El período de máxima expansión de las escuelas italianas fue entre 1870 y 1890. Son los años en los que predomina la inmigración que viene del norte de la península y la educación argentina aún no está organizada.
Quienes llegan al país están imbuidos de los ideales políticos del Risorgimiento, de los mazzinianos y de los republicanos.
La instrucción era vista por ellos bajo el perfil instrumental: saber leer, escribir y contar, más que como una preservación de una "lengua patria" nunca de hecho hablada o aprendida, siendo el dialecto la forma de comunicación.
Además, la taza de analfabetismo era alta.
"Esos
son los años en que «Italia acaba de hacerse>, y los italianos aún
están por hacerse. Cada uno habla el propio dialecto, tiene costumbres,
tradiciones de folklore tan diferentes que parecen extranjeros entre si...".11
"En el momento
en que se embarca el emigrante se encuentra en presencia
de tantas Italias que no se reconocen entre si y esta diversidad que se acentúa
entre el norte y el sur, en los sectores populares se convierte en extrañeza,
incomprensión y a menudo hostilidad. La Italia popular solo tiene conciencia
de realidades individuales y de identidades regionales. Una situación
que tiene aspectos paradojales: el emigrante italiano se descubre tal cuando
se embarca, pero sobre todo, su condición de italiano será determinante,
le será impuesta a partir del desembarque en el nuevo mundo justamente
cuando asume su carácter de ajeno respecto de los italianos de otras
regiones. Es previsible el papel que desempeña la lengua en estas circunstancias.
El dialecto es la causa principal "."En el momento de la unificación,
entonces, la población italiana carecía en su 80% de la posibilidad
de ponerse en contacto con el uso del italiana escrito, por la ya recordada
ausencia del italiano oral "
"La primacía del italiano era ya entonces un dato cierto y seguro, pero solo en el plano cultural y político, y no en el efectivo plano lingüístico: al hecho de que el italiano fuera en verdad el idioma usado principalmente por los italianos, se oponían hábitos y caracteres que, radicados por siglos en la sociedad italiana, habían producido condiciones linguísticas muy singulares, en definitiva, la paradoja de una lengua celebrada pero no usada, por así decirlo, extranjera en la patria"12.
Las primeras escuelas italianas en la Argentina empezaron a funcionar en Buenos Aires: el 16 de octubre de 1866 fue fundada la escuela de la Sociedad "Unione e Benevolenza "; el 24 de diciembre del mismo año, la de la Sociedad "Nazionale Italiana". Eran escuelas primarias. En 1876 fueron fundadas las primeras escuelas italianas para mujeres, por la sociedad "Unione Operari Italiani".
En 1884, la sociedad femenina "Margherita di Savoia" dio origen al primer Jardín de infantes italiano adoptando el método froebeliano.
Las escuelas no siempre recibieron apoyo de las sociedades y de los socios; eran para las clases populares, la parte culta o adinerada no asistía a ellas. Por lo general, se escatimaba el pago de los sueldos a maestros y la compra de libros y útiles escolares. En los momentos de crisis se cerraban.
Fueron abiertas para aumentar el número de socios, ofreciendo un servicio extra al servicio mutual, o para mantener buenas relaciones con las autoridades diplomáticas y consulares o con las autoridades locales. Solo fueron defendidas por los intelectuales emigrados, imbuidos de las ideas Risorgimentales de 1848 de espíritu patriótico y liberal. Cabe agregar que el gobierno italiano tampoco hizo mucho por ellas.
En 1888, Sarmiento desató una dura crítica hacia las escuelas Extranjeras.13
A partir de 1900 decaen por su bajo nivel de enseñanza, por la necesidad de rendir examen para ingresar a las escuelas secundarias cuando se había egresado de una de ellas y porque sus asistentes no tenían posibilidades de seguir estudios en Italia.
En 1906 el gobierno italiano apoya la instalación de escuelas Salesianas, pero éstas tendrán un carácter diferente.