CONCLUSION

Roman Gaignard en su muy buen trabajo: La Pampa Argentina -Ocupación-Poblamiento-Explotación- De la conquista a la crisis mundial (1550-1930) hace un resumen muy interesante sobre el proceso inmigratorio y ocupación de tierras en la Argentina y sus consecuencias:

"La independencia abre una etapa nueva, decisiva, en la conquista y explotación de la Pampa. En treinnta años, entre 1820 y 1850, tres fenómenos marcan esa fase esencial:

Esa evolución cobra todo su significado en la provincia de Buenos Aires a la vez que -no sin choques a veces violentos hasta 1860- se afirma la supremacía del puerto sobre el conjunto de las Provincias Unidas. Los embarques hacia el exterior se hallan en su mayor parte controlados por Buenos Aires que, a la vez, es el único mercado urbano de cierta amplitud; por lo tanto las provincias que se hallan aguas arriba no experimentan un desarrollo ganadero igualmente significativo. A partir de los años, cincuenta estas provincias exploran caminos nuevos con la colonización agrícola destinada a asentar una población arraigada en la tierra y capaz de producir a breve plazo excedentes de cereales para los nuevos mercados europeos. Se diseña una así en la provincia de Santa Fe un segundo tipo de ocupación del suelo: la pequeña explotación agrícola, la chacra del campesino inclinado sobre su tierra, que se opone a la estancia, la gran propiedad de los ganaderos, aristocracia pastoril, a la vez urbana y política.

No puede haber equilibrio y solamente esa aristocracia pampeana maneja las riendas del Estado federal y de los gobiernos provinciales, sostenida por los financistas y los comerciantes europeos. Debe sostener un combate largo y a menudo difícil contra los indígenas que recorren, numerosos, la Pampa a mediados de siglo, antes de poder compartir con sus aliados extranjeros los frutos de su triunfo: cuando en los años ochenta el gobierno expulsa al indio de la Pampa y lo elimina definitivamente de la historia argentina, recorta en seguida el conjunto de las tierras conquistadas en inmensas propiedades privadas, siguiendo el modelo formalizado entre 1820 y 1850.

Queda así fijada por un siglo, hasta nuestros días, la estructura agraria pampeana. " 92

Esa chacra del campesino inclinado sobre su tierra era lo que pretendía Castellanos, mas allá de las tierras que el pudiera obtener para sí. Ya hemos explicado como era su negocio, mientras más colonias pudiese fundar, mejor funcionaria su negocio. El escudo de la Municipalidad de Esperanza tiene como lema "Subdivisión de la propiedad" "...esto quiere decir democratización de la propiedad aristocrática, la propiedad puesta al alcance de todos los trabajadores, de todos los hombres de buena voluntad, de corazón puro y de generosas intenciones; la condena al régimen de absorción que había establecido el coloniaje, del régimen de la conquista que ha producido el pauperismo en las sociedades europeas y que lo produciría también en las sociedades europeas, y que lo produciría también en las sociedades europeas, si no se tomasen con tiempo medidas para contrarrestar su influencia letífera. Mejor que sus hermanas, las demás provincias o antes que ellas, si se quiere, la provincia de Santa Fe, comprendió el alcance de la Constitución promulgada en su Cabildo en 1853, y trató de darle un comentario práctico.

Un tercio de siglo ha transcurrido desde entonces, y ahí están los resultados. Los latifundios, los desiertos poblados por excepción, han desaparecido para hacer lugar a la subdivisión de la propiedad, y allí están millares de propietarios, soberanos cada uno en su pedazo de tierra, libres como el pampero que viene a azotar su frente, los cuales hubiesen vegetado eternamente en el vasallaje de las sociedades europeas, porque hasta ahora los derechos del hombre y del ciudadano, proclamados por tantas revoluciones se reducen a puras abstracciones, y no han podido penetrar todavía en la esfera de la realidad práctica." 93

" Se diseña una así en la provincia de Santa Fe un segundo tipo de ocupación del suelo: la pequeña explotación agrícola, la chacra del campesino inclinado sobre su tierra, que se opone a la estancia, la gran propiedad de los ganaderos, aristocracia pastoril, a la vez urbana y política." Aunque este tipo de ocupación no fue el que ganó en el resultado final, Castellanos fue partícipe y podemos definir que estaba enrolado en esta posición.

Paradójicamente, Castellanos había tenido una hija, María Mercedes Castellanos de la Iglesia, que se había casado con el hijo de Nicolás Anchorena, uno de los representantes mas visibles de la otra Argentina a que se refiere Roman Gaignard. Nicolás de Anchorena a oposición de Castellanos, estaba enrolado en el bando de los grandes latifundistas y terratenientes sobre todo de la provincia de Buenos Aires. "No puede haber equilibrio y solamente esa aristocracia pampeana maneja las riendas del Estado federal y de los gobiernos provinciales, sostenida por los financistas y los comerciantes europeos. Debe sostener un combate largo y a menudo difícil contra los indígenas que recorren, numerosos, la Pampa a mediados de siglo, antes de poder compartir con sus aliados extranjeros los frutos de su triunfo: cuando en los años ochenta el gobierno expulsa al indio de la Pampa y lo elimina definitivamente de la historia argentina, recorta en seguida el conjunto de las tierras conquistadas en inmensas propiedades privadas, siguiendo el modelo formalizado entre 1820 y 1850. Queda así fijada por un siglo, hasta nuestros días, la estructura agraria pampeana."

En una crónica sobre su nieto con motivo de realizar el primer cruce en globo aerostático del Río de la Plata, en 1907 puede leerse:

"Su nieto, también llamado AARÓN HABÍA NACIDO EN BUENOS AIRES el 5 de noviembre de 1877, en el seno de la familia más rica y poderosa de una Argentina en plena expansión económica.
Hijo de Nicolás Hugo Anchorena Arana ( 1828 - 1884 ) y de María Mercedes Castellanos de la Iglesia, Condesa Pontificia y Dama de la Rosa de Oro, debería su nombre a su abuelo materno Aarón Castellanos y su fortuna a su abuelo paterno, Nicolás Anchorena." 94

Así su nieto, paradójicamente llevaba la sangre de las dos corrientes antagónicas más fuertes con respecto a la tierra pública y su colonización, por el lado de Aarón Castellanos, podemos presentarlos como uno de los responsables de lo sucedido en la provincia de Santa Fe a raíz de la política que su abuelo propiciaba, esto es: subdivisión de la propiedad, pequeños y medianos propietarios, muchas colonias agrícolas, agricultura por sobre la ganadería, formación de muchos pueblos con incipientes industrias, pequeños talleres, lo que hoy podríamos denominar PYMES, y por el lado de Nicolás de Anchorena, mentor del latifundio, de las estancias, de la ganadería extensiva con poca mano de obra, del arriendo en contrato temporario, del aparcero. Los estancieros conservaron, así, el control directo de la cría en la medida en que, una vez realizada la pesada inversión del alambrado, el manejo del rodeo exige una mano de obra escasa y, por otra parte, tradicionalmente dócil de hombres de a caballo atraídos por la ilusión de libertad que les confiere la nobleza de su tarea.

Así fue la evolución de la fortuna de su abuelo Anchorena y con ella vemos reflejada parte de la historia de la evolución de la propiedad de la tierra y su precio en todo el siglo XIX.:
"Tan grande era la fortuna de los Anchorena que Estanislao del Campo, en su poema gauchesco "Fausto", pone en boca del diablo los siguientes versos para tentar al protagonista:
Si quiere plata, tendrá,
Mi bolsa está siempre llena,
Y más rico que Anchorena,
Con decir quiero, será.
El 24 de mayo de 1885 moría Nicolás, el abuelo de Aarón, dejando una herencia evaluada en 170 millones de pesos; una cifra verdaderamente astronómica a valores constantes.
Desde entonces, sus descendientes constituirían la rama más rica de los Anchorena.
Explicar el origen de semejante fortuna no es tarea sencilla. La compleja trama que vincula a esta opulenta y todopoderosa familia con el poder político a lo largo de la historia argentina, es por momentos

intrincada y casi siempre objeto de polémica entre los historiadores. Implicaría abrir un paréntesis tan extenso como polémico.
No obstante, si se quiere comprender la mentalidad de Aarón de Anchorena, incluyendo su generoso legado al estado Uruguayo, se hace necesario tener una idea del contexto histórico, social y familiar en el que vivió.
Juan José Sebreli, autor del único ensayo - así define él mismo su trabajo para distinguirlo de la historia académica y excusarse de no siempre abrevar e las fuentes, en el que se estudia la saga completa de los Anchorena sostiene la tesis de que la fortuna familiar se origina, como otras, en la época colonial, con las " mercedes de estancia" otorgadas por el rey. Estos privilegios basados en el reparto de la tierra pública se habrían acentuado después de la revolución de Mayo y llegado a su culminación bajo el gobierno de Juan Manuel de Rosas.
Rosas tuvo desde muy joven una estrecha relación con los Anchorena, con quienes no sólo estaba emparentado sino que tenía relaciones de trabajo, primero como capataz, después como mayordomo y, a partir de 1821, en carácter de administrador de tres inmensas estancias pertenecientes a Juan José y Nicolás Anchorena: Las Dos Islas, Los Camarones y El Tala.
En la cláusula 24 del testamento, redactado y escrito de su puño y letra en 1862, Juan Manuel de Rosas consigna un crédito de 78.544 pesos contra los señores Juan José y Nicolás Anchorena. El crédito correspondía a " el precio de mis servicios y de mis gastos en su beneficio pues les fundé y cuidé varias estancias en los campos entonces más expuestos" entre 1818 y 1830. (Rosas accede por primera vez a la Gobernación de la Provincia de Buenos Aires en 1829).
Además de esta, en apariencia simple relación de trabajo, hay documentos que sugiere otro tipo de negocios más oportunistas y parecidos a la especulación, entre el llamado, " mayordomo" de los Anchorena y sus ricos patrones.
Carlos Ibarguren cita una carta de su archivo donde Juan José de Anchorena le dice a Rosas: "Creo que habrá en la campaña mucho miedo a los indios; por tanto Ud. Vea su algunos tímidos dan ganados baratos y compre tres mil o cuatro mil cabezas para nuestras estancias. Quien no arriesga no gana y ya ve si podemos hacernos de ganados baratos ¿ por qué no hemos de arriesgar? "
Efectivamente, cuando se corría en la capital el rumor de posibles malones, los estancieros vendían sus reses y hasta sus tierras a precios muy bajos; y nadie más indicado que Rosas, en contacto con " la indiada" y moviéndose en la llamada "frontera", para conocer el humor de los indios e incluso para hacer circular estos rumores con fuerte incidencia en la bolsa.
A estar por los datos que maneja Sebreli, en 1830 existían en la provincia de Buenos Aires 538 propietarios, mientas que diez años después, en pleno gobierno de Rosas, el número había disminuido a 293, los que se repartían nada menos que 8.600.000 hectáreas.
Tras la caída de Rosas, el 12 de octubre 1858 se sancionó una ley que declaraba pública toda la tierra donada desde el 8 de diciembre de 1829 hasta el 2 de febrero de 1852; ley que nunca se puso en práctica.
Pero el reparto de la tierra pública aún no había terminado: en el período comprendido entre 1876 y 1893, que abarca los años de apogeo de Roca, se enajenaron 42 millones de hectáreas de tierras públicas, llegando a subastarse en una sola operación en Londres 400 leguas cuadradas a $ 0.48 la hectárea.
El general Roca informaría luego al Congreso que hasta 1904, el Estado había otorgado títulos de propiedad que abarcaban 32.447.045 hectáreas.
La enorme valorización de la tierra con la llegada del ferrocarril, multiplicó en forma asombrosa la fortuna de los propietarios que la habían adquirido prácticamente por nada o como prebenda de gobiernos amigos.
Por otra parte, las vacas se multiplicaban solas, sin que hubiera que distraer fondos o tiempo en ello. Así, Fabián Gómez, casado con una hija de Nicolás Anchorena, recibió en propiedad la estancia "Los Carpinchos", en San Nicolás, con mil cabezas de ganado y al cabo de veinte años tenía cincuenta mil reses.
"Los primeros acaparadores, allá por 1820, nunca hubieran podido sospechar que esa tierra concedida por el gobierno por un precio mínimo, se valorizaría con el correr de los años de tal modo que sus nietos serían riquísimos sin el menor esfuerzo" - comenta Sebrell.
Para dar una idea de la vertiginosa valorización, Jacinto Oddone calcula que el precio de una hectárea en 1836 era de $ 0.42, mientras que en 1927 ascendía a $ 1.840. Un peso invertido en tierra en el año
1836, se había convertido en el año 1927 en 4.836 pesos.
Y conste que hablamos de pesos oro y de las mejores tierras de la Argentina.
Sobre los Anchorena en particular, puede estimarse que en momentos de su mayor apogeo, a mediados del siglo diecinueve, eran dueños de más de 250.000 hectáreas de campo.
Tan vastos eran estos campos y tan fácil la reproducción de los animales que se afirma que Nicolás Anchorena, el abuelo de Aarón, no conocía ninguna de sus estancias.
Después de Caseros, al parecer, las ganancias empezaron a mermar, al menos en opinión de Nicolás Anchorena (h), quien se queja ante Benjamín Vicuña Mackenna de la crisis por la que atraviesa el agro.
Sin embargo, a pesar de sus constantes lamentos, la fortuna de los Anchorena siguió en aumento. Hacia 1930, solamente diecinueve miembros de la familia, reunían 378.094 hectáreas sólo en la Provincia de Buenos Aires.
Hectáreas, cabezas de ganado, el precio de ambos, la influencia política, el poder real, el brillo social, los lazos familiares y de conveniencia, los hijos, los palacios, los objetos de arte, todo se multiplicaba, como por milagro, como la multiplicación de los peces, en manos de los Anchorena" 95

Aarón Castellanos, fue ante todo un ser humano, con sus errores y sus virtudes. Pero lo que lo hace trascender es una de sus obras, una idea al principio y que se pudo plasmar en realidad, quizás no tal cual el había imaginado que ocurriría, pero fue algo parecido, y eso fue la colonia Esperanza de Santa Fe. Nunca, ni el mejor arquitecto logra hacer en la obra tal cual, lo que imaginó con tanto cuidado en el papel, en los planos, en los cálculos, siempre, al construir, algo se tiene que cambiar, o algo no sale como estaba previsto, pero el edificio se construye de todas maneras.

Algo así pasó con el proyecto de Castellanos. El claramente define su idea con palabras muy simples, su intención era torcer el rumbo de la inmigración europea de mediados del siglo XIX con destino hacia la Argentina, y una vez logrado esto, su plan se iría realizando plenamente con el devenir del tiempo. Analicemos estas palabras: "Para hacer todo esto en Europa y vencer las resistencias que allí encontré; trabajé sin descanso mas de un año. Mi objeto era, pues traer centenares de miles de inmigrantes; y por nada de este mundo me había comprometido, por solo 200 familias para vejetar (sic) con ellas. Era sobradamente menguado para mí.

Las 32 leguas que se me debían dar, y que sea dicho de paso hasta ahora (en 1877, 20 años después) no se me han dado, ya las tenía contratadas en Europa para poblarlas, sin desembolsar yo un peso. Todo el secreto consistía en que yo volviese a Europa con cartas de cada Jefe de familia en que declarase haber cumplido el Gobierno a lo que estaba obligado y que los terrenos tenían todas las ventajas que yo había asegurado." 96

A estas palabras de Castellanos, en 1876 cuando el escribe su opúsculo sobre la Colonización en Santa Fe y su proyecto de Ferro Carril a Córdoba, se agrega también su visión de lo que es ya para él Esperanza, a 20 años de su fundación, diciendo de ella: "La colonia Esperanza, sin embargo, se salvó por la honradez y energía de los que la componían y mis multiplicados esfuerzos, y a despecho de todas las contrariedades, ese poderoso núcleo de familias fue para Santa Fe un pueblo improvisado como brotado de la tierra o descendido de una nube, sobre el cual se han formado las numerosas colonias que hoy ostenta esta Provincia, y como es el espectáculo mas bello que presenta la República Argentina. Llegados, pues, mis colonos a Santa Fe y encontrándose sin nada de lo que debían recibir, oyendo solo las propuestas que se les hacía a objeto de que se disolviesen, hallaban un campo abierto para cancelar sus cuentas conmigo, tomando el partido que mejor les hubiera convenido con sus propios recursos, pues yo no tenía derecho de exigirles ni aún el importe de sus pasajes. Pero su honradez no les permitía dejar de cumplir fielmente los compromisos contraídos conmigo en Europa. Pero también querían que les cumpliese el Gobierno el suyo, y esperaron, sometidos a los más crueles sufrimientos. Así me lo declaraban esas buenas gentes." 97

Como dije anteriormente, sus restos descansan en el centro de lo que fue la llamada calle ancha que dividía según el contrato las dos secciones de la colonia, en lo que es hoy la plaza principal de la ciudad de Esperanza. Mirando al sur, dice una sencilla placa: "Aquí descansan los restos de Aaron Castellanos (1800-1880) Fundador de Esperanza"

Y luego de todo este trabajo, vuelvo a ratificar lo expresado anteriormente: una actitud típica argentina es querer luego de muertos, darle a sus hombres el reconocimiento que no gozaron en vida, poniéndose en esas tareas casi el mismo énfasis conque se combaten proyectos e inquietudes de contemporáneos durante sus vidas.