Biografía de Fernando Basilio Paillet - Fotógrafo de Esperanza

(27/10/1880 - 03/11/1967)


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Autoretrato, Circa 1920

"El tiempo y la experiencia me tranquilizarán, mi afán por llegar a producir un Portrait de hombres, con la maestría de un Chandler , pues llegué a esta conclusión: De que con las personas distinguidas como modelos, la galería de pose y demás elementos de que él disponía, yo como operador, hubiese hecho tanto como Chandler; y que en el caso inverso -dentro de lo relativo- él con mis modelos, galería de pose y elementos, no hubiera hecho las cosas que yo hice."

(Apunte manuscrito de Fernando Paillet.)


Fernando Basilio Paillet

27/10/1880 - 03/11/1967

Nació en Esperanza, Santa Fe. Fue el primer hijo de Clotilde Insinger, hija y nieta de fundadores de la colonia, y de Isidore Philippe Paul Eugene Paillet, de Braives -Liege, Bélgica-, profesor de piano y canto.

En uno de sus apuntes inéditos dejó escrito:

"El fotógrafo provinciano, de quien procuraré narrar fielmente los comienzos y su desenvolvimiento artístico, era nativo de una pequeña ciudad de la provincia de Santa Fe. Su participación en la vida artística - o profesional - como fotógrafo, tiene por límites estas dos fechas: 1894-1940".

En junio de 1894 comenzó a trabajar con F. Polzinetti en Esperanza. Luego en Sarmiento, pueblo vecino, y al año siguiente en el estudio de Francisco Oliveras, de Santa Fe.

Entre 1896 y 1901 trabajó en Rosario, con R. Brio; en Buenos Aires; en Mar del Plata, de nuevo en Santa Fe, con Lutser; en Esperanza durante casi dos años, probablemente ya en forma independiente -; y, por último, en La Plata, para la Casa Cappelli, como operador y retocador.

"Salí de la Casa Capelli el 27 de enero de 1901".

Volvió a Esperanza, instaló su estudio y trabajó allí durante cuarenta años. Fue pintor –en 1925 abrió una pequeña galería de arte que aparentemente cerró al poco tiempo –, violinista y director del coro de la Sociedad de Canto. Formó parte de un cuarteto de cámara. Compuso cuatro obras editadas –un tango, un vals y dos nocturnos- y una marcha inédita: "A Esperanza".

Escribió una comedia: "Bodas de Plata matrimoniales Paradiso - D’ Angelo". Dejó algunos apuntes y el primer capítulo concluido de una autobiografía cuyo título seria "La hora cero", que nunca terminó.

En 1948 las autoridades municipales le encomendaron organizar el Museo de Bellas Artes de la ciudad. Aceptó y propuso, además un anexo: el Archivo Histórico, formado por pequeños cuadros con collages de fotos sobre instituciones, costumbres, familias fundadoras y lugares históricos de Esperanza. Con el trabajo concluido las autoridades descartaron el proyecto. Paillet devolvió las pinturas donadas para el Museo y destruyó la mayor parte de sus cuadros para el Archivo, trabajo al que consideraba la consumación de su obra como fotógrafo.

El capítulo concluido de su autobiografía se titula "Se funda una colonia". Está fechado en 1950 y es el comentario más mordaz que hemos leído sobre la vida de nuestros pueblos gringos, en la figura de Esperanza; ciudad venerada y desdeñada al mismo tiempo; tema principal del "portrait de hombres" más importante de la fotografía argentina conocida de principios de siglo y uno de los más notables de la fotografía latinoamericana difundida; "donde inició su carrera meteórica el personaje número uno de este cuento. La ciudad que le sirvió de trampolín en su primer salto fantástico", como dicen las últimas líneas de su texto.

Allí también murió Paillet, muy pobre y físicamente disminuido. Encomendó su archivo a Rogelio Imhoff, que junto a otros familiares lo cuidó desde entonces con celo ejemplar.

RETRATOS, AUTORETRATOS Y GRUPOS

Esta muestra es complementaria de la primera que se dedicara a la obra de Fernando Paillet, organizada por el Consejo Argentino de Fotografía en 1980, donde se expuso lo más Representativo de su trabajo documental sobre Esperanza. Aquellas fotos fueron tomadas por Paillet espontáneamente, de oficio y el sujeto de sus temas son tanto los hombres como su contexto. En esta muestra es el rostro o la figura humana lo preeminente, y en buena parte se trata de trabajos comerciales. Una útil divergencia para comprobar la coherencia creadora de Paillet.

Por lo que conocemos de ella -- que es muy poco -- la fotografía argentina de principios de siglo fue subordinada a los recursos formales escasos y rígidos del estudio, que a su vez era una especie de atelier menor. Estereotipos pictoralistas y convenciones yertas dieron como resultados retratos que pocas veces transmiten autenticidad y vida. Paillet, en general, no se apartó del criterio formal de sus contemporáneos, sin embargo, sus buenas fotos son mucho más que el mero registro técnicamente correcto de rostros y figuras ajenos a él y a su cámara.

Como sabemos, cada persona tiene su figura preferida, y eso es lo que busca cuando llega a comprar su imagen eterna al estudio fotográfico. Esto sucedía en tiempos de Paillet y también hoy; pero en la Pampa Gringa de su época solían mezclarse además otras pulsiones a los gustos y preferencias que traían los clientes, de por sí muy convencionales. Recuerdo que mi padre, que no era un hombre particularmente supersticioso, rechazó una de las muestras de mis fotografías de comunión porque me cortaba las piernas - lo que en cine se llama "plano americano", es decir el borde inferior del cuadro a la altura de las rodillas del sujeto- y no le gustaba verme como si estaba mutilado; consecuentemente, eligió la muestra donde estoy en figura entera.

Los mejores retratos de Paillet datan de sus años de mayor prestigio, entre el '20 y el '30, cuando su madurez y la autoridad que le daba el aura del artista posiblemente cohibía un poco a su clientes. En la mayor parte de sus fotos comerciales --sobre todo de su primera época-- el documento, es decir, los datos visuales de identificación en sentido estricto desplazaron al retrato. De todos modos tampoco en sus trabajos de oficio Paillet pretendió alguna innovación formal (cuarenta años antes Nadar ) o Julia Margaret Cameron habían explorado zonas que el no tentó), de manera que sería falso darle el carácter de imposiciones a esos condicionamientos objetivos de su medio. Paillet se encuadraba sin inquietudes dentro de las normas formales --e incluso convencionales-- de su tiempo y lugar, y fue precisamente en esos márgenes estrechos y poco propicios para la creación que desarrolló su fotografía, sutil y variada --una gama amplísima y delicada en la variación y combinación de los elementos simples, como una música antigua-- produciendo retratos admirables.

Relata Rogelio Imhoff, su albacea y sobrino más próximo, que Paillet resumía sus obsesiones con una exclamación: "¡La luz y las manos!". (Podía tardar horas en preparar una toma, y llegó a suceder que algún cliente, impaciente, se fuera del estudio antes de hacer la foto.) La luz y las manos, es decir el modelado de la figura y la naturalidad de la pose.

Como principio estético no augura grandes logros. Tampoco el ideal de un "portrait de hombres" a la manera de Chandler (link) --fotógrafo prestigioso pero convencional de la oligarquía porteña-- es prometedor. Su comentario, "...con las personas distinguidas como modelos...", nos hace pensar en un criterio falso para la valoración del retrato fotográfico, como si lo "distinguido" del modelo pudiera condicionar el logro artístico de la foto. A las limitaciones de su época y medio, Paillet parece agregar --cosa coherente, por lo demás-- la de sus propias aspiraciones.

Pero su arte lo rebate. En la mayor parte de sus trabajos la cámara es un medio que nos aproxima, a sus modelos; una herramienta poco solemne, socarrona muchas veces, que él utiliza con gran flexibilidad para tratar de reproducir el "tipo" humano que le sugiere la persona retratada. Paillet era un realista con gran sentido de observación, apoyado en un talento plástico extraordinario para administrar los medios propios del estudio sin forzar ninguno de sus límites convencionales ni preocuparse por declarar un estilo.

El arte de Paillet para el retrato no se fundaba en su percepción sicológica, o al menos en lo que entendemos como tal cuando hablamos de retrato, es decir aquello que se escruta en el rostro del modelo. Excepto para sus retratos infantiles su fuerte no es el primer plano. Sus trabajos más eficaces apelan a la figura entera y una puesta en cuadro amplia. Estimulado por un modelo, parece evidente que en él se liberaba un proceso de creación complejo al que podemos llamar, sin desmedro, poético. La limpieza y precisión con que sus mejores retratos nos entregan el perfil que sentimos decisivo de las personas retratadas --y esto es lo que sucede con sus ancianas rígidas y secas, o sus matronas, verdaderas contracaras de la figura del patriarca en una sociedad muy patriarcal y autoritaria--

 

Pulse aquí y obtendrá  una versión ampliada de esta  fotografía familiar tomada por Paillet circa 1905  y otras fotos

sugiere un trabajo de obstinada y meticulosa persecución iluminando de un modo u otro, tentando uno u otro fondo, en esta o aquella pose hasta lograr que el visor de la imagen que más se aproximara a esa suerte de diseño, de boceto previo que su modelo le sugirió. Pequeños toques en la pose --la forma de sostener el sombrero, una inclinación de cabeza muy leve, cierta rigidez forzada del cuerpo-- y sus clientes "pitucos" o relamidos son, en verdad, retratados. La magnificencia barroca o severa --según el rostro, vestido y porte de modelo-- de sus "emperatrices gringas". O el empaque hierático de una pareja de recién casados pudientes, remarcado por una luz muy dura. Por lo demás no hay que olvidar que Paillet conocía más o menos bien a la mayoría de sus vecinos, y sobre mucho de ellos tenía, seguramente, opinión formada, es decir: una imagen.

Uno de los más altos momentos de su fotografía de estudio lo constituyen sus retratos de niños y adolescentes. La pose del niño remedando al adulto formaba parte de las convenciones de la fotografía infantil. Apoyado por este espacio cedido a la fantasía y a la recreación, Paillet desplegó una extraordinaria sensibilidad para exaltar los datos potenciales, por así decir del carácter moral del rostro de sus modelos: niñas "angélicas", "maternales", "varoniles" o "perversas"; retratos ambiguos donde no alcanzamos a distinguir los límites entre la inocencia y la ironía, que nos recuerdan a las fotografías de Lewis Carrol, un maestro a quién él no conoció.

Paillet se definía a sí mismo como un "fotógrafo provinciano"; lo cual es cierto sólo si esto significaba que era un fotógrafo de provincia, ya que en otro sentido fue probablemente el menos provinciano de los fotógrafos argentinos de su tiempo.

"La mayor dificultad de la fotografía reside en la necesaria coincidencia de la revelación del modelo, la realización del fotógrafo y la presteza de su cámara", dice Eduard Weston, y luego: "Pero cuando se consuma la perfecta unión espontánea --un documento humano-- se desnudan los verdaderos huesos de la vida". Acechar con su cámara el momento de la revelación esencial del modelo no era preocupación consciente de Paillet. Sin embargo, muchos de sus trabajos fueron claramente realizados bajo el imperativo de una exigencia compleja, dialéctica, y en ellos se consuma "la perfecta unión espontánea" y se logra "un documento humano". Como dice un poema de Constantino Cavafis. "El arte sabe como/ dar forma a la belleza. /Su toque imperceptible/ completando la vida,/ combinando impresiones,/ combinando los días".

L.P.

Fuente: Folleto informativo sobre la muestra organizada por la Municipalidad de Esperanza y el Centro de Residentes Esperancinos en Buenos Aires, en Casa Castagnino - Balcarce 1016 - Capital Federal, desde el 22 de abril al 15 de mayo de 1983.

La organización estuvo a cargo de Esteban Marco y Luis Priamo. Colaboraron: Museo de la Colonización de Esperanza, Editorial "El Fotógrafo", Esther Glanzer, Ruben Varela.

La investigación sobre la obra de Fernando Paillet fue realizada por Pablo Esteban Courtalon y Luis Priamo. (Datos obtenidos del material de Archivo del Museo de la Colonización de Esperanza, Esperanza, provincia de Santa Fe, República Argentina).


FERNANDO PAILLET
a 100 años de su nacimiento: 1880/1980

Fernando Basilio Paillet nació en Esperanza, Provincia de Santa Fe el 27 de octubre de 1880. Hijo de Clotilde Insinger, esperancina de segunda generación, nieta de Peter Zimmermann, primer colono que murió en Esperanza y de Paul Eugene Paillet, belga, profesor de piano y canto. Desde muy joven se dedicó a la fotografía y en 1898 era empleado del Estudio Lutser, el más importante de la ciudad de Santa Fe. A comienzos del siglo se instaló en Esperanza como fotógrafo y continuó en la profesión hasta 1950.

Llevó una activa vida cultural como músico -dejó tres obras editadas - y autor teatral. Fundó clubes con actividad literaria, musical y deportiva como el Club de la Equis, la Sociedad de Canto y otros.
Se convirtió en el fotógrafo más conocido y destacado de Esperanza, conservando esa posición durante más de veinte años. Su mayor ambición fue documentar la vida, costumbres y paisajes de Esperanza. Formó colecciones perfectamente organizadas de retratos de intendentes, jefes de policía, jueces de paz, damas de beneficencia y todo tipo de personalidades y gente anónima.
Paillet fue encargado de formar un Museo Histórico de Esperanza y un Museo de Bellas Artes con obras de creadrores de la ciudad. Inició la tarea con su sobrino Rogelio Imhoff y llegó a tener un archivo importantísimo. El proyecto fue detenido por barreras burocráticas, lo que llevó a Paillet a un estado de fuerte depresión que lo condujo a destruir el ochenta por ciento del material acumulado. También prohibió la utilización de parte de su archivo aún después de su muerte.
Solamente quedaron unas doscientas placas disponibles, de las que se han seleccionado sesenta para la presente exposición, que se "salvaron del incendio" por ser imágenes no oficiales; imágenes tomadas "para él": gente anónima, gente amiga, lugares públicos y queridos.
Paillet tuvo una vejez retraída a causa de una sordera progresiva y su vida se extinguió en medio de un enorme ascetismo. Murió en Esperanza el 3 de noviembre de 1967.


Memoria Visual de una Ciudad

Cuando el fotógrafo toma una imagen es porque desea perpetuar un momento: está construyendo su memoria visual. Es un acto selectivo y selectiva también es la memoria. ¿Qué es la memoria? Memoria es la "potencia del alma, por medio de la cual se detiene el pasado". Es así como el fotógrafo detiene el pasado visual y la FOTOGRAFIA se convierte en la memoria visual de una sociedad.

En esto reside la importancia de la obra de FERNANDO PAILLET. Es nada menos que el hombre que conservó la época de Esperanza que le tocó vivir y que hoy revivimos en esta muestra.

Las fotografías de FERNANDO PAILLET se distinguen de las de sus contemporáneos; es un fotógrafo de calidad y sensibilidad. Uno de sus mayores aciertos en el aspecto formal es el encuadre: clásico y sobrio. Seleccionó la realidad sin desperdicio de espacio y con sabio sentido de la luz, criterio evidente en sus tomas de arquitectura. Supo resaltar volúmenes armoniosamente, aún en los temas más simples y carentes de monumentalidad. La misma precisión la notamos en sus tomas de interiores de comercios y talleres.

Pero quizás lo más sorprendente es el contenido humanista de la obra de PAILLET, sólo comparable al de fotógrafos - autores que trabajaban en la misma época anónimamente en Europa y Estados Unidos y que es difícil que Paillet conociera. En la Argentina, en la época de estas tomas -1900-1920-no existen antecedentes conocidos, hasta hoy, de una fotografía testimonial de autor tan completa y rica. A Paillet no le molestaba la gente, propietarios de comercios, clientes, empleado; personajes parados a las puertas de las casas, asomados a sus ventanas, peatones o curiosos observando naturalmente el trabajo fotógrafo, todos fueron incluidos en las tomas; en un momento en que sólo se utilizaba la arquitectura como escenografía. En las fotos de grupos humanos se palpa una cultura, una manera de vivir de una ciudad, que ha quedado registrada -por fortuna- para uso de historiadores, antropólogos o estudiosos de diversas disciplinas a través de este material de insólita calidad y belleza.
Quizá otras ciudades de la Argentina cuenten con un FERNANDO PAILLET aún desconocido que haya sabido detener fotográficamente un momento histórico. Que esta muestra pueda despertar el deseo de búsqueda de esos testigos es la aspiración del CONSEJO ARGENTINO DE FOTOGRAFIA.

Buenos Aires, 1980.


EL GORRIÓN BOHEMIO QUE RETRATÓ LA CIUDAD DE ESPERANZA

Estudio fotográfico de

Fernando Paillet - Calle Ferrocarril Nº 8

Esperanza de Santa Fé

Destruyendo una parte de su obra, el fotógrafo Fernando Paillet intentó burlar su propia posteridad.

Un reproche a las ingratitudes del presente, pero una protesta imprevisora al fin. Las artimañas del futuro suelen ser incalculablemente endiabladas, en especial cuando uno ya no está vivo para neutralizarlas.

El destino le ganó la partida con el nombre de Luis Príamo, un especialista de la imagen que, hará una docena de años --en ese entonces con la colaboración del fotógrafo Esteban Courtalón --, comenzó a rescatar y difundir enconadamente la obra de Paillet.

La reivindicación traspasó las fronteras nacionales, en tanto los trabajos del fotógrafo esperancino ya llegaron a varias capitales europeas. Y una opulenta edición bilingüe de la Fundación Antorchas dedicada a Paillet se encuentra en circulación. Fue preparada por el mismo Príamo, actualmente becado por el Social Council de los Estados Unidos para continuar sus investigaciones sobre el papel de la fotografía en el desenvolvimiento histórico de nuestra provincia.

El interés en la obra de un creador conlleva, fatalmente cierta curiosidad por su personalidad, modos de trabajo y entornos de vida. O sea que el díscolo fotógrafo tampoco escapó de la memoria de quienes lo trataron. Ofrecemos una conversación inédita entre Gastón Gori y Luis Príamo, grabada hace ya unos años, en la cual el escritor desmenuza sus recuerdos preferidos a Paillet. Sus reflexivas evocaciones nos hablan, a la vez, de la atmósfera social y cultural de Esperanza, de una época y del propio Gastón Gori, el entrevistado.

 

 

 

UNA INSTANTANEA DEL PRESIDENTE

SOBRE PEDRONI

Fuente: Gori, Gastón, "Bohemio como era: Fernado Paillet en la evocación de Gastón Gori", El Litoral Revista, Santa Fe, viernes 18 de setiembre de 1987.


VISIÓN DE GASTÓN GORI

"Era un hombre bajito..."

"Mis recuerdos de Paillet parten de sus 55 o 60 años. Era un nombre bajito, muy menudo de cuerpo. Vestía un traje, creo recordarlo, gris.. Fue el mismo durante muchos años porque era muy conservador con su ropa. Una corbata de moñito, pero no gruesa, sino delgada, y unos pantalones bombilla. Tenía un caminar bastante rápido. El rostro tiraba a sonrosado, seguramente pecoso en su juventud. Cabellos rojizos y la barba también. Manos muy pequeñas, ojos vivos, labios delgados. Nariz mas bien gruesa, y cara redonda. Nunca lo vi usar el gran sombrero con el que suele aparecer en los retratos. Mas bien lo recuerdo con sombrero de ala chica. Era un hombre sonriente, cuando quería ser irónico.

La característica de Paillet, en sus relaciones con los demás, era la ironía.

"Era un hombre de relación fácil, satírico por naturaleza. Sonreía cuando iba a decir algo irónico, o a manifestar un juicio encubierto. Observaba desde un ángulo bastante risueño a la vida en Esperanza. No sé porqué, porque él era esperancino, vivió el ambiente de Esperanza, pero la veía un poco como de afuera. No siempre era bondadoso su juicio, y sabía ser muy agudo. Quizá se complacía en ser agudo, caústico en su juicio. Era un hombre afectuoso. Ahora, en las ciudades pequeñas, siempre hay algún tonto que juzga mal a un hombre original. Eso es inevitable. Había gente que no entendía a Paillet, que inclusive no lo estimaba. Y no lo estimaban porque aquella era una ciudad de gringos, donde todos trabajaban en gran forma, así que allí un hombre que era como un pajarito, que no se sabía de que vivía, era bastante extraño. Pero yo tengo la convicción de que era un hombre honesto. Y un hombre honrado y respetado por quienes lo conocían. No creo que por su naturaleza y su manera solitaria de vivir --que a veces, en esas ciudades da lugar a una apreciación equivocada-- no se lo haya respetado a Paillet. Y creo que los más inteligentes eran los que más lo respetaban.

"Paillet era por naturaleza un hombre bohemio. Por ejemplo, no sabemos porque vivía en casas que no eran alquiladas. Nosotros conocemos que vivió por lo menos en dos casas así. En la que vivió primero sucedía eso, no la alquilaban, y no creo que él la alquilara, porque no era un hombre de recursos. Después vivió en otra casa vieja --muy grande para él, que estaba solo-- que tampoco creo que alquilara. Yo pienso que siempre tuvo amistades que le toleraron su manera de vivir. Y creo que él le había tomado un poco la mano a todo eso, bohemio como era".

Fuente: Gori, Gastón, "Bohemio como era: Fernando Paillet en la evocación de Gastón Gori", El Litoral Revista, Santa Fe, viernes 18 de setiembre de 1987.


Fotógrafos

Fernando Paillet, fotógrafo de Esperanza

A principios de siglo comenzó a trabajar en Esperanza, Provincia de Santa Fe, don Fernando Paillet. De allí en adelante, durante más de cuarenta años, sería el profesional más competente y reconocido de la ciudad. Hasta donde sabemos, estos fotógrafos trabajaban casi únicamente en estudio; si salían a la calle era para cubrir algún pedido especial: una fiesta, un acto oficial, algún acontecimiento público considerado memorable. No tenemos noticia de fotógrafos profesionales no reporteros, como Paillet, que hayan salido a documentar oficiosamente la calle.

(Tal vez esto sea consecuencia de la falta de información que en general tenemos sobre el desarrollo de la fotografía en nuestro país. Nuestro cine tiene sus historiadores, nuestra fotografía no.)

De todos modos , si los hubo, pensamos que fueron excepcionales. Esto fue, exactamente, don Fernando Paillet.

De todos los originales de Paillet, cuyo número ignoramos, el Museo de la Colonización de Esperanza, posee unos doscientos cincuenta. Son placas de vidrio, de 9x12, 12x18 y 18x24, muchas de ellas bastante deterioradas, vaya a saber porqué peripecias. Sucede que, en circunstancias normales, ese material no debería haber salido de los cajones donde los guardaba Paillet, ya que en su testamento dejó expresa disposición de no dar a nadie, institución o persona alguna, por ningún motivo, uno sólo de sus negativos. El Museo recibió las placas en carácter de donación anónima. Muchos de estos negativos son los habituales de todo archivo de fotógrafo profesional: familias, matrimonios, retratos, pero el resto conforma lo que, sin menoscabo del término, podemos llamar una obra.

Es evidente que sus trabajos no resiste comparación con la de los grandes fotógrafos de su época. Pensamos en Stieglitz o Man Ray, por ejemplo. Incluso no lo resiste con los anteriores a él, como el norteamericano Bradley o el francés Nadar. Las fotos que Bradley tomó en los campos de batalla de la guerra de Secesión norteamericana nos revelan a un fotógrafo con sentido muy vivo del encuadre, flexible y escudriñador. La cámara de Bradley selecciona: se acerca a un soldado muerto en una trinchera con sus pertenencias desparramadas alrededor, brazos y piernas abiertas, el rostro hundido en el barro, y los dedos engarfiados y nos da una visión hasta entonces inédita de la guerra y la muerte del hombre en la guerra; algo que sola la fotografía, por otra parte, podía hacer. Es decir, visión, cámara y realidad se pusieron en tensión, se modificaron, se amalgamaron para cristalizar en una foto.

En Paillet cámara, visión y realidad son entidades estáticas. Desde un punto de vista formal es un fotógrafo indistinguible. Compone con un equilibrio perfecto de volúmenes, masas y líneas, pero con rigurosa monotonía, no utiliza nunca más que el plano general, y a lo sumo, cuando el espacio lo constriñe, el plano general corto. No baja, ni sube la cámara de la altura normal, la altura de su ojo, excepto para planos de multitudes o paisajes, cuando sube a un edificio. Su objetivo es registrar en totalidad: un desfile, un taller, una máquina trilladora. En sus manos la cámara nunca es una herramienta que sugiera usos diversos. Mirando sus trabajo se tiene la sensación de contemplar una realidad en bruto.

Pero sería insensato reclamarle a la obra de Paillet atributos que los límites ceñidos por su circunstancia no le permiten reunir.

Esperanza en aquél tiempo tenía una respetable actividad cultural. A comienzos de los años veinte José Pedroni escribía los versos de "Gotas de Agua", su primer libro, iniciando una obra que sería la mayor importancia regional y de dimensiones nacionales. Pero literatura y fotografía no son lo mismo. Aún el intercambio literario es mucho más fluido. A Esperanza podían llegar los libros importantes que se estaban editando en el país, traducciones, revistas especializadas, y la influencia de los movimientos literarios porteños. Por el contrario, Paillet seguramente habrá tenido poco acceso a revistas ilustradas donde publicaran los fotógrafos de primera línea de su tiempo, europeos y norteamericanos. Además estaba solo en su oficio. Solo y muy respetado, un respeto que en cierto sentido sería un silencio de interlocutores críticos: un contexto, en suma, que no facilita el desarrollo creador de un artista y más bien tiende a paralizarlo. Es en el marco de este contexto que debemos realizar el análisis crítico de la obra de Paillet.

Desde muy temprano --hay placas que datan de 1905-- Paillet realizó un relevamiento sistemático de su ciudad: calles, casas de familia, edificios públicos, fiestas de campo, excursiones de caza, conjuntos vocacionales, procesiones, chacras, máquinas trilladoras. Fotografió la plaza en diferentes ocasiones a través de los años: vacía en invierno, un domingo a la tarde con gente paseando, para un 25 de mayo con la carrera de sortijas en una de sus calles laterales. No hacía diferencias de clase: tres criollos pobres en el patio de su rancho eran un motivo de igual importancia que en una familia de ricos en el jardín de su casona.

En febrero de 1922, durante los días 13, 14 y 15. Paillet realiza una especie de raid frenético fotografiando los interiores de boliches, talleres, carpinterías y negocios de todo tipo con quien estuviera allí en ese momento. Sus conciudadanos, sin endomingarse, detuvieron el trabajo que los ocupaba y quedaron quietos para su disparo. Todo ese material constituye lo más importante, a nuestro juicio, del trabajo de Paillet, no sólo por la originalidad y valor documental que tienen, sino porque allí se manifiesta la faceta más creadora de Paillet: su sensibilidad para la luz.

En todos esos interiores hay un aprovechamiento muy sutil de las fuentes naturales --ventanas, puertas, banderolas, tragaluces--, lográndose un equilibrio perfecto entre la luz natural y la del flash del magnesio. Los volúmenes, la profundidad de planos, la textura de objetos y figuras humanas modelados por la luz, son ejemplares. Trabajando con un equipo técnico elemental y en ámbitos interiores a veces muy amplios, con personajes ubicados en distintos planos. Paillet obtiene placas técnicamente perfectas, logrando con ese realismo estricto un material vivo, auténtico, que al contrario de las fotografías que solemos llamar artísticas, fue mejorado por el tiempo y terminó siendo algo más que un documento entendido como "prueba" del pasado. La atmósfera creada por la luz en los interiores de Paillet es más que un mero registro y en algunos casos, como en la foto de la panadería, (link a los datos de Giambattista) produce un efecto dramático extraordinario. Impensadamente, quizá, como sucede muchas veces en el arte. Paillet nos dio una visión nueva y verdadera de aquella vida en muchos aspectos semicampesina, revelando lo sórdido de ese primitivismo, algo que en la poesía de José Pedroni, por ejemplo, no llegó a captar.

Después de cuarenta años de trabajo, antes de morir, Paillet decide negarle a sus conciudadanos --que en definitiva fueron su única referencia--, para siempre, el derecho a ver sus fotos. Ese fin amargo y crispado nos conmueve; quisiéramos poder atemperárselo, agradecerle su obstinación, asegurarle, que sus placas artesanas, aún rayadas, picadas, rotas, desvaídas, son para nosotros preciosas burbujas de vida y que, con todo respeto, cada vez que tengamos ocasión vamos a desacatar su triste mandato final.

L.A. PRIAMO

Fuente: Artículo de Luis Priamo, facilitado por el Museo de la Colonización de Esperanza, Esperanza, provincia de Santa Fe, República Argentina.

Contratapa del catálogo preparado para la nómina de futuros galardonados en el premio "Fernando Paillet" de la Galería VOLPE STESSENS


Fernando Paillet

1880-1967

Fernando Paillet, nació en Esperanza, pcia. de Santa Fe, Argentina, en 1880. En 1894, para aprender el oficio, comenzó como aprendiz en su pueblo, luego en Santa Fe, Rosario y Mar del Plata. Volvió a Esperanza e instalo su propio estudio actuando allí, como el más prestigioso fotógrafo hasta 1940, año en el cual lo cierra y desde ese momento no vuelve a tomar fotografías.

Como todos los buenos profesionales, tenía conocimientos de pintura y creó una galería de arte en su estudio -- a la manera de Witcomb y Van Riel en Bs. As. --

Sacó unas 12.000 fotos durante su actividad, de las cuales se conservan 2.000 copias y 300 placas de vidrio, armó un archivo histórico con más de 200 cuadros al que consideraba la culminación de su obra. Las autoridades descartaron el proyecto y Paillet destruyó la mayor parte.

Sus últimos años fueron de extrema pobreza y aislamiento, murió el 3 de noviembre de 1967.

Luis Priamo

Del libro: Fernando Paillet Fotografías 1894-1940 (Editado por Fundación Antorchas 1987)

Detalle de exposiciones realizadas con material fotográfico de Fernando Paillet en Argentina y el mundo

Exposiciones en Argentina

Exposiciones en el extranjero, organizadas o propiciadas por el Consejo Argentino de Fotografía

Esperanza - Santa Fe 60 obras (Auspiciado por Municipalidad y el Centro de Residentes Esperancinos en Bs. As.)

"Fotografie Lateinamerika 1860-1980" Kunsthalle, Zurich, Suiza

Galería CAYC, Bs. As.

Museo de Arte Moderno, Berlín Occidental

Foto- Galería Omega La Plata

Museo de Arte Contemporáneo - España

Escuela de Fotografía - Avellaneda

50 obras de F. Paillet - Biennale Internazionale di Fotografía - Palazzo Reale di Caserta - Italia

Museo de la Ciudad - Santa Fe

40 obras de F. Paillet - Galería Fotomanía - Barcelona - España

Casa de la Cultura - Vicente López

50 obras de F. Paillet - Galería San Fedele - Milano - Italia

Municipalidad de Reconquista - Santa Fe

50 obras de F. Paillet en Photoamérica - Génova - Italia

Retratos, autoretratos y grupos (Auspic. Por la Municipalidad y el Centro de Residentes Esperancinos en Bs. As.)

20 obras de F. Paillet en Recontres de la Photographie, Aries, Francia

Galería casa de Castagnino, Buenos Aires

 

Museo de la Ciudad - Buenos Aires

 

 

Su obra

Ha llegado el momento de recordar a Fernando Paillet. Su obra a la que se dedicó con pasión refleja la vida de gente simple, el palpitar de un pueblo, sus sentimientos, el interior de sus lugares de trabajo, las reuniones de familia y entre amigos. Se aleja del documentalismo para infundir en sus imágenes el humanismo, que señala una nueva manera de ver al otro.

En Esperanza, alejada del centro cultural que era Buenos Aires, sintió a sus semaejantes con solidaridad y comprensión convirtiéndose en el precursor de la fotografía contemporánea en la Argentina.

Recordamos a Fernando Paillet en este premio con su nombre, agradeciendo sus íntimas resonancias que nos transportan aun pasado costumbrista argentino lleno de vivencias y añoranzas.

 

Contratapa del catálogo preparado para la nómina de futuros galardonados en el premio "Fernando Paillet" de la Galería VOLPE STESSENS


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