NO SOLAMENTE COLONOS
Autor: Hugo M. Zingerling
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Un
antes y un después de la misma pampa
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Al acercarse un nuevo aniversario de nuestra ciudad, quiero recordar y rendir homenaje, no solamente a los colonos que desde 1856 se instalaron en Esperanza, sino también a los antiguos pobladores y defensores de estas tierras.
Pobladores, que desde los primeros tiempos de la dominación hispánica las poseyeron o transitaron. Tampoco quiero olvidarme del nativo indígena, el más antiguo, y por siglos, dueño absoluto del territorio sin necesidad de papeles, libre de recorrer la región y de obtener lo que la naturaleza le otorgaba.
Además, este espacio servirá, para dar un adelanto de una investigación histórica que estoy realizando.
Esta investigación, está orientada a conocer quienes fueron los antiguos pobladores de las tierras de la banda occidental del río Salado, desde (aproximadamente) lo que es hoy Empalme San Carlos, hasta su confluencia con el arroyo Cululú, desde el momento en que hay documentos , testimonios y noticias que así lo prueban. (Aproximadamente Siglo XVI-XVII en adelante).
Encaro esta investigación para que podamos conocer con mayor precisión la historia de nuestra ciudad y sus alrededores, mucho antes de la instalación de la colonia, en 1856.
Ya en 1688 se produce la venta de una "suerte de estancia" al Oeste del río Salado, a 10 leguas de Santa Fe, (paraje denominado Cululú), por parte de Felipa Robles, vda. del Capitán Francisco Rasquín, a Juan Basualdo. 1
Al vender esta estancia, su dueña especifica en la escritura; "Vendo una estancia que tengo poblada de la otra vanda (sic) del Río Salado, de esta jurisdicción, con casas y corrales y ganado obejuno (sic) y yeguas que tengo en ellas...". 2
Desde esta época, insisto aproximadamente, estas estancias estaban habitadas. No todas por sus dueños, que generalmente residían en Santa Fe, pero si por sus puesteros y peones. Aunque a menudo también eran recorridas y visitadas por sus propietarios.
Esto prueba, que ya por lo menos desde 1688, había presencia, poblamiento y usufructo de estas tierras. El comprador, Juan de Basualdo y luego, sucesivas generaciones de Basualdos, vivieron y ocuparon efectivamente estas tierras, residiendo en ellas permanentemente desde ese año hasta el presente siglo.
Esta estancia estaba ubicada al Norte de la actual Esperanza, cercana al distrito después conocido como A.B.C., y la confluencia del Cululú y Salado.
Alrededor de la mitad del siglo XVII le sucedían hacia el Norte, entre estos dos accidentes, (Cululú y Salado) las estancias del Maestre de Campo José Arévalo (después Francisco Monteros), luego la de Hilario Pereyra.
Esta estancia de Pereyra, según lo expresado por el S.J. Pedro Grenón en su obra Historia de Esperanza,3 es vendida en 1662 a Francisco Sánchez.
Seguía a esta, siempre hacia el Norte, la del Capitán Luis Romero y luego otra, de un "fulano Mota".
Volviendo al límite Sur de Felipa Robles, lindaba con tierras de los herederos de Don Luis Carballo. Esta propiedad, estaría ubicada apenas al Norte de la actual ciudad. Pero, al Noreste y Este de la actual Esperanza había estancias que tenían por dimensión una legua de frente (al Salado) por dos leguas de fondo al Oeste. Se sucedían estas, desde cerca de lo que hoy es Santo Tomé y siempre bordeando el Salado, hasta el Cululú, siguiendo luego por la cuña que forman el Salado y el Cululú, las estancias anteriormentes descriptas.
Lugares también conocidos como Mihura, Rincón del Pintado, Rincón de Avila y Rincón de Alfonso, respectivamente.
Un mapa de 1762, de orden real, levantado por el Piloto (denominación antigua de la actual profesión de Agrimensor) Juan de Pita Bosque, prueba la existencia de estas estancias, y estaban ubicadas (al menos una de ellas), en tierras que luego fueron ocupadas por la Colonia Esperanza en 1856. Las demás estaban muy cercanas a Esperanza y sus nombres han dejado topónimos conocidos actualmente.
Las estancias de Lassaga, Zepeda, de Pedro Mihura, de la vda. de Arizmendi, la de Pintado o Pintau y la de José Villamea, se escalonaban desde el Sur (actual Empalme San Carlos) hasta llegar a la unión del Salado y el Cululú.
Precisamente el vado ubicado en las tierras de Pedro de Mihura, dio el nombre a este paso, nombre que aún conserva desde el S. XVIII.
Según el referido plano, estas estancias tenían sus "poblaciones" o puestos principales. Por supuesto, que no es el mismo término con que hoy entendemos población. Pero significaba, por lo menos, la existencia de algunos ranchos o "casas" de la época, donde probablemente residía el encargado de juntar el ganado y su familia, si la tenía consigo, en tan solitarias avanzadas.
Además esta población contaba casi invariablemente con un grupo de corrales hechos de palo de ñandubay a pique, para juntar el ganado, dado el carácter rústico y cuasi-pastoril de las actividades que se podían desarrollar en ellas.
Estas estancias, a fines del S. XVIII pasaron por sucesivas ventas o por herencias a personajes tales como: José Iturraspe, Pedro de Larrechea, José Pujol, Bernardo López Pintado, la de José Villamea a Agustín Iriondo. Esta última, es la posesión que luego pasa a su hijo Urbano de Iriondo, y en 1836 por ley de premios al Brigadier Estanislao López, donde el Estado la compra y cede a este último. Lo mismo ocurre con terrenos pertenecientes a Rosa Maziel, vda. del Capitán Francisco Echague, ubicados al Norte de los de Iriondo, y Noroeste, aproximadamente en el mismo sitio que en 1688 ya los documentos ubicaban a los herederos de Luis Carballo.
Es por la larga posesión de los Iriondo, que el fortín que se encontraba al llegar los colonos al Norte de Esperanza (cercano a los terrenos del hoy circuito y matadero municipal), llevaba precisamente este nombre (Iriondo), aunque en 1856, las tierras ya pertenecían a los herederos del Brigadier López.
Este fortín existía desde 1815, año en que el Director Supremo Alvarez Thomas envía tropas a Santa Fe, al mando del Cnel. Juan José Viamonte o Viamont. El pretexto de este envío era contener la irrupción de los indios en la frontera NO de Santa Fe. En realidad quería cortarle el paso del Paraná a Artigas en la lucha entre porteños y caudillos del litoral.
De todas maneras Viamonte, mientras fue gobernador de Santa Fe, se ocupa del problema de las fronteras con los indígenas fundando para el refuerzo de ellas dos compañías de dragones.
"Con esta tropa perfectamente arreglada y asistida puso fuertes desde Añapiré hasta la Estancia de Iriondo." 4
Desde esta fecha, entonces, existió el llamado Fortín Iriondo, también conocido luego como de Reyes, por ser este el nombre de uno de sus comandantes.
No hay que descartar que antes de 1815, año de su creación oficial, haya existido como un emplazamiento de defensa de los sucesivos dueños de esa estancia y que el gobierno provincial aprovechó su presencia para dotarlo con mejores recursos y un contingente de tropas.
Este fuerte estaba situado muy cerca de donde según el mapa de 1762 se señalaba como la ocupada por la población de Villamea y un poco más al Norte, cercano al actual lugar conocido como paso Vinal, se encontraba la ya tapera de Cazal, siempre según dicho mapa.
Es difícil resumir tanta información y suprimir detalles que podrían clarificar el tema, en tan poco espacio. Pero si hacemos un salto cronológico y llegamos al momento en que se produce en 1856, la venta de una parte de las tierras de los herederos del Brigadier General Estanislao López, para emplazar allí la Colonia Esperanza, descubrimos que lo vendido tiene casi las mismas dimensiones que en el plano de 1762 se le adjudican a la propiedad de José de Villamea.
Los terrenos fueron vendidos el 19 de enero de 1856, pero recién se escrituran en el año 1864. Este terreno o suerte de estancia, tenía una legua desde el Salado, su límite natural Norte, hacia el Sur, por una legua y media de Este a Oeste.
Lo que sucedió es que el terreno comprado por el Estado para las instalación posterior de la Colonia Esperanza, tenía menor superficie que la necesitada para el emplazamiento total de esta.
Súmese a esto el hecho que la Colonia no comenzaba sus concesiones inmediatamente debajo del Salado, sino que las concesiones terminaban o empezaban en su costado o límite Norte, desde el antiguo fortín (Iriondo) hacia abajo, (es decir hacia el Sur) siempre siguiendo una línea imaginaria que pasaba por él, de Este a Oeste como límite Norte de el comienzo o terminación del rectángulo formado por la totalidad de las concesiones diagramadas para la fundación de la colonia.
Los límites por el Oeste de la Colonia eran: más tierras de herederos de López al Norte, compradas en 1861 por Miguel Otero, antiguo soldado del Gral. San Martín. También limitaba con tierras fiscales y más al Sur, pero siempre por el Oeste con tierras de los herederos de Pedro de Larrechea, prolongándose estas por el límite Sur, y Sur - Oeste.
También al Este se encontraban tierras de José Pujol y las de herederos de Pedro de Larrechea (representados por Manuel Pujato) antiguas tierras de López Pintado y más antiguamente del Capitán Esteban Marcos de Mendoza. El límite Norte era el río Salado.
La Colonia en su parte Sur se hallaba superpuesta en aproximadamente un 40% con tierras de Pedro de Larrechea. Sus terrenos o suertes de estancias originales tenían como todas desde el Salado hacia el Oeste, dos leguas de fondo, lo que hace que todas las estancias terminen casi exactamente en todo el límite Este del sitio establecido para las concesiones. Pero con motivo de las guerras civiles, Pedro de Larrechea había perdido sus títulos, es por esta razón que en 1827 solicita al Superior Gobierno se le reconozca la legitimidad de sus antiguos derechos y que además se le conceda en dádiva o por venta, dos leguas más de fondo hacia el Oeste. Pasando así, sus propiedades desde 1827, a tener dos leguas más de fondo hacia el Oeste, partiendo desde el Salado.
El Gobierno accedió a lo solicitado por Larrechea y el 2 de noviembre de 1827 legalizó ante Escribano Público la notoriedad de sus derechos anteriores y además, se le otorgó por merced, la extensión de fondos solicitada.
Es por esta cesión o merced de tierras realengas que le hizo el Gobierno, que luego los fondos de las tierras de los herederos de Pedro de Larrechea se superponían con los otorgados o designados para el emplazamiento de la Colonia al momento de su fundación.
Creyendo el Gobierno y la Comisión encargada de elegir el lugar, que la parte Sur y Oeste de la misma estaba comprendida en terrenos fiscales.
Llama la atención que al reclamo lo hacen los herederos de Larrechea recién en 1864, solicitando deslinde y mensura judicial, y no antes, cuando hacía ya 8 años que la Colonia estaba instalada de hecho, en parte de sus territorios.
Problemas de este tipo se repetirían con el llamado Campo Comunal, que supuestamente según el contrato de fundación, debía rodear a las concesiones en todo su contorno. Campo Comunal que sólo pudo tener la Colonia en su parte Norte y ángulo Nor-Oeste.
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"Figura
7 -Plano catastral de los alrededores de Santa Fe, agregado al "Proyecto"
y a los contratos de colonización (1858), donde se indican los
terrenos cedidos a Beck y Herzog", que
se reproduce en el libro de Schobinger, Juan, Inmigración y
Colonización Suizas en la República Argentina en el Siglo XIX,
Buenos Aires, Instituto de cultura suizo-argentino / Publicación
Nº 1, Didot S.A.,1957.pp.120-121.
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Pero aún en ese sector, las tierras tenían dueños, como el caso de Miguel Otero, quién debió ceder terrenos a la Colonia. Terrenos que él había adquirido en 1861 a una Compañía de Buenos Aires, adquirido por esta poco tiempo antes, a los herederos directos de López y que serían los restantes de todas las posesiones que había adquirido en esta zona el Brigadier en 1836 (Ley de Premios).
Otero debió ceder todo el terreno que va del camino del Matadero Municipal hasta el río Salado y que según su compra le pertenecían, extendiéndose sus posesiones hacia el Oeste del actual Cavour y Colonia Rivadavia.
Para concluir con este adelanto de mi investigación no quiero dejar de hacerles conocer algunas curiosidades encontradas durante el trabajo. Tales como que que un esclavo de Pedro de Larrechea, llamado Juan Medina, recibió en premio a sus servicios una "lonja" de tierra, un poco al Sur del paso de Mihura, siempre, claro está, refiriéndonos a tierras actuales del Dpto. Las Colonias.
También cercano al paso mencionado, se habla de la presencia de un pequeño
rancherío llamado "el rincón de los negros" existente a
fines del siglo XVIII, como también restos de corrales y cercos de ñandubay
datando estos desde los tiempos de la estancia de Pedro de Mihura, alrededor
de 1750. Estos datos fueron sacados de los informes de los distintos agrimensores
que tuvieron que practicar tareas de deslinde en esos sitios a lo largo del
tiempo. 5
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En el mapa de 1762, y en descripciones de mensuras que se hicieron posteriormente, se mencionan o se referencian numerosas taperas y puestos. Sitios que alguna vez estuvieron poblados y que, hacia principios del Siglo XIX, (por los requerimientos de tropas para las luchas civiles y el descuido de fronteras y fortines que esto ocasionó), permitieron a los indígenas un acercamiento y hostigamiento constante hacia las suertes de estancias de la banda Occidental del Salado, obligando a sus puesteros y dueños a tener que abandonarlas y replegarse, o buscar protección dentro los límites del éjido de la asolada Santa Fe de la Vera Cruz.
Transcripción del artículo publicado en el periódico "El Colono", de Esperanza (Santa Fe) del 9 de setiembre de 1988, p.p. 8-9 del suplemento especial.
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