Montevideo. El gobierno los instaló en Santa Ana, frente a la confluencia del Parná y el Paraguay, creando la colonia de San Juan. En 1856 llega un segundo contingente de 104 inmigrantes (sobre 250 que habían partido). Desde entonces el gobierno provincial se niega a ampliar la experiencia y rechaza a un nuevo grupo, esta vez de suizos que buscan refugio junto a Urquiza. )
Ese fracaso muestra las dificultades que debe enfrentar la colonización agrícola a mediados de siglo. Lo señalamos porque constrasta con el éxito de la colonia pampeana de Esperanza, fundada ese mismo año en las cercanías de Santa Fe.
Un éxito que adquirió valor de ejemplo y merece, en consecuencia, un análisis detallado.
Castellanos: el primer empresario colonizador
En los orígenes se halla un hombre de negocios y de empresa, un "capitalista", como no dudaba en definirse en la época: Aaron Castellanos, gran propietario territorial de Salta. A los treinta años de edad, cuando Rosas se afirma en el poder, Castellanos se expatria en París, donde observa las transformaciones que la revoluxión industrial produce en Europa.
Después de Caseros toma contacto con el mercado financiero de londres para construir una línea férrea entre Rosario y Córdoba. El ferrocarril es el primer término de la operación; el segundo son los hombres. Castellanos se propone derivar hacia los grandes valles de la Patagonia y al Chaco una parte del flujo de migrantes que se orienta hacia los Estados Unidos. Desairado en sus sueños de financista visionario tanto por Urquiza como por el gobierno de Buenos Aires, se vuelve a la provincia de Santa Fe, a la que considera la más pobre del momento pero la más rica del futuro. Los argumentos que presenta al gobernador en apoyo de su pedido para instalar 1.000 familias de agricultores europeos merecen citarse:
el proyecto de colonización se vincula con el proyecto de construcción de un ferrocarril a Córdoba, asegurando así "la base de la grandeza que espera a la provincia". (11) Argumentos expuestos en "Colonización en Santa Fe, Entre Ríos y el Ferro-Carril de Rosario a Córdoba". De todos modos conviene señalar que Castellanos publicó esa memoria autobiográfica en 1877, o sea veinte años después de que la empresa se vio coronada por el éxito.)
Por todos estos motivos conviene detallar las principales disposiciones del documento. Según el contrato la provincia se comprometía a:
Por su parte, Castellanos se obligaba a :
Por último, y elemento capital, Castellanos quedaba expresamente autorizado a realizar contratos privados con los colonos incluyendo la percepción de una renta territorial que no podía superar el tercio de la producción y solamente por un lapso de cinco años (artículo 2 adicional). Con este último artículo parecería que el gobierno quería poner límites a la explotación de los colonos, en especial teniendo en cuenta que Castellanos ya había sido ampliamente recompensando con la concesión de 32 leguas destinadas a la ganadería.
De hecho, Castellanos, hombre de negocios y visionario, no pensaba vegetar (12) El término lo emplea Castellanos en el opúsculo ya citado: "Por nada de este mundo me habría comprometido por sólo doscientas familias para vejetar (sic) con ellas." ) con esos pocos colonos que no constituían más que el inicio de un gran plan destinado a organizar la transferencia de cientos de miles de inmigrantes. En 1854 obtiene del gobierno de la Confederaión la garantía para ese primer convenio y la autorización expresa de concertar con los grandes financistas europeos una colonización en gran escala en la Argentina sobre la base de la concesión gratuita de tierras fiscales. Pero no era todavía el momento oportuno y el gobierno de Paraná, trabado tanto por graves dificultades financieras como por su conflicto con Buenos Aires, e inquieto ante la perpesctiva de una invasión de extranjeros en un espacio vacío, que modificaría totalmente las reglas del poder, da marcha atrás después de la partida de Castellanos a Europa. A su regreso, en 1856, el gobierno rescinde los contratos que lo ligan con él, pero lo compensa con largueza por los gastos en que había incurrido para el reclutamiento y transporte de los colonos, entregándole en propiedad las 32 leguas de tierra ganadera previstas por el contrato (más de 80.000 ha) e indemnizándolo con una suma fija de 110.000 pesos.
Reclutamiento de colonos en Suiza
Con todo, el primer grupo de colonos, suizos de origen, llegó a Santa Fe. ¿Porqué suizos? ¿Cómo se los reclutó? Son dos preguntas que también requieren una respuesta detallada porque la corriente helvética habrá de proporcionar por una década el núcleo esencial de pobladores de las primeras colonias de Santa Fe y porque la organización de su migración es la base de todo el sistema de reclutamiento y transporte de colonos que se desarrolla en las década del setenta.
A mediadcos del siglo XIX Suiza se halla en crisis. La guerra civil de 1847 da la pauta de sus dificultades sociales, políticas y religiosas; malas cosechas se agregan a la depreciación de la moneda; barreras aduaneras rodean el país mientras el ferrocarril introduce productos agrícolas a bajo precio, la mecanización de los talleres entraña la pérdida de sus empleos para la mitad de los obreros textiles en el mismo momento en que los últimos mercenarios al servicio de los estados alemanes o del rey de Nápoles retornar al país. La propiedad rural se ha ido pulverizando por la división igualitaria de las herencias y no se percibe otra solución para la miseria del campo que la expatriación del excedente demográfico. Los Estados Unidos atraen contingentes cada vez más nutridos al descubrirse oro en California, precisamente en Nueva Helvecia.
La emigración alcanza su máximo en 1854, cuando abandonan suiza entre 14.000 y 15.000 personas, cifra significativa para una población de dos millones de habitantes. (13) Se estima el número total de suizos que emigró al continente americano entre 1820 y 1830 en unos 400.000.)
En esas circunstancias propicias se inscribe la propaganda del Río de la Plata, llevada a cabo por agencias de emigración que se multiplican a partir de la década de 1830 y que trabajan esencialmente para el "mercado" de los Estados Unidos. De ellas, tres firman contratos con Castellanos: "C. H. Textor", de Francfort, que recluta algunas decenas de familias; "L’ Agence d’ Emigration Universelle", de Dunkerque, cuyo titular, Vanderest, se hace nombrar cónsul de la Argentina en 1855; y, en especial, la firma "Beck und Herzog", de Basilea que, después de esta primera experiencia y asociada con la empresa Vanderest para el transporte, habrá de desempeñar durante veinte años un papel preponderante en el reclutamiento de campesinos alpinos y del Jura con destino a la Argentina. En esa época Basilea era la sede de numerosas agencias que actuaban con la ayuda de corresponsales localesen dificultades de Alemania, Suiza, Francia, Saboya y el Piamonte. En la Suiza alemana se realiza una verdadera campaña de prensa para presentar al Río de la Plata y diferenciarlo del Brasil, que se había ganado mala reputación en suiza, así como para distuinguirlo del "viejo" territorio de inmigración que es ya para ese entonces Estados Unidos. (14) Hay sabrosos detalles en (110), págs. 47-51, como también datos sobre la campaña que lleva a cabo Castellanos desde Francia y que tiene éxito en Saboya y el Jura.)
En agosto de 1855 se cierran las inscripciones y los migrantes toman el camino de Dunkerque, donde Vanderest los aloja en un vaso cuartel puesto a su disposición por el gobierno francés; embarcados en cuatro veleros, se hacen al mar en noviembre y diciembre, mientras que otros dos grupos, mayoritariamente alemanes, parten de Amberes en febrero y marzo de 1856.
El testimonio de un bernés da cuenta de las condiciones lamentables de una de esas travesías de diez semanas a bordo de pequeños buques sacudidos por la marejada y la tempestad donde, en una increíble promiscuidad, se hacinan entre 200 y 300 pasajeros adultos: un dormitorio único en el entrepuente donde los jergones, infestados de chinches, se hallan literalmente "apilados" unos sobre los otros, la cocina –un hornillo rodeado de ladrillos en el puente—en la que cada grupo prepara por sí mismo su guiso con la carne salada y las galletas duras que distribuye el comandante (hortalizas y carne fresca desaparecen del menú antes de la finalización de la primera semana); la mugre, el ocio y las disputas sobre un permamente telón de fondo de mareos: (15) El texto integro del testimonio de este bernés se publica en el apéndice de (110), págs. 198-201. Fue extraído de un opúsculo publicado en 1865 en Aarau por un desconocido anónimo que cuenta sus pesares de la Colonia San Carlos diez años después de la fundación de Esperanza. Como ejemplo podemos recordar que el velero Packet, que embarcó 220 personas en Amberes, medía 30 metros de esloras y 6 metros de manga y que el entrepuente no tenía más que 1,86 m. de altura.) ruda odisea que se continua remontando el Paraná, donde a menudo es preciso saltar al agua para desencallar el buque, una emvbarcación fluvial propulsada por ruedas de paletas que Castellanos había encargado en Londres para esa circunstancia.
La colonia: comienzos duros y azarosos.
Llegados los colonos a Santa Fe, el gobierno decide instalarlos en las cercanías de un fortín de la "frontera" del Chaco indígena, Cantón Iriondo, a unos cuarenta kilómetros aguas arriba de la ciudad, sobre la margen derecha del Salado, es decir, en un sitio expuesto y aislado, alejado de las turbulencias de la cabecera, pero relativamente accesible. Se trata de una propiedad de 7.600 ha. Recobrada por el gobierno, que organiza la subdivisión en lotes de 20 cuadras, las "concesiones" destinadas a los colonos. A mediados del febrero de 1856 el comandante Reyes recibe en esos parajes desolados a las primeras familias, que comienzan a levantar con sus manos sus ranchos imitando a los gauchos del fortín. En efecto, a pesar de los términos del contrato inicial, no hay nada previsto para facilitar la instalación de los recién llegados. Con todo, en junio, Urquiza hace del sitio una colonia oficial del gobierno nacional, mientras que Cullen, gobernador de Santa Fe, y un estanciero inglés vecino (Foster) se preocupan por la suerte de los colonos. Cada familia recibe cuatro bueyes y dos caballos, se realizan distribuciones regulares de harina, se entregan materiales de construcción; se reduce la deducción de las cosechas a un cuarto y se surpime el interés anual del 10 por ciento que gravaba el reembolso de los gastos viajes, el que, además, se posterga por un año.
Se organiza la administración con un juez de paz, un colono suizo asistido por dos suplentes de lengua francesa y alemana, respectivamente, además de dos administradores designados por el gobierno nacional: un vasco y un tal Gabarret, oficial retirado de la marina francesa. En resumen: después de la desilusión de sos primeros meses de atroz penuria renace la esperanza.
En el invierno de 1856 Foster realiza un censo que nos permite conocer con mayor detalle la colonia de Esperanza (cuadro 8). Las deserciones provocadas por la sorpresa de llerar a esa sábana arbórea inhospitalaria y por la ausencia de toda la producción agrícola ya que, desdichadamente, los colonos llegan en otoño, alcanzan a un cuarto de los 1.200 adultos que habían firmado contrato en Europa con las tres sociedades concesionarias. El grupo suizo es mayoritario, con 100 familias (de las cuales 38 son orginarias del Valais, 23 de Argovia y 22 de Berna); hay también 56 familias y 26 francesas. Mas de un tercio de los colonos profesan la fe protestante, pero es elo idioma lo que permite repartirlos en dos grupos: al este los lotes son sorteados entre francófonos y al oeste entre germano partlantes. Se reserva una franja central de 500 metros para los edificios públicos, la que dará lugar a la actual localidad de Esperanza, que se extiende así de norte a sur.
A pesar del apoyo oficial, que sin duda salvó del desastre a la colonia, los comienzos fueron duros y dolorosos. Faltaba de todo y a menudo hasta la comidad, provista únicamente por la caza. Los gauchos del fortín y los indígenas son vecinos molestos que los excelentes tiradores helvéticos saben mantener a distancia; los bueyes pampeanos son difíciles de dominar y con ellos la labranza se transforma en una aventura peligrosa; las vacas se alzan para reunirse con sus rodeos originales, donde los ganaderos locales las vuelven a marcar o las sacrifican; los animales salvajes, los incendios y las sequías y, sobre todo las langostas, por tres años consecutivos destruyen las cosechas después de una primera siega satisfactoria. Con todo, la mayor parte de los colonos resiste a la tentación de partir, realiza trabajos ocasionales en las estancias que se instalan alrededor de la colonia y se consagra, sobre todo, a la explotación del bosque. Por otra parte, el gobierno continúa proveyendo ayuda alimentaria hasta el verano de 1857 y solo a partir de la primavera siguiente reclama la anualidad del reembolso de los gastos de transporte e instalación.
A partir del quinto año las cosechas mejoran. La extensión roturada permite una policultura más segura y los colonos ya han adquirido conocimientos sobre la agricultura en un clima cálido, húmedo y, además, irregular. Por Hutchinson (16) En (89). Recordemos que en esa época, en Santa Fe, una fanega equivalía generalemente a 13 arrobas de 11,5 kg aproximadamente, o sea unos 150 kg.) se conoce el balance de 1862: 4.715 fanegas (unos 7.000 quintales) de trigo, 3.061 (4.500 q) de maíz, 615 (900 q) de cebada, 710 (1.060 q) de papas, 61 (90 q) de maní, sin contar los porotos.
La manteca de estos especialistas tiene gran demanda en Santa Fe y para esa fecha ya hay 27.890 árboles frutales plantados. La colonia parece definitivamente animada y el gobierno l a transforma en municipalidad de pleno derecho, que elige su primer concejo municipal el 26 de mayo de 1861. (17) Comprende 5 consejeros de lengua francesa y 5 de lengua alemana bajo la presidencia del juez de paz Gabarret, quien redacta el acta de instalación en francés (publicada integralmente en (110), pág. 87). ) Por último, una fecha histórica: el 29 de diciembre de 1862 el gobierno entrega a cada colono el título de propiedad correspondiente a su concesión. Como señala con justicia Schobinger, la Argentina "entregaba por primera vez en propiedad una porción de su tierra a la familia que directamente la trabaja, sin preguntar por su raza, nacionalidad, idioma o convicción religiosa sino sólo por su honestidad y laboriosidad". (18) Subrayado del autor en (110), pág. 90.)
Los primeros pasos de la colonización agrícola pampeana
Los difíciles primeros pasos de una colonia agrícola protegida por el gobierno muestran lo que fueron los comienzos de la colonización agrícola: lentos, vacilantes, erizados de emboscadas. No imaginemos ninguna explosión de entusiasmo, solamente la tenacida y el coraje para enraizarse en la tierra nueva por la que se había abandonado todo sin esperanzas de retorno. Raras, muy raras, resultan todavía las craciones de colonias hasta fines de la década de 1860: seis entre 1856 y 1866 y once entre 1867 y 1869, en Santa Fe (cuadro 9).
En Buenos aires sólo se registran tres creaciones (1856-1856), muy originales por sus características. En Chivolcoy, 300 arrendatarios de estancieros enfitéuticos obtienen, merced a una ley de 1857, la concesión en propiedad de las tierras que explotan, esencialmente para la cria de ovinos y con algunos cultivos: unas 100.000 hectáreas en total (cf. Figura 9). En rigor no se trata de colonización agrícola. En Baradero, en cambio nos hallamos frente a una contigencia de la colonización suiza: un pequeño grupo de inmigrantes, que se había inscrito demasiado tarde para participar de la empresa de Castellanos, desembarca en Buenos aires y es atraído a Baradero por los grandes propietarios del área que viven en Buenos Aires, arrastrados por un profesor alemán trasnsformado en estanciero, Germán Frers. La colonia "suiza" está integrada en 1856 por diez familias originarias de Friburgo, cada una de las cuales recibe una parcela de 3 a 4 ha; al año siguiente se les suman ocho nuevas familias. La fertilidad del suelo y la proximidad de Buenos aires por vía fluvial aseguran, poco a poco, la prosperidad de esos chacareros que se consagran al cultivo del trigo, del maíz y, sobre todo, de la papa. Pero la estructura agradira que la rodea, la gran estancia, impide cualquier extensión de la colonia, que no puede crecer sino a expensas de su territorio municipal (el ejido) de Baradero. A pesar de su éxito aparente, la experiencia no puede, en consecuencia, ampliarse.
En lo que respecta a Nueva Roma, fundada al pie de la sierra de la Ventana, al norte de Bahía Blanca, fracasa de inmediato. Solo merece citársele por el origen de los colonos que se aventuran en territorio indio. 350 ex camaradas de armas de Garibaldi, la "legión agrícola" del coronel Olivieri. Al cabo de algunos meses los legionarios de esa colonia militar en la que gobierno de Bueno Aires había puesto sus esperanzas se sublevan, asesinan a su jefe y se dispersan.
En el marco de estos comienzos aventureros, y aunque locolizado en Entre Ríos, cabe citar la colonia San José fundada por Urquiza en 1857 en sus tierras del río Uruguay, cerca de lo que es hoy la ciudad de Colón. Nacida por casualidad –había que encontrar un asentamiento para inmigrantes suizos reclutados por Beck y Herzog que retornaban de Corrientes – la colonia fue, sin embargo, "protegida" por Urquiza, quién recibió a esos inmigrantes errantes y los colocó bajao la experta dirección de uno de esos revolucionarios de 1848 que emigraron a la llegada de Napoleón III, Alexis Peyret.
La tradición helvética y la ideología de peret los convirtieron en un grupo solidario e ilustrado que administraba colectivamente sus asuntos y cuyo éxito fue tan rápido que atrajo a una docena de contingentes adicionales, de tal modo que en 1861 la colonia contaba con unas 2.000 personas, la mitad de las cuales procedían de Saboya y del Piamonte. Tanto en el caso de San José, que dispone del puerto de Colón sobre el río Uruguay, como el de Baradero, que se vincula con Buenos Aires por el Paraná, y en el de Esperanza, no muy alejada de Santa Fe, es la posibilidad de acceder fácilmente por vía fluvial a un mercado urbano, el factor que a fin de cuentas decide el éxito de esas primeras empresas agrícolas anteriores a la era de los mercados exteriores, simbolizada esta última por el equipamiento del puerto de Rosario y la onstrucción del ferrocarril a Córdoba.
En realidad, aún antes de la organización del sistema portuario y ferroviario Rosario- Córdoba, la empresa Beck y Herzog había intuido lo que sería la gran colonización capitalista en la Pampa argentina. Al respecto, las condiciones de creación de la colonia San Carlos en 1859 resultan ejemplares: se constituye un prototipo cuyo modelo se habrá de generalizar diez años más tarde.
La primera sociedad de colonización: Beck y Herzog
Después de haber organizado en Europa el reclutamiento de los colonos de Castellanos, Charles Beck viene a explorar sobre el terreno las posibilidades de desarrollo agrícola de la Argentina. En 1857 consigue que el gobierno de Santa Fe ceda a su empresa 20 leguas (54.000 ha) con la expresa condición de que se destinen por entero a la implantación de agricultores europeos. Aparece entonces un rasgo nuevo y significativo; la empresa recibe gratuitamente un bien que revnederá a buen precio. Si bien es cierto que la empresa tiene a su cargo el reclutamiento y el transporte del comprador, también lo es que ñéste deberá luego reembolsarle los gastos producidos. Para poner en marcha el proyecto Beck y Herzog buscan capitales complementarios y, en esa ocasión, difunden un "proyecto de creación de una sociedad por acciones para la fundación de una segunda colonia suiza" en Santa Fe, con argumentos significativos: de los 264 lotes que componen la colonia (de alrededor de 34 ha. Cada uno), 131 quedan en reserva a la espera de su valorización por la explotación del primer grupo; se prevé que la instalación de las primeras 125 familias absorberá tres cuartas partes del capital de la sociedad, a razón de 3.000 francos suizos por familia; la renta (del 33 por ciento) que se retendrá de la producción de las cinco primeras cosechas se estima entonces en 720.000 francos suizos, de los cuales el 60 por ciento (432.000 francos suizos) se distribuirán entre los accionistas como dividendos, lo que representa un rendimiento del 86 por ciento en 5 años. Para asegurar una tasa de rentabilidad tan elevada, Beck intenta organizar una explotación modelo y ubicar al frente de la colonia a un agrónomo que habrá de recibir el 10 por ciento del fruto de las cosechas. Por otra parte, de las 20 leguas que había recibido del gobierno de Santa Fe, Beck cede a la sociedad, creada en 1858 (19) La "Schweizerische Colonisations-Gesellschaft Santa Fe", con un capital de 500.000 francos suizos, suscrito esencialmente por la alta burguesía de Basilea. ) después de la difusión de este proyecto, solamente las cuator leguas necesarias para la creación de la colonia. También es cierto que, una vez realizada la mensura de los terrenos, descubre que, en definitiva, su concesión de 20 leguas cuadradas no incluye más que ocho, una sorpresa bastante corriente en la época.
A la diferencia de lo sucedido con los de Esperanza, los colonos que llegan a San Carlos a partir de 1858 reciben de la sociedad los víveres, materiales de construcción, animales y semillas necesarias al desembarcar. Deben roturar y sembrar 1/5 de su lote (unas 7 ha) en el primer año y, además, respetar un reglamento draconiano en cuanto se refiere a moralidad, deberes religiosos y educación de los niños, y también al control de sus cosechas (declaración anticipada so pena de secuestro, comercialización reservada a la administración) , y a la disponibilidad para el servicio colectivo de la colonia (20 días de trabajo por año).
Como las primeras cosechas no dieron los resultados esperados, a partir de 1864 la sociedad entró en liquidación: vendió todos los bienes que le pertenecían en propiedad y transfirió directamente a los colonos los servicios colectivos que había asumido. Después de esa operación financiera, en realidad bastante clásica, retomó su actividad colonizadora con nuevos capitales. Para esa fecha dos tercios de las 120 familias eran propietarias de sus lotes y no estaban ya obligadas a la entrega del tercio de la cosecha. Pero el peso de diversas cargas a lo largo de un mal año, el de 1865, provoca una rebelión de colonos, que incendian la casa del administrador. En represalia, entre 1865 y 1866 se expulsa a 30 familias, a la vez que nuevos contingentes originarios del Piamonte se incorporan a la colonia en momentos en que el alza de precios relacionada con la guerra del Paraguay abre un período de prosperidad.
Pero para entonces el eje del desarrollo agrícola ya se ha desplazado hacia el sur y se localiza a lo largo de la concesión otorgada a la compañía británica encargada de construir el ferrocarril de Rosario a Córdoba. (20) Señalemos al respecto que en esa primera década de la colonización agrícola hubo intentos, casi todos de pobladores suizos, también exitosos (cuadro 9). En 1858 el estanciero inglés Foster instala colonos del Alto Valais reclutados por Rodemann en sus tierras de San Jerónimo. El médico bernés Romang atrae en 1865 a un grupo de 60 familias suizas de las colonias Esperanza y San Carlos a una concesión de 21.000 ha. Otorgada sobre el río San Javier y crea la colonia Helvecia, que crece rápidamente. En 1867 el conde francés de Bois Bertrand conduce a Cayastá a un grupo de colonos de San Carlos. En 1868 el ex administrador de San Carlos crea su propia colonia con un grupo de Valeses en Las Tunas. Como puede verse se trata esencialmente de traslados de pobladores de las dos primeras colonias emprendidos sobre la frontera del Chaco, donde el gobierno provincial otorgaba concesiones de buen grado.)
Una
vez instaladas estas colonias y a medida que se multiplicaban, la Argentina
fue cambiando y llegó a ser un país que parecía tener un
enorme futuro, donde millones de inmigrantes la elegían como lugar donde
ir a vivir y realizarse, por un período de la historia, pareció
que esto iba a ser así, que estábamos en presencia de otra Canadá,
de otra Australia, de un nuevo gran país, pero los errores y desaciertos
a lo largo de décadas de políticas equivocadas, hacen que hoy
nos vean así en el mundo:
Revista
La Nación (Nº 1706) del día 17 de marzo de 2002, pp. 31-35
Así
nos ven:
Catedrático
de Ciencia Política de la Universidad de Oxford, así resume Lawrence
Whitehead nuestra realidad: "Me sorprende mucho que con una clase intelectual
tan sofisticada, la calidad del análisis de la realidad en la Argentina
haya sido tan débil, especialmente en los últimos dos años.
Por eso, los partidos políticos no han formado alternativas y el pueblo no entiende lo que va pasando. Realmente, durante el régimen de Menem, y luego con toda esa fascinación por la convertibilidad, incluso los hombres más capacitados no querían enfrentar la realidad de que la cosa no estaba funcionando".
Cómo y por qué
La deuda externa argentina asciende a US$ 132.000 millones, equivalente a casi la mitad del Producto Bruto Interno (PBI) del país, según datos de 2001.
El endeudamiento se arrastra desde los gobiernos militares de los años 70, cuando se encararon grandes obras de infraestructura. Durante el período 1976-1983, la deuda externa pasó de 8000 a 45.000 millones de dólares.
Creció en 1980, cuando Domingo Cavallo, estando al frente del Banco Central, estatizó la deuda privada.
En los años 90, a pesar de la privatización de las empresas públicas ordenada por el entonces presidente Menem, la deuda argentina alcanzó enormes proporciones, además de cambiar su estructura.
Hoy, un 70 por ciento de la deuda está en forma de bonos emitidos por el Gobierno y sus organismos a cambio de dinero.
En el último cuarto de siglo, la Argentina pagó, en conceptos de intereses de la deuda, 200.000 millones de dólares.
La Economía
El otro corralito
Un reciente y pormenorizado informe de la consultora Equis, elaborado sobre la base de datos de la Encuesta Permanente de Hogares del Indec muestra, con claridad, la extraordinaria transferencia de ingresos, de mayo de 1974 a mayo de 2000, provenientes de los sectores medio y bajo hacia la cúspide de la pirámide de estratificación social, y que fue valorizado según el PBI oficial del último trimestre de 2000.
"Se trata –según el informe– de ofrecer una perspectiva más amplia que complemente el actual debate comunitario centrado en la apropiación de los depósitos bancarios y el corralito financiero, para expandirla hacia el núcleo del actual ordenamiento social y económico: la distribución regresiva del ingreso y la conformación de un perfil de sociedad dual y desintegrada."
El sector que mayor participación relativa perdió fue el bajo, que cayó un 32,8 por ciento en el año 2000 respecto de 1974.
Le sigue el sector medio bajo, que perdió el 22,3 por ciento en el mismo período.
En términos absolutos, el sector medio pleno es el que perdió mayor participación en el ingreso, ya que transfirió al sector alto, y muy especialmente a la cima de éste, el equivalente anual a US$ 14.100.000.000.
Cada uno de los 31 millones de habitantes (recuérdese que este informe está basado en datos del Indec de 2000) integrantes de los estratos bajos, medios bajos y medios plenos transfirieron un promedio de 900 dólares anuales a los 5 millones del estrato alto y, en especial, a los 2,3 millones de la cima del estrato alto.
Una transferencia per cápita anual colosal que representa, a valores del año 2000, el 9,5 del PBI.
El 80 por ciento de los perceptores de ingresos agrupados en los estratos bajo, medio bajo y medio pleno residentes en hogares donde habita el 86 por ciento de la población nacional, transfirieron al 20 por ciento más rico de perceptores de ingreso distribuidos en hogares donde reside el 16 por ciento de la población nacional, el equivalente a 27.400.000.000 de dólares anuales a valores oficiales de PBI a precios de mercado del cuarto trimestre del año 2000.
Esta transferencia de ingreso desde los estratos bajos y medios a la cima de la pirámide social supone, para el caso de un hogar pobre con cuatro miembros, una transferencia mensual de 300 dólares por hogar.
Según el informe, si esos 300 dólares permanecieran para consumo de esos hogares, la línea de pobreza del Gran Buenos Aires –que fue del 32,7 por ciento en mayo de 2001– caería 25 puntos promedio hasta oscilar entre un techo del 10,3 por ciento y un piso de 5,2 por ciento de la población.
Tan importante es el crecimiento de la pobreza encabalgada sobre los segmentos medios de la población que, tal como sostiene el Indec, a mayo de 2001, para la región metropolitana, sobre 4 millones de habitantes ubicados bajo la línea de pobreza, el 60 por ciento (2,4 millones de personas) proviene de hogares de clase media declinados por ingresos, y sólo 1,6 millones corresponde a personas cuyo segmento social de origen es el de pobreza estructural.
Los
nuevos pobres integran hogares de clase media que, en promedio, están
por debajo de los 125 pesos mensuales por persona. Información aparecida
en la Revista La Nación (Nº 1706) del día 17 de marzo de
2002, pp. 31-35
Conclusión: Para no extendernos más
aportando infinidad de artículos y datos sobre lo que pasa en la Argentina
de hoy, además de decir que los síntomas agravada de la pobreza
se ven día a día en infinidad de situaciones, creemos que lo que
dice Joaquín Morales Solá en su artículo de La Nación,
del domingo 25 de agosto de 2002, en página 23, 5ta. y 6ta. col. resume
lo que ocurre con bastante precisión cuando dice: "Un país
cautivo de cincuenta dirigentes....La eventual renuncia de Pignarelli significaría
la caída del tercer presidente del Banco Central en ocho meses. ¿Creerá
el mundo exterior en las promesas argentinas de independencia de la autoridad
monetaria? Seguramente no.
La estirpe de la cima, formada por políticos, candidatos y jueces, retoza
mientras más de la mitad de la sociedad argentina cruzó ya la
línea de pobreza y el 70 por ciento de los niños no puede satisfacer
sus necesidades básicas. Ha hecho del daño una banalidad."
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